Rock y poesía, una explosión de los sentidos

por Karen Punaro Majluf
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Que le hayan entregado el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan en 2016 es solo una excusa para introducirse en la poesía que la música argentina lleva trabajando desde mucho antes que la oleada rockera de los ochenta explosionara. Si bien Spinetta es considerado el “padre” del fenómeno, es necesario sumergirse en el tango para comprender el concepto a cabalidad.

Cuando Bob Dylan obtuvo el Premio Nobel de Literatura, entregado por la Academia que reúne y revisa y reanaliza a los escritores más prolíficos, innovadores, talentosos, polémicos, políticos y –supuestamente- trascendentes; el mundo de las letras se escandalizó (y bueno, no había sido reconocido uno de los suyos) dejando de lado un punto fundamental que hacía al músico estadounidense –quizá- merecedor de la distinción entregada por los suecos; y es que la música y la poesía van de la mano como si de siameses se tratara.

No por nada, Luis Alberto Spinetta, en una entrevista reconoció sentirse “poético”, mezcla perfecta de letra y melodía que encaja en el sentir popular, llevando a sus admiradores –y expertos- a reconocerlo como “el primer gran letrista del rock argentino”.

Gabriel Meza Alegría, doctor en literatura Latinoamericana, explica que en relación con la obra artística de Spinetta, “se puede indicar que el vínculo entre rock y poesía es evidente, en primer término, por el carácter poético que la prensa musical y las publicaciones biografistas le han asignado (…) como músico; segundo, por las influencias literarias que se hallan manifiestas en su obra musical, situación que tiene su máxima expresión en el disco Artaud de 1973, dedicado al poeta francés; y, en tercer término, por la relación temática que se observa entre su poesía formal cifrada en Guitarra negra (libro de poesía) y las letras de sus canciones”.

La pregunta cae de cajón, ¿qué hace de Spinetta merecedor del rótulo de letrista? El corte con el realismo y la permanencia con el tango. La Nación argentina lo reconoce, el 2007, haciendo un paralelo entre “Muchacha (ojos de papel)” “Malena”.

Muchacha ojos de papel
¿A dónde vas? Quédate hasta el alba
Muchacha pequeños pies
No corras más, quédate hasta el alba

Sueña un sueño despacito entre mis manos
Hasta que por la ventana suba el sol
Muchacha piel de rayón
No corras más, tu tiempo es hoy

Y no hables más muchacha
Corazón de tiza
Cuando todos duerman
Te robaré un color

Y no hables más muchacha
Corazón de tiza
Cuando todos duerman
Te robaré un color

Muchacha, voz de gorrión
¿A dónde vas? Quédate hasta el día

Muchacha, pechos de miel
No corras más, quedate hasta el día

Duerme un poco y yo entre tanto construiré
Un castillo en tu vientre hasta que el sol

Malena canta el tango 
Como ninguna 

Y en cada verso pone
Su corazón 

A yuyo del suburbio
Su voz perfuma 

Malena tiene pena 
De bandoneón
Tal vez alla en la infancia
Su voz de alondra

Tomo ese tono oscuro
Del callejón  
O acaso aquel romance
Que solo nombra
Cuando se pone triste
Con el alcohol

Malena canta el tango
Con voz de sombra
Malena tiene pena 

De bandoneón   

(Fragmentos de “Muchacha” y “Malena”)

Entre las influencias de “El Flaco” están Homero Expósito, poeta y letrista argentino de tango; Michael Foucault; Carl Jung; y el escritor peruano Carlos Castaneda. El productor Hernán Sforzini comentó que «de niño Luis Alberto escuchaba mucho tango, su hermana Ana contó que la primera vez que Luis cantó ante público fue a los cinco años en un trolebús, donde interpretó un tango de Carlos Gardel”. 

La música porteña forma parte de sus composiciones y eso se ve en la incorporación del bandoneón en algunas de sus canciones. Astor Piazzolla fue su referente, al punto de afirmar que “él es el futuro, la manera de romper con la melancolía hedonista del tango tradicional«.

Pero Spinetta no se encasilla, es posible encontrar una nueva arista creativa que parte cuando fue “abducido” por el surrealismo, movimiento que también encantó a Charly García y que los llevó a formar Sui Generis

De cabeza a la sátira social

Las primeras letras del joven Charlie (porque así se hacía llamar en tiempos de Sui Generis) eran románticas y juveniles que cuentan historias y desarrollan personajes. Destacan de este período «Dime quién me lo robó» y «Estación”; sin embargo, rápidamente la sátira social y compromiso político se hizo presente con temas como «Instituciones«. 

