¡Oh, Virgen de Con Con!,
hoy que he vuelto a visitarte
contemplo otra vez desde tu gruta
el mar golpeando infatigable
las estáticas rocas de la costa.
Y te pregunto con devoción y respeto,
si has visto pasar a Edilio, el pescador,
aquel que me llevo a navegar
a la isla de los pingüinos.
Sí recuerdas a Lautarito “el tonto”,
aquel que atropellaron junto a su playa
pero que fue mi amigo cuando niño.
Dime donde puedo encontrar
a mi primer amor de los quince años,
algo pendiente
quedo entre nosotros.
Virgencita madre, dime porqué
se sienten voces en mi antigua casa
en lo alto de la colina,
sí allí solo quedan ruinas
que se yerguen bajo lunas rotas.
Virgencita santa quédate conmigo
antes que el implacable transcurso del tiempo
desvanezca mi memoria
y dime si mis amigos muertos
están al otro lado del sol o de la luna.