Un influencer de paso

por Mario Valdivia

El influencer, un joven esloveno residente en Estados Unidos, de paso hacia la Antártica, se muestra sorprendido con nuestras elecciones. Lo siguen varios millones en Tik Tok e Instagram, una audiencia mucho mayor que el público de la radio, la tele y la prensa escrita de Chile, con ingresos personales que obviamente hacen polvo los del casi quebrado Canal Estatal. El barullo de la prensa, los periodistas, comentaristas, opinólogos y representantes políticos, la solemne franja electoral, las encuestas, y la ansiedad de imperante le resulta completamente inesperado. Es como si eligiéramos un Papa, o un Rey, con duración de por vida, y no a un compadre o una comadre que llenará el cargo de presidente durante 4 años, más encima, sin reelección. Con la fuerza que le dará presidir el aparato ejecutivo de un Estado con muy poco poder. Un barullo injustificado, asegura el influencer, que no ocurre con el mismo ánimo de acabo de mundo ni en EEUU, ni en los países europeos. Más que un Estado Nacional, un Municipio, le parece al pensador de las redes, insistiendo, con una pizca de des criterio, en que nunca había visto tantos afanes en una elección municipal. 

Es raro, porque según sugiere, a Chile le ha ido así así no más con la democracia. Parte con Allende. Sigue con la Concertación, impecablemente democrática, pero con una ciudadanía auto reprimida; el cuco estaba muy cerca. Continúa con el Frente Popular y sus avances democráticos, pero con un comunismo mundial que reprimía sus afanes por miedo al fascismo. Y termina, irónicamente con los dos ejercicios democráticos de cambio constitucional recientes. Recomienda recordar lo que ocurre en cuanto se nos debilita el super yo. 

La agitación es todavía más rara, porque asegura que la mayor parte de la gente de a pie con la que ha conversado da por hecho de que el próximo gobierno va a arreglar poco o nada. El Estado es impotente y pesado, cuesta moverlo y consigue poco. No se la puede con la debilidad de la economía, la magnitud del desempleo y la informalidad laboral, la inseguridad, la inmigración, y la violencia en el Sur. Tiene poder de sobra para cagarlas – unos miran a Cuba y Venezuela, otros a la matanza en las favelas de Rio y las cárceles de Salvador -, ¿pero para arreglar algo de verdad?… Como que es evidente para todos que el poder está en otra parte. Antes, en el Estado, ahora es incierto, confusión que va acompañada de un pesado ánimo de resignación: hay algo que está jodido de fondo en Chile. Será por eso, supone el influyente intelectual de las redes, que el tono de la elección es defensivo. Una mitad busca defenderse de la capacidad de la otra mitad de dejar la cagada, la que no quiere más que defenderse de la primera. Pocos votan contentos por sus candidatos.   

Un estado de ánimo raro, asegura el influencer, infundado. De acuerdo con lo que él ha visto, es el Mundo, no Chile, el que se cae a pedazos. En el Mundo impera, desatada, una violencia bestial, en comparación con la cual los delitos en Chile son peccata minuta. La destitución, las desigualdades económicas, el abuso de poder, la misoginia, la homofobia, el racismo, el cierre de oportunidades que reinan en grandes partes del Mundo, en Chile ocurren con mucho menor intensidad. Es en el mundo, no en Chile, donde la permisología, el nimby y los anfibios amenazados dificultan todos los proyectos de inversión. Pero los chilenos y las chilenas se quejan de una situación que les parece insoportablemente propia.

Y es curioso, porque igual no pueden evitar el entusiasmo por la democracia y controlar el estado, aunque sea pasajera, se sorprende el influencer. Puede ser por la cueca que arman los mismos políticos, las candidatas, los periodistas, las encuestólogas y opinólogos – business models vivientes que lucran con la fiesta. Quizás con un poco de mala fe, muchos se hacen ilusiones con una esperanza facilista mariguaneada, pero esperanza igual. Bueno, es la clase de esperanza que está lista para resentirse de una cuando el nuevo gobierno no esté a la altura, será cuestión de meses, si no de semanas. Se atreve a insinuar el pulento en la red que estamos precocidos de resentimiento, de una odiosidad mutua latente. Pocas veces, asegura, ha visto gente tan llena de sospechas mutuas.  

Convertidos en enemigos, sintiéndonos solos, desvalidas, desprotegidas e impotentes, todos miran al Estado como el que está obligado a salvarlos de los otros. Asegura el influencer que ha visto a poca gente tan victimizada como nosotros. Tan llena de cuentos de por qué los demás no les permiten florecer, crear, prosperar, ser respetables. Gente con tan poca capacidad de tomar responsabilidad y hacerse cargo. Termina por decir que la política instrumentalista, esperanzada exclusivamente en usar el Estado – un Estado impotente -, le parece que quedó atrás, demodé, herencia quizás del régimen   colonial, sin imaginación, que nos condena a todos a fracasar una y otra vez. 

¡Bocón el gringo de mierda desubicado! Ahora, a votar en el balotaje para asegurar que el Estado y sus funcionarios políticos hagan algo.   

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