Se acerca la Navidad,
llegó la hora
y hay que comprar regalos.
Se hacen los preparativos de fiesta,
nos sentamos a la mesa,
y como si estuvieran vivos
nos acompañan también
nuestros muertos
con sus nombres y apellidos.
Brindamos una y otra vez,
nos perdonamos todo,
no hablamos de temas puntudos.
Sonó el teléfono en la madrugada
llaman del extranjero.
Con la emoción a flor de piel,
deslizamos las mismas frases de cariño
una y mil veces machacadas.
,
Tañeron alegremente las campanas,
nos tomamos el aguardiente,
nos dimos unos regalos,
nos abrazamos,
cantamos villancicos
nos comimos el pavo,
nos dijimos cuanto nos amábamos.
y cuando llegó la madrugada
se fueron las faramallas,
De repente me asalto dolorosamente
tu imagen, tu sonrisa congelada en el tiempo,
Entonces cerré mis ojos
y lancé tu recuerdo al cesto del olvido,
porque para mí,
tu ya habías muerto.