Rush y el tiempo detenido.

por Tomás Vio Alliende
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Ahora que el año se va, es un buen momento para recordar “Time stand still”, la canción del grupo canadiense que magistralmente retrata que el paso de las horas está conformado por instantes que se congelan para disfrutar sin mirar demasiado hacia atrás.

Termina el año y a la hora de los balances puedo decir que, personalmente, este fue un buen año lleno de desafíos. Marzo lo empecé con el lanzamiento de mi libro “Reseñas culturales”, un compendio de setenta y cinco artículos publicados en La Mirada Semanal entre 2020 y 2021, con los que me siento gratamente identificado porque hablan de temas que me gustan y me dejan explayarme sobre asuntos personales un poco más de lo habitual. El cambio de gobierno también me influyó positivamente y la moderación de la pandemia con mayor presencia en la oficina de mi trabajo también hizo que las cosas se vieran de manera distinta. La familia, las buenas relaciones con los vecinos del edificio donde vivo, todo fue sumando y el balance creo que es bastante positivo. Y es entonces cuando aparece “Time stand still”, para mí la canción insignia del grupo canadiense de rock progresivo Rush, que salió en el álbum de 1987 “Hold your fire”. Se trata de un tema nostálgico, el primero escrito por el baterista Neil Peart (1952 – 2020) para el grupo.

“A lo largo de los años 70, nuestras vidas pasaron volando; pasamos tanto tiempo en la carretera que esta se convirtió en un túnel oscuro. Entonces empiezas a pensar en las personas que estás descuidando, amigos y familiares. Así que la canción trata sobre detenerse para disfrutar, con la advertencia de no mirar demasiado hacia atrás. En lugar de sentir nostalgia por el pasado, es más una súplica por el presente».

Así describió Peart la canción en una entrevista. “una súplica por el presente”. Y vaya que es importante mirar hacia atrás pensando en el hoy, en todo lo que ha quedado, en ese tiempo congelado que todavía existe y jamás va a dejar de existir. Recuerdo que la primera vez que escuché está canción debe haber sido el año 87-88 en una fiesta en la casa de mis primos en la calle Pedro Torres, en Ñuñoa.  Yo era muy tímido y no me atrevía a sacar a bailar a nadie. Recuerdo que me senté en un sillón a mirar como los demás se entretenían. Empieza a sonar “Time stand still” y una sensación fría me recorrió la espalda. Era de esas canciones que de inmediato te golpean el alma. Acto seguido se me acercó una niña delgada, simpática, no recuerdo bien su cara porque estaba oscuro y me sacó a bailar. Me sentí halagado porque en esos años eso no era lo más común del mundo. Juntos disfrutamos de Rush y de ese presente que jamás termina, que parece mirar levemente hacia un pasado que también se eterniza.

Este año también han fallecido algunas personas muy queridas y también se han muerto algunas ilusiones o realidades familiares que no tienen reparación inmediata, pero la vida sigue, avanza, va creciendo a pesar de que el tiempo se detiene.

Dejé que mi piel se adelgazara demasiado

Me gustaría hacer una pausa

No importa lo que finja

Como algún peregrino

Que aprende a trascender

Aprende a vivir

Como si cada paso fuera el final

El tiempo se detiene

Señala una estrofa de la canción que en su momento llegó a estar en el tercer lugar del ranking en Estados Unidos y que tiene segmentos, como el mencionado anteriormente, que junto con la música y la letra crean una sensación muy fuerte de congoja, ganas de llorar. De reflexionar y aprender a vivir.

Cada cual tiene su interpretación del tema. Dentro de los comentarios sobre la canción en un sitio web aparece la de un padre que perdió a su hijo pequeño y que lo recuerda con “Time stand still”. Es fuerte la comparación porque lo imagina vivo, corriendo y jugando mientras escucha el tema. Imposible abstenerse. Ese padre detiene los momentos que vivió junto a su hijo porque ya no está y la música de Rush hace que permanezca junto a él para siempre.

Congelar el momento un poco más”, dice una de las estrofas. A veces dan ganas de hacerlo con los buenos instantes, los que quedan, los que se viven con emoción, con alegría, con esa sensación de que las cosas se están haciendo bien, con dedicación. Jamás habría pensado que después de 35 años de esa fiesta en la calle Pedro Torres, en la que por primera vez escuché “Time stand still”, iba a estar pensando en espacios que se detienen en el horizonte. Tal vez me estoy poniendo un poco viejo, nostálgico y quiero con esta reflexión que el pasado pueda, de una vez por todas, convivir de manera cordial con el presente.

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