En una quincena el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha anotado varios goles en política doméstica e internacional, pero sigue perdiendo en la cancha de la opinión ciudadana.
Viento en popa
El 22 de junio el presidente Donald Trump llevó a cabo lo casi impensable, una acción militar con la cual el gobierno de Israel ha soñado por décadas y el mundo ha temido como posible detonante de un conflicto casi global.
Siete bombarderos B-2 que volaron desde la Base Whiteman de la Fuerza Aérea en Missouri, descargaron una docena de bombas de 14 toneladas cada una en tres instalaciones del programa nuclear de Irán.
Medio mundo contuvo el aliento, los pacifistas de siempre y los trumpistas que repudian la intervención de EE.UU. en conflictos ajenos levantaron voces de alarma e indignación. Israel y medio Oriente Medio se agacharon a la espera de la temida respuesta iraní.
Trump proclama que el ataque “obliteró” el programa nuclear de Irán, e Irán firma que el daño fue ni tanto ni irreparable. No es claro dónde está el uranio enriquecido, la joya del programa nuclear iraní y la pesadilla de Israel.

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos fustigó militarmente a larga distancia y sin bajas -como prefiere- y el coscorrón trumpiano obtuvo una cesación del fuego entre Irán e Israel que llevaban más de una semana tiroteándose con misiles y drones con el saldo de centenares de muertos y heridos.
Irán disparó un misil que fue derribado antes de alcanzar una base estadounidense en Qatar, y el gobierno de Teherán encara una reevaluación de sus fuerzas teniendo en cuenta que Israel ha asestado golpes enormes a Hamas en Gaza y a Hizbolah en el Líbano.
Esta semana Trump menciona la posibilidad de una cesación del fuego en el conflicto de Gaza donde han muerto más de 56.000 personas.
Cuatro días después de los bombazos revienta-túneles en Irán, Trump asistió en La Haya a la conferencia cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, una alianza de países que, en opinión del inquilino de la Casa Blanca, le chupan la sangre a EE.UU. y no gastan lo suficiente en sus fuerzas armadas,
Trump fue a la cita reclamando que sus socios aumenten su gasto militar al 5 % del producto interior bruto de cada país.
“Donald, nos has empujado a un momento realmente, realmente importante para EE.UU. y para Europa”, le escribió el secretario general de la OTAN y ex primer ministro de Holanda, Mark Rutte. “Lograrás algo que NINGÚN presidente estadounidense pudo conseguir en décadas. ¡No fue fácil conseguir que todos firmaran con el cinco por ciento. Europa pagará en GRAN forma, como debe hacerlo, y será tu triunfo”.
La adulación notada, pero todos, todos no, a decir verdad. El primer ministro de España, Pedro Sánchez, rehusó comprometerse con el 5 % y se escurrió prometiendo que cumplirá con la meta de la OTAN a un costo que ese país considere el más bajo.

Mientras tanto, y entre casa, Trump siguió coleccionando decisiones del Tribunal Supremo de Justicia que avalan algunas de las medidas más controvertidas, incluidas el despliegue de tropas militares en respuesta a protestas ciudadanas y de agentes enmascarados en la detención de inmigrantes, los cortes de fondos federales para entidades que disgustan al señor presidente, el desmantelamiento de agencias gubernamentales y el envío a Sudán del Sur u otros países de inmigrantes que, supuestamente, han cometido crímenes.
Para culminación de tanta bonanza y en el 4 de Julio, Día de la Independencia, Trump promulgó su “Ley Grandiosa y Bonita”, un paquete legislativo de alrededor de mil páginas que consolida las metas del presidente en materia de impuestos y gastos.
El trámite legislativo fue gemido y con abundancia de piruetas de representantes y senadores republicanos, que son mayoría en la actual legislatura, pero tuvieron que optar entre la obediencia a Trump y las protestas de los votantes que temen los resultados. En la Cámara de Representantes la votación fue de 218 a favor y 214 en contra para la versión de esa ley que el Senado aprobó por apenas un voto: el de desempate hecho por el vicepresidente J.D. Vance.
El logro mayor de Trump en su primer mandato presidencial (2017-2021) fue una reforma impositiva que favoreció a los estadounidenses con ingresos más altos. El rasgo mayor de la Ley Grandiosa y Bonita es que extiende aquel favoritismo y lo hace más notable.
Descontentos

