Es un conceptón inventado por filósofos franceses que plagian descaradamente a un alemán sospechoso. Basta para que nos sintamos autorizados a cacarearlo en el Circulo Ontológico de El Carmen, Ñuble. Y no se vaya a creer que la ausencia de citas de nombres es señal de pobreza de lecturas. Pobres somos, pero prima nuestra convicción de que hablar es plagiar (existir lo es), así que nos hemos liberado del torcido TOC citador de los académicos.
Un modo de existencia tecnológico-económico se extiende a todos los ámbitos de la vida. En éste, lo que consideramos cotidianamente como una ¨cosa¨, existe como recurso cuantificable; los ¨seres humanos¨ (incluidos nosotros mismos) existen como agentes dedicados a complacer racionalmente sus deseos; y la ¨acción humana¨ existe como un ordenar que optimiza. Otros modos de existencia han terminado arrinconados por éste, convirtiendo al mundo cada vez más en una matriz donde todo está dispuesto. Lo que antaño hacían los títulos de nobleza, poner en su lugar, lo hace hoy la economía tecnologizada. Pero, sin duda, en forma más pormenorizada e invasiva, penetrando a otros modos de existencia por todas sus grietas y rincones.
Por ejemplo, la ley (modo en el que existen derechos y deberes, agentes que siguen normas, y acciones legales o ilegales), sobrevive a duras penas, avasallada por el modo tecnológico-económico, que convierte las leyes en recursos a optimizar que tienen su precio. El artesanado y el arte, que cultivan relaciones con las cosas como posibilidades creativas y con los seres humanos como creadores, resisten aquí y allá acorralados por la tecnología y las finanzas patrimoniales. La política (modo de existencia con actos declarativos, agentes hablantes autónomos, y la acción de persuadir grupalmente), puesta en su lugar por las tecnologías mediáticas, la eficiencia experta y el dinero, y, sobre todo, por el abarcador entramado general de posicionamientos, puede estar agonizando, en especial la democrática. La vida cotidiana, cada vez más intervenida por tecnologías médicas, prostésicas, psicológicas y de ejercitación, dispuesta en centros urbanos donde la comunicación, el trabajo, el descanso y el placer están eficazmente ordenados, así como la intimidad de los deseos y las emociones obedecen a tecnologías que las disponen con eficiencia económica. La religión, la ecología, la historia…

El venerable humanismo produjo esta dictadura total. La creencia de que el modo de existencia tecnológico-económico no es un modo de existencia entre otros, sino la única aproximación racional a la realidad y al ser humano tal cuales son, mientras las demás son irracionales, supersticiosas, falsas, ingenuas, típicas de culturas atrasadas.
En El Carmen nos tomamos en serio el desafío de preservar-inventar modos de existencia que resisten y desplazan al modo tecnológico-económico. Nos humilla la política concentrada en navegar tecnológica y económicamente en forma exitosa, por resignada y arribista. Nos encajona como seres que encajonan. Nos pone en nuestro lugar como agentes que ponen en su lugar. Una política que se deja mesmerizar por la libertad de un pasajero en un avión, de quien circula en un aeropuerto, en el entramado de calles y direcciones de la ciudad, en las habitaciones de su casa o su piso, metido en los canales de TV y las redes digitales que están dispuestos, conversa de los temas dispuestos en el trabajo y la vida familiar, y practica una sexualidad eficiente.
Insistimos en inventar una política que recupere y expanda la libertad de los seres humanos de crear sus modos de existencia. Si no, ¿para qué tanto ruido?, ¿qué tanta libertad? Por supuesto que no tenemos idea de cómo hacerlo, pero no nos importa, al menos tenemos la pregunta y no estamos dispuestos a olvidarnos de ella simplemente porque no la sabemos responder. Ahora, pertenece al modo de existencia tecnológico-económico la afición por las respuestas, tener propuestas, programas, planes y proyectos que permitan partir ordenando y disponiendo al tiro (el tiempo es un recurso). Es un modo que considera extraño tener preguntas sin respuestas, tan loco como adquirir un artefacto tecnológico sin botón de partida. Lo que viene a querer decir que el solo hecho de responder a la pregunta de cómo preservar-crear la libertad de inventar modos de existencia corresponde ya a un diferente modo de existir.
Si nos liberamos de la obligación tecnológico-económica de contar siempre con una respuesta activa, la cosa podría ser más fácil de lo que parece. 1.- No abandonar el modo de existencia dominante, después de todo hay que vivir. 2.- Pero dejar un tiempo – el dedicado al descanso, por ejemplo – para explorar sistemáticamente con otras personas prácticas en las que no interactuamos con las cosas como recursos, con las gentes no como deseosos racionales, aventurándonos sin órdenes de eficiencia. No es fácil, porque hay que vencer la pulsión tecnológico-económica que dispone a la diversión como weveo, un no recurso sin valor.
Estos huasos se las traen. Debe ser porque en Ñuble mestizar modos de existencia separados por un río, fue una larga costumbre. Bueno, es nada más que un parecer mío.