Estación

Todos sabemos que fue/Un verano descalzo y rubio/Que arrastraba entre los pies/Gotas claras del mar oscuro.

En el pecho dos médanos eternos/Y en los ojos un cielo transparente,/Que brillaba tras del sol,/Serena y furiosamente.

Quizás sepan que tenía/Una eterna compañera,/Que reía y se entregaba/Desnuda sobre la arena,/Que volaba cuando estaba en algún sueño/Para despertarse dentro de su dueño,/Al que le daba su amor,/Hermosa y salvajemente.

Jorge Monteleone, comenta en Figuras de la pasión rocker: Ensayo sobre rock argentino, que el rock produce un tipo de subjetividad que la literatura no agota: la prolonga y modifica. De allí que leer la letra de rock como un poema minusválido es una simplificación. Todo el cuerpo, como figura imaginaria, está comprometido en su realización extática. Allí donde la palabra rima, el rock finaliza en un cuerpo que le da su acento silábico”.

Acento que en medio del fin de la dictadura y la Guerra de las Malvinas marca un corte que permite la irrupción de Fito Páez, desde antes de ser solista cuando era parte de la banda de Juan Carlos Baglietto. 

Páez introduce en su poesía imágenes fragmentarias, aunque el precursor de esta “fórmula” fue Miguel Mateos con el grupo Zas. El rosarino fue el mejor heredero que pudo tener el rock argentino, tomando la esencia de Lito Nebbia, Spinetta y García  para dar vida a letras dramáticas con corte autobiográfico que marcaron la década de los ‘80. 

La maldición de los 27

Eso de que los jóvenes músicos talentosos y adictos a las drogas mueren a los 27 años, como Jean-Michel Basquiat, Brian Jones, Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain y Amy Winehouse, también tiene un mártir argentino: Tanguito. José Alberto Iglesias falleció en las vías del ferrocarril suburbano cuando solo le faltaban 3 años para los 30, apenas había grabado una serie de canciones entre 1969 y 1970 sin ánimo de distribuirlas, y era conocido en el bar-teatro La Cueva más por sus dotes de bailarín que de músico.

Sin embargo, la trágica muerte de Tanguito lo llevó a formar parte de los anales del rock argentino siendo considerado un mito. Tras su partida se editó el disco Tango (1973) en donde destaca su versión de “La Balsa”, tema escrito en conjunto con Lito Nebbia en el bar-pizzería La Perla del Once.

Este local, tomado como sala de ensayo por Tanguito, fue el escenario de los músicos más prolíficos de finales de los ‘60 y lo escogieron por la excelente resonancia que tenía el pasillo del baño. » Si querías acústica te ibas (…) a la Perla, donde podías probar la voz de otra manera«, añade el académico de la Universidad de Buenos Aires, Jorge Montelone. 

La balsa

Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado/Tengo una idea, es la de irme al lugar que yo más quiera/Me falta algo para ir, pues, caminando yo no puedo/Construiré una balsa y me iré a naufragar.

Tengo que conseguir mucha madera/ Tengo que conseguirla de donde pueda, ah-ah-ah/ Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura/ Con mi balsa yo me iré a naufragar.

Tengo que conseguir mucha madera/ Tengo que conseguir de donde pueda, ah-ah-ah/ Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura/ Con mi balsa yo me iré a naufragar.

Con mi balsa yo me iré a naufragar/Con mi balsa yo me iré a naufragar/A naufragar/A naufragar/ A naufragar.

Y si hablamos de Tanguito, no puede quedar fuera el talento de Luca Prodan, un italiano educado en Inglaterra que rompió con el egocentrismo del rock argentino, criticando a figuras como Charly, Nebbia o León Gieco; o siendo explícito en la absoluta falta de talento de José Alberto Iglesias. El éxito lo alcanzó con Sumo, mientras trataba de huir de su adicción a la heroína y al alcohol. Y si bien murió de un paro cardiorrespiratorio en 1987, aún es posible encontrar en algunos viejos muros de Buenos Aires la frase Luca not dead.

La rubia tarada

Caras conchetas, miradas berretas/ Y hombres encajados en Fiorucci/ Oigo «dame» y «quiero» y «no te metas»/ «¿Te gustó el nuevo Bertolucci?»

