Hay quienes dicen que no se debe contrastar las opciones en presencia en la elección presidencial del 14 de diciembre, sino solo resaltar la preferencia propia. Ese es un error, pues se debe también dar cuenta, en este caso, de las consecuencias de permitir que la extrema derecha llegue al gobierno.
Kast representa la certeza de producir en Chile regresiones sociales severas y retrocesos en las libertades duramente conquistadas desde 1990.
Es notorio el desprecio integrista de Kast a los derechos civiles y de las mujeres (divorcio, unión civil, matrimonio igualitario, aborto por tres causales, píldora del día después), de los trabajadores (salario mínimo, negociación colectiva, indemnización por años de servicio, seguro de cesantía, pensión garantizada), de los pueblos originarios (reconocimiento institucional y respeto de su historia y autonomía), de la diversidad y la no discriminación, del animalismo, de la defensa del medio ambiente. Ha votado en contra de todas las leyes que favorecen esos derechos. Su proyecto constitucional de 2023 implicaba un severo retroceso democrático, que menos mal fue rechazado en diciembre de ese año.
¿Alguien cree que Kast no dará la espalda a la defensa de los derechos humanos, incluyendo indultar a asesinos y torturadores como el