Querido Chino: Carpe Diem…

por Segio Campos Ulloa
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La dimensión humana de Jorge Omar Navarrete Maldonado resaltó en su apreciada existencia. Su despliegue profesional en la comunicación artística contrastó el humor con aquellas vivencias dramáticas que también marcaron su generosa vida.

El Chino Navarrete, nacido en Los Andes, Región de Valparaíso, fue un tipo honesto como el que más. La verdad para este comediante que ha partido a los 72 años, constituía un valor esencial para la coviviencia. El respeto por los demás fue una de sus características esenciales. Ello junto con su espíritu solidario formaron parte de una conjunción plena.

Fue un hombre de la polis, con valores que lo llevaron a militar en la Juventud Radical Revolucionaria en búsqueda de la justicia social.

Yo lo conocí como un contemporáneo humilde y responsable que creía en la paz y en el amor. Valoraba la vida en su esencia.

Su formación como sicólogo lo transformó en un observador agudo e inteligente. Ello se tradujo en su calidad de comediante. Sus rutinas eran pura creación a partir de una observación con ojo clínico del entorno social. Sabía sorprender con su lenguaje atildado con fraseo impecable, sin ofender ni dañar a las audiencias.

Queda la personalidad de este artista que se proyectó al campo de la cultura a través de la entretención. Muchas veces conversé con el Chino Navarrete acerca de su experiencia como prisionero de guerra durante los tiempos de terrorismo de estado, en la dictadura civil-militar. Nunca mostró odio ni rencor para sus carceleros.

Recojo un testimonio que queda para las nuevas generaciones:

[…] Después de haber estado en la escuela de submarinos de Valparaíso y en el Estadio de Playa Ancha, a Jorge Chino Navarrete lo llevan al Maipo, buque prisión: cuando bajaba a la bodega, cuenta “empecé a sentir un contento, un grado de felicidad y cierto grado de heroísmo porque me doy cuenta de que está lleno de prisioneros… y como que el miedo se diluye en esta totalidad” 

[…] Más bien una gracia descubierta en la desgracia, que deriva en un rol valorado socialmente por la comunidad. En Pisagua inició su oficio de animador y humorista, que empezó contando chistes a sus compañeros del Maipo, barco-prisión de Valparaíso. Pisagua, “era una cárcel cuadrada de tres pisos”; para que sus chistes se escucharan “arriba” sus compañeros lo levantaban… y el animador sacaba la boca por entre los barrotes

(En «Derecho a fuga«, libro de Jorge Montealegre presentado por Chino Navarrete en Valparaíso)

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