Por quién doblan las campanas

por Juan. G. Solís de Ovando
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El affaire provocado por el beso forzado del presidente de la federación de fútbol de España a una flamante jugadora de la campeona selección española, ha permitido, en parte, transitar por la larguísima agonía de una investidura que ha sido la crónica de una muerte anunciada.

Porque como si se tratara de una comedia de enredos, el Partido Popular que puso los campanarios a repique porque su partido obtuvo la más alta de las votaciones por partidos, en las últimas elecciones generales no parece tener los votos en su cámara de representantes para conseguir la investidura de su líder Núñez Feijoo. Le faltan cuatro escaños para tocar el cielo con las manos.

En el inconsciente colectivo quedan algunas frases caducas: Hay que derogar el sanchismo; el partido popular está tocando la mayoría absoluta; si faltan los votos de Vox para gobernar esto desbordaría con creces los necesarios para lograr la investidura; Sánchez está colocando a los suyos en el parlamento porque hay que salvar a los más leales; Sánchez está buscando trabajo en los organismos internacionales europeos; salvo el CIS y su jefe corrupto Tezanos toda la demoscopía da unánimemente al PP mayoría más que suficiente para conseguir la derogación del sanchismo; etc; así como las infaltables predicciones apocalípticas de que España se acabará como resultado de los movimientos separatistas.

Los griegos decían que cuando los dioses querían destruir a sus enemigos primero los volvían locos. Y, por eso, como siguiendo un guión, el líder de la oposición se puso a organizar precozmente un gobierno.

Los griegos decían que cuando los dioses querían destruir a sus enemigos primero los volvían locos. Y, por eso, como siguiendo un guión, el líder de la oposición se puso a organizar precozmente un gobierno.

Era tanta la borrachera revanchista por parte del nuevo y promisorio matrimonio de la ultraderecha española que se pusieron a colocar rápidamente gobiernos de coalición en varias regiones de España. Y, para que no cupiesen dudas de lo que se venía, los representantes de Vox sacaron su programa de la España negra y se anunciaron políticas anti- género, antifeminista y hasta los antiguos perros de la censura franquista fueron despertados de su sueño: las prohibiciones reaparecieron anulando películas, obras de teatro, y hasta la olvidada Virginia Woolf volvió al índex después de un siglo. Que nadie se llame a engaño: La España del sanchismo ha tocado a su fin y cautivo y desarmado el gobierno progresista, la derecha española alcanza sus últimos objetivos: el sanchismo ha terminado. Así era la melodía con el que conciliaban el sueño los populares.

Pero, y como en tema de los Beatles «A Day in the Life» en el célebre álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band en algún momento el despertador suena para anunciarnos Woke up, fell out of bed (Me desperté, caí de la cama), se les apareció, de pronto, la realidad.

Recordemos que el día de las elecciones que se celebraron el día 23 de julio des este año, cuando eran ya las 20:30 horas, el partido socialista aparecía como el más votado seguido muy de cerca por los populares, ante los estupefactos comentaristas que debían improvisar sus preparados comentarios.

Recién después de las 24: 00 quedaba claro que los populares ganaban como el partido más votado, pero ni con todos los votos de sus aliados de Vox conseguían la mayoría para conseguir la investidura. O sea, para gobernar, había que atravesar el puente. Y, ahí estaba y sigue estando el principal problema. El relato de las propuestas políticas de los populares se sustentaba en dos gruesos apotegmas. El progreso de España pasa por derogar el sanchismo y derrotar a los enemigos de España que se encuentran en sus regiones, vascos y especialmente, catalanes. En esa interpretación se habían volado todos los puentes del diálogo.

Como en la vida cuando las cuentas no salen, hay que conciliar primero los cuentos, los populares tuvieron que empezar a realizar el tortuoso ejercicio de cambiar relatos o adaptarlos tanto como era posible.

Como en la vida cuando las cuentas no salen, hay que conciliar primero los cuentos, los populares tuvieron que empezar a realizar el tortuoso ejercicio de cambiar relatos o adaptarlos tanto como era posible.

Y, como un espadachín que intenta compensar sus inferioridades con nuevas y más templadas espadas apareció la idea peregrina de que por razones de tradición democrática se debería permitir la investidura al partido más votado, o sea, a Núñez Feijoo.

