Buenas historiadoras recomiendan leer ciencia ficción para sintonizar con el despliegue de la historia del presente. Hasta los más despistados nos cachamos que con la ´big data’ y la IA se puede hacer mucha cosa históricamente inédita. De paso: a pesar de los términos etéreos que usa para caracterizarse, es una bestia material gigantesca como pocas, ciertamente más hambrienta de energía y destructora del medio que las locomotoras a vapor, minas de carbón incluidas.
Imaginemos un mundo poblado de sensores. Mediante ellos las cosas, los seres vivos y los humanos, incluso en el nivel molecular, generan océanos de información segundo a segundo, que procesada por la IAproduce un modelo digital del mundo que funciona a la misma velocidad de éste, y permite actuar sobre él en forma instantánea mediante activadores. O sea, una segunda realidad lista para intervenir en la primera para corregir lo que se desvíe, se desbalancee, se joda. Que vigila y cuida instantánea y eficientemente. ¿Qué monos pinta la democracia en un sistema así? ¿Poder de decidir qué, sin llegar tarde y un poco a lo bruto? Poder para embarrarlas, ¡seguro!, hay ejemplos.
Filósofos contemporáneos, consciente de las limitaciones que tiene la democracia de los humanos para cuidar un mundo que incluye materia y especies sin voz y la dictadura que ejerce sobre éstas, proponen darles una voz política. Para cuidarlas habría que ampliar la democracia, incorporando al parlamento representantes humanos de aquellas. Crear una democracia ampliada de ciudadanos y cosas. Ahora, habría que pensar en qué sentido sería mejor que un sistema de computación global. Tengo dudas. Y no creo que se pueda defender la democracia como un principio, tal como lo hacen viejas amistades que tratan como hueso de santo lo que no respetaban cuando estábamos cerca de tener la manija. Al final de los finales, la democracia tiene que funcionar bien, cuidar lo que debe ser cuidado.

¿Estamos muy lejos de un sistema de computación global? Ya entramos de lleno en el camino, y contentos. La humilde App que nos guía en el tráfico urbano hace exactamente eso: con sensores recoge data, la procesa con IA y activa nuestra conducción. Sospecho que los más fervientes demócratas entre nosotros la usan sin pensar que le quita su poder político de decidir dónde dirigirse. Los sistemas de trading computarizados que efectúan el grueso del intercambio financiero de hoy hacen lo mismo, expropiando el poder que tenían los traders. Los estabilizadores automáticos del gasto fiscal y el déficit estructural, ¿no hacen lo mismo con el poder del ejecutivo y el parlamento de decidir el presupuesto fiscal? Todos sabemos que las tiendas digitales activan deseos que no teníamos, haciendo que nos demos cuenta de que, en el fondo, los teníamos…quizás. Personalmente lo agradezco en el caso de libros y algunos otros cachivaches, aunque sé que me expropian el poder de elegir con plena autonomía. Comparado con poderes de esta categoría, el poder del estado resulta nimio.
No veo bien cómo la democracia que conocemos puede resistir el embate de la tecnología. El estado es cada vez más impotente, quizás por eso a menudo nuestros políticos parecen jugar más que ejercer el poder.