Responsabilidad heredada

por Mario Valdivia

Me encontré con el compadre en un generoso almuerzo marino cargado de sol, coloridos banderines ondeando al viento, más el azul sonoro inconfundible del Pacífico, en casa de un amigo en un discreto balneario de la zona central. (Se vive de puta madre, me viene a la memoria el comentario de un alto funcionario del PSOE regresando a Madrid desde Chile) Aparte de él, había mucho jubilado de la Concerta; buena gente, grata. Me dijo que se dedica a la historia, pasión reprimida por amor al piticlín durante su lúcida vida laboral, antes de endilgarme un toyo parecido al que resumo en este texto. Que me disculpe si lo mal interpreto, el oído estaba atento pero el Chardonnay hacía su trabajo.

San Martín y O´Higgins nos metieron en un forro. Con desplante, ensoñaciones muy de su tiempo y harta locura se ganaron para ellos y nosotros el privilegio de ser un Estado Nacional. Libre, autónomo, sin tutelas. Dijeron que se llamaba Chile, y nosotros chilenas y chilenos. Con canción nacional, escudo y bandera, un largo territorio donde mandar y al cual proteger. No fue cualquier cosa, se lo ganaron a punta de cañones y longis que se creyeron el cuento del honor y la gloria, que Chile era más caro que la vida. Es verdad que el enemigo estaba jodidón en esos tiempos, pero igual vale, eran poco más que un manojo de atorrantes. 

En el Siglo XIX, sus descendientes honraron el regalo recientemente recibido. En dos o tres ocasiones, por la razón y la fuerza, respondieron como era debido a los viejos locos fundadores.  En El Siglo XX, sus bisnietos siguieron poniéndole empeño. La Industrialización Nacional, el Estado Desarrollista, la Planificación Nacional – ODEPLAN -, habilidades empresariales internacionales, algunos dignos desplantes independentistas en las Naciones Unidas. Todo bastante bien. Quizás un poco extraviado, pero la proclama era la heredada de los huasos locos iniciales: Chile es un centro de poder autónomo en el mundo, que las chilenas y chilenos protegen celosamente sin fijarse en costos.   

El Siglo XXI es diferente. Los poderes a nuestro alrededor no están jodidos para nada. La distancia que han creado con Chile es inimaginable. ¿Empresas valoradas en más de 5 trillones de dólares?, ¿países con esa cantidad de reservas internacionales? Está claro que inventan un futuro al que somos completamente ciegos. ´Autonomía´- para quedarnos en el pasado, baby – se ha convertido en un término ilusorio si no hacemos algo diferente. Posiblemente ahora fallamos, quizás por primera vez, a los viejos locos originarios. Si nos guiamos por consignas de moda, el cuidado de la herencia no anda bien. Invertir en ´Buen Vivir´ es más de Municipio que de Estado Nacional. Ambiente limpio, ausencia de basura, sheriffs que sacan rápido, buenas cárceles, ciclovías, plazas con caniles, gimnasios públicos para cuidar el fitness. Está bien, pero es una resignación de entrada ante la disputa de los perros grandes del mundo a nuestro alrededor, que los viejos choros de antes no habrían aceptado. No hace mucho hablábamos de Integración Latinoamericana, para no quedarnos chicos, ya no más. Y como toda palabrería buenosa por el estilo, buen vivir está destinado a fallar. Sin acumular poder en el mundo, no hay más que variantes de esclavitud; es lo que pensaban los viejos originarios. Hay que crear un Estado Empresario, es otra consigna que se oye por ahí, un delirio burocrático perteneciente a tiempos pretéritos, como fue el Estado Desarrollista, cuando la manera de gestionar servicios estatales no estaba históricamente tan fuera de onda. Además de los chinos, ¿quién sabe manejar eficazmente el aparato administrativo del Estado hoy día? 

Olvidamos lo que era obvio para los viejos de antes, que el Estado Nacional es primordialmente un centro de poder autónomo en el mundo, que debe ser cuidado. Nos llenamos de razones económicas – las ventajas comparativas, los equilibrios, el riesgo país, la rentabilidad (tema de PHD: ¿cuál es la rentabilidad de la Independencia?), de psicología social, sociología del abuso, ecología, justicia, alta moralidad, poderío militar, lo que sea con tal de achicarnos. Seguramente puro miedo al poder. Como dijo Nietzsche, la estrategia del impotente consiste en pasar por bueno. 

Como muestra del desprecio de lo heredado, el descuido de nuestra educación. Un crimen mayúsculo cuando se reconoce que la educación es la gran fuente de poder en el mundo. A unos les importa que sea privada y de calidad, a otros que sea gratuita y de calidad. Ya advirtió un Profeta Mayor que no se puede servir a dos señores a la vez. De calidad y de calidad diría un compadre preocupado en serio por el poder de Chile en el mundo. 

Cuenta la historia que cuando las tropas nazis estaban en las puertas de Moscú, la desesperación se apropió del Comité Central del Partido y comenzó a imponerse la propuesta de huir tras los Urales. Stalin conminó a sus compañeros a tomar responsabilidad por el forro de las desmesuradas ambiciones históricas en el que los había metido el camarada Illich. No cabía más que honrar las locuras del viejo originario. Así acabaron con Hitler…    

Sin una herencia que respetar, no hay más que razones… banderitas ondeando de puta madre a la brisa.    

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1 comment

BAO noviembre 6, 2025 - 11:44 am

Provocativo Valdivia, da que pensar. Ser isleños nos hace mirarnos el ombligo y nos empuja a ser tambien mediocres. Aunque tampoco me enceguecería con los 5T de Nvidia. Mejor me concentro en la desconfianza, que invisible, nos empapa más que “ese mar que tranquilo te baña”.

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