La idea, asaz de constitucionalmente precaria, se topaba con contradicciones insalvables: la más importante, sin duda, es que los populares, a menos de un mes, había constituido gobiernos de coalición en las autonomías de Extremadura e Islas Canarias a pesar de que, en ambas, el partido más votado fue el partido socialista. Pero también hacía mucho tiempo que como en Madrid y en otras regiones y para que decir en un montón de ayuntamientos se habían constituido gobiernos con coaliciones que sumaban más que el partido más votado.

Porque lo verdaderamente atípico de la situación española es que, hasta ahora, y gracias al liderazgo de Sánchez, es que muerto ya el binominalismo, se realizaran gobiernos de coalición con partidos competitivos. Eso es lo verdaderamente nuevo en el contexto político español.

El líder de la derecha española debía, ahora, administrar una victoria inútil que no lo convirtiera a él en un político inútil.

Eso era pedirle demasiado. Núñez Feijoo de ánimo lento e inflexible y, careciendo, además, de libertad, -a causa de la rígida vigilancia de sus celosos lugartenientes, especialmente madrileños y andaluces-, no puede cambiar drásticamente de táctica ni intentar construir nuevas interpretaciones sobre los conflictos españoles de su tiempo.

Entonces, y a falta de imaginación, no le quedó más que acudir al peor de los expedientes: esconder el fracaso en la maraña de las simulaciones operáticas. y, además, abusando de la ya abusada paciencia de una España detenida, solicitó un mes (!!!) para intentar conformar gobierno.

Todo lo demás es un chiste: Núñez Feijoo anuncia reuniones con todos o casi todos, pero los representantes del Pnv le dan un ruidoso portazo: no hay votos para una investidura con Vox en el proyecto; primero descartan reuniones con Juns pero luego reconocen tener conversaciones informales con ellos; realizan una reunión oficial con Pedro Sánchez en la sede del congreso y le propone la poco presentable iniciativa de compartir el gobierno por dos años.

Algo así como: deroguemos juntos el sanchismo. Reuniones con los votos incluidos en el pacto: El partido de los ya cooptados partidos canario y navarro y por supuesto Vox. El aburrimiento va ocupando las portadas y los telediarios.

Algo así como: deroguemos juntos el sanchismo. Reuniones con los votos incluidos en el pacto: El partido de los ya cooptados partidos canario y navarro y por supuesto Vox. El aburrimiento va ocupando las portadas y los telediarios.

Pero en España, como siempre el Ángel del Carnaval prevalece sobre el Ángel de Doña Cuaresma, sobrevino de pronto la salvación del momento: el affaire del beso forzado del presidente de la federación del fútbol a la desprevenida futbolista del equipo ganador, Jennifer Hermoso, a la vista y paciencia de todo un público mundialero incluidas la infanta Sofía y la reina Leticia.

Aclaremos que el asunto no tuvo nada de gracioso a pesar de que Luis Rubiales intentó en los primeros momentos frivolizar el hecho. Y por eso, cuando ya el video circulaba por el mundo y provocaba el rechazo de feministas y deportistas de toda índole le salió su lado más indolente: Tengo que disculparme, no me queda otra ¿no?; Hay un hecho que tengo que lamentar y es todo lo que ha ocurrido entre una jugadora y yo, con una magnífica relación entre ambos al igual que con otras. Donde seguramente me he equivocado, lo tengo que reconocer porque en un momento de máxima efusividad sin ninguna mala intención, sin ninguna mala fe, ocurrió lo que ocurrió de una manera muy espontánea…

Como es lógico las réplicas no tardaron en llegar. Pedro Sánchez, el primero en avizorar que el hecho tendría consecuencias declaraba: Fue un gesto inaceptable y las disculpas del señor Rubiales no son suficientes; incluso, no son adecuadas. Por lo tanto, debe seguir dando pasos para aclarar lo que vimos en los medios. La respuesta ni con mucho fue la única. La líder de Sumar Yolanda Díaz y vicepresidenta del gobierno en funciones rechazó los actos y palabras de Rubiales y, además fue mucho más tajante: ha vejado y agredido a una mujer después de besar en la boca sin consentimiento a la jugadora Jenni Hermoso durante la entrega de medallas en la celebración del mundial de fútbol; las «excusas» del presidente de la RFEF no sirven en absoluto; Esta persona debe dimitir.

Si. La palabra dimisión empezó a flotar en el ambiente.

El ministro de Cultura y Deportes, Miguel Iceta, habla de su preocupación por la imagen internacional de España, y anuncia que el proceso para suspender a Rubiales se encuentra en marcha.

La FIFA, sin esperar a que las cosas se complicaran suspendió preventivamente a Rubiales por noventa días.

Pero como si se tratara de una imitación de un chulo de barrio, Rubiales anunció a los medios su posible dimisión en una asamblea auto orquestada para realizar precisamente lo contrario: en la asamblea extraordinaria de la RFEF, sabiéndose respaldado por la asamblea, y delante de sus hijas se presenta como un mártir, despachándose una frases para la gloria con insultos directos a ministras del gobierno:

A mis hijas les digo que hoy tienen que aprender una lección: qué es la igualdad. Hay que diferenciar entre la verdad y la mentira, y yo estoy diciendo toda la verdad. Vosotras sí sois feministas y no el falso feminismo que hay por ahí. …. La señora Yolanda Díaz, la señora Montero, la señora Belarra, el señor Echenique… se han referido a esta acción con la palabra vejar, agresión sexual, sin consentimiento, agredir…

El silencio de la derecha española se escuchaba estridente. De hecho y salvo una tímida declaración de Núñez Feijoo a través de las redes sociales aprovechó para criticar los criticados efectos de la ley del solo si es si: Hablemos de los actos protagonizados por Luis Rubiales, por supuesto. Pero hagámoslo también de esto porque la gravedad de los hechos es innegable. 

Vox, después de diez días de religioso silencio alzaba su voz para hacerse eco de la victimización de Rubiales: Denunciamos la cacería política y mediática a la que se está sometiendo personalmente al señor Rubiales.

Vox, después de diez días de religioso silencio alzaba su voz para hacerse eco de la victimización de Rubiales: Denunciamos la cacería política y mediática a la que se está sometiendo personalmente al señor Rubiales.

A esas alturas del partido (nunca mejor dicho) la calle hacía sentir su voz y las mujeres reaccionaban movilizándose: en la Coruña, León, Madrid, y otras ciudades españolas las mujeres solidarizaban con Jennifer.

Pedro Sánchez, decía Nuestras jugadoras han ganado dos veces: una en el campo y luego dando al mundo una lección de igualdad entre hombres y mujeres.

Para complicar la situación del machista dirigente deportivo las implacables cámaras de la televisión lo mostraban, momentos antes del criticado ósculo, tomándose los genitales a escasos metros de la infanta Sofía, menor de edad. Ya era demasiado.

La caída de Rubiales era inminente, pero como esas rémoras que son los impedimentos de su tiempo, resistía encerrado en un pasado muerto y con sus vasallos resignados.

Finalmente, y cuando ya Jennifer Hermoso había denunciado a Rubiales ante la Fiscalía y de su posterior querella presentada contra él en la audiencia Nacional, Rubiales anunciaba su dimisión, que como ocurre en estos casos, terminó arrastrando a varios de sus cómplices activos y pasivos como el entrenador del fútbol femenino Jorge Vilda.

La caída de Rubiales fue celebrada en todo el mundo como una épica mundial que comprometía a las futbolistas del mundo, a las mujeres, a sus derechos tan costosamente conquistados.

Y cuando el otrora poderoso presidente de la FEDEF caía de su pedestal, el flamante ganador de las elecciones generales españolas seguía sin conseguir los escaños para conseguir convertirse en presidente del gobierno y, al igual que aquel, decidió (o su partido por él) salir golpeando desde las cuerdas convocando a un mitin masivo de rechazo a una posible ley de amnistía si el investido es Pedro Sánchez: el acto parece ser una misa de réquiem anticipada de su agónica investidura.

En este cuadro de rémoras y estorbos, no faltaron algunos actores que perdidos ya su época de oro se prestan para actuaciones baratas y decadentes, pero que les sirven para dar alimento a su maltrecho narcisismo: Felipe González y Alfonso Guerra (por fin haciendo manitas como echaba de menos el primero) atacaban a los posibles vencedores de una contienda política inédita y para la que ya no sirven los antiguos guiones: Rubiales, Nuñéz Feijoo, Guerra y González, no parecen tener nada en común excepto el compartir un pedazo de historia que los sostiene como estorbos de un tiempo inconcluso, compartiendo la tenue luz de los personajes de la novela de Ernest Hemingay que intuyen/saben que a veces las respuestas al momento presente están implícitas en la pregunta:

Por quién doblan las campanas:

(Doblan por ti).

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