La rubia tarada, bronceada, aburrida/ Me dice «¿por qué te pelaste?»/ Y yo «por el asco que da tu sociedad»/ Por el pelo de hoy, ¿cuánto gastaste?

Un pseudo punkito, con el acento finito/ Quiere hacerse el chico malo/ Tuerce la boca, se arregla el pelito/ Toma un trago y vuelve a Belgrano

¡Basta! Me voy, rumbo a la puerta/ Y después a un boliche a la esquina/ A tomar una ginebra con gente despierta/ Esta sí que es Argentina

¡Una noche en New York City!

Pulsión sexual

La historia de Soda Stereo parte con una casualidad. Charli Alberti estaba completamente enamorado de Laura Cerati, quien poco o nada lo tomaba en cuenta. Una tarde, el joven baterista la llamó a su casa y por coincidencia fue Gustavo quien contestó el teléfono. Ese día ambos se dieron cuenta que compartían gustos musicales y sin pensarlo mucho decidieron juntarse a crear. 

Para completar el trío, Cerati llamó a su amigo Zeta Bosio y dieron vida a la banda que más influyó en hacer del rock argentino un sonido universal. El periodista Pablo Schanton expresa que Soda Stereo posee un “tesoro expresivo del pop (…) donde las palabras y la música se trenzan en una dialéctica alejada de la noción de discurso o de los valores de la poesía escrita”.

Valoración algo injusta, pues no necesitaron muchos años para que la composición de Cerati se complejiza explicando él mismo el proceso como  spinettiano. El vocalista de la banda comentó –en medio de la fama abrumadora- que “en eso de trabajar la sonoridad de las palabras en íntima alianza con la música se da el en que meto cualquier palabra que parezca sugerente«. 

Y es que desde la estética hasta la forma de tocar la guitarra, Cerati es seducción pura. El erotismo es parte de la puesta en escena, del ritual como estrategia. Sus gestos entregan . La sexualidad es ocular y auditiva.

Juegos de Seducción

Voy a ser tu mayordomo/Y vos harás el rol de señora bien/O puedo ser tu violador/La imaginación esta noche todo lo puede

Te llevaré hasta el extremo/Te llevaré (eh, eh, eh)/Abrázame/Este es el juego de seducción

Estamos solos en la selva/Y nadie puede venir a rescatarnos/Estoy muriéndome de sed/Y es tu propia piel la que me hace sentir este infierno

Te llevaré hasta el extremo/Te llevaré (eh, eh, eh)/Abrázame/Este es el juego de seducción

Estoy muriéndome de sed/Y es tu propia piel la que me hace mover/Me hace mover, me hace mover/En extremos

La relación entre los grandes de la literatura argentina y Cerati, la plantea Javier Soto en su trabajo titulado El imaginario literario de Jorge Luis Borges en las letras y música de Gustavo Cerati, en donde plantea que el líder de Soda Stereo fue un “gran lector de literatura en general y de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar en particular, su poesía se puede clasificar en lo simbólico, o lo que se conoce como surrealismo. Están cargadas de reminiscencias, metáforas y alegorías a sus constantes lecturas de estos dos gigantes de las letras universales”.

Aquí y ahora

Sé pequeño/ Sé una gota en el jardín/ Sigue el curso de agua
Que nos lleve donde nunca fuimos/ Por senderos que se bifurcan/ Por mundos paralelos/ En los primeros tres minutos/ Se hizo el universo/ Precisamente todo está pasando aquí y ahora/ (Da-ra-ra-ra-ra-ra)

La mosca no razona bien (Da-ra-ra-ra-ra-ra)/ Yo le zumbo en sus oídos/ Albinos parpadean bajo el sol, temido/ Un ave rayó el cielo/ En un trémolo trueno/ Y en los primeros tres minutos/ Se escribió la historia/ Precisamente todo está pasando aquí y ahora/ Aquí y ahora/ Aquí y ahora-ah

Por calles con luz de patio/ Colmaré tus anhelos/ Da-ra-ra-ra-ra, da-ra-ra-ra, da-ra-ra, da-ra/ Da-ra-ra-ra-ra/ Está pasando aquí y ahora/ Aquí, ahora/ Aquí y ahora-ah

(Reminiscencia “El jardín de los senderos que se bifurcan” de Jorge Luis Borges).

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