Una semana antes de la incursión explosiva en Irán, en manifestaciones y protestas en todo el país más de un millón de personas expresaron su repudio a Trump y sus políticas, en especial las redadas de inmigrantes indocumentados.
Una encuesta de la firma Morning Consult, realizada entre 2.203 votantes registrados entre el 3 y el 6 de julio encontró que un 52 % de los entrevistados desaprueba la gestión presidencial de Trump.
Otra encuesta de la Universitad Quinnipiac, hecha entre el 25 y 26 de junio cuando la Ley Grandiosa y Bonita se encaminaba a su aprobación en el Congreso, registró un índice de 51 % de desaprobación para el presidente.
En la encuesta de Quinnipiac el 54 % de los entrevistados desaprueba la política exterior de Trump, el 53 % su política en el conflicto de Israel e Irán, el 57 % repudia su política de inmigración, el 59 % desaprueba las deportaciones y el 55 % no está de acuerdo con la política comercial del presidente.
Pero el área de más peso, la economía, Trump encuentra el rechazo del 56 % de los encuestados. Ahí es donde se apoya, principalmente, la decisión de los votantes.
El presidente había prometido que en 90 días lograría nuevos acuerdos comerciales con 90 países que, presuntamente, corrieron a “besarle el culo” cuando Trump amenazó con tarifas a diestra y siniestra.
El plazo se ha cumplido y sólo hay un acuerdo con el Reino Unido y otro con Vietnam.
Muy en su carácter, Trump arremetió con otra amenaza de tarifas y luego postergó el plazo y luego prometió más tarifazos que ya a nadie asustan. Los mercados impertérritos ante el vaivén presidencial.
Para la encuesta de la cadena FOX entre el 13 y 16 de junio el repudio a esa legislación llegaba al 59, 5%de los entrevistados, y entre el 4 y el 8 de junio un sondeo de opinión de Kaiser Family Foundation (una entidad que se especializa en asuntos de la salud pública) detectó un índice de 64 % de rechazo a la legislación.
Los triunfos de Trump en semanas recientes, al menos por lo que se refiere a las encuestas, no le han mejorado la popularidad y en los mercados financieros, donde juegan otras realidades más prácticas, las marchas y contramarchas del presidente con sus amenazas de tarifas comerciales ya no asustan mucho.
Para la plataforma FiveThirtyEight, que elabora un promedio de otras encuestas la opinión pública desfavorable estaba a fines de junio en el 55,6%, esto es 15,7 puntos porcentuales por encima de la opinión favorable.
La Ley Grandiosa y Bonita incluye cortes de los impuestos que favorecen a las personas con ingresos más altos y que añadirán unos 3 billones de dólares a la deuda nacional que ya ronda los 37 billones de dólares.

El hasta hace poco co-presidente y ahora despechado milmillonario Elon Musk ha calificado la legislación como “una abominación asqueante”.
La percepción entre los inversionistas extranjeros de que Estados Unidos no es capaz de manejar su deuda ha llevado a un interés fláccido en la adquisición de bonos del Tesoro, y desde comienzos de este año el dólar ha caído un 15 % frente al euro.

Ray Dalio, fundador del fondo de cobertura (hedge fund) más grande del mundo dijo a la BBC que, pronto, Estados Unidos estará pagando 10 billones de dólares anuales en préstamos e intereses.
Para compensar, el gobierno de Trump y su Ley Grandiosa y Bonita aplicarán cortes drásticos en el gasto social y, especialmente, el gasto que beneficia a los sectores más pobres y vulnerables de la población.
La Oficina de Presupuesto del Congreso, una entidad apartidista, calcula que casi 12 millones de personas perderán su seguro de cobertura de los gastos médicos hacia 2024.
El Instituto de Política Pública de la Asociación Nacional de Jubilados calcula que unos 9 millones de personas ahora amparadas por el programa Medicaid de subsidios de gastos médicos y con edades de 50 a 64 años encararán nuevos requisitos y trámites para probar que trabajan.
El mismo requisito de prueba semestral de empleo afectará a más de 11 millones de personas mayores de 50 años de edad que reciben bonos de alimentos.
Estos y otros cortes de la asistencia social se harán efectivos, por designio político de los republicanos, después de las elecciones legislativas de medio término en noviembre de 2026.
De esa manera, y si la actual desazón del electorado acerca de Trump persiste y los demócratas obtienen la mayoría en el Congreso, será fácil culpar a los demócratas por el padecimiento social.
Los republicanos que aprobaron la Ley Grandiosa y Bonita cruzan los dedos y apuestan por la mala memoria del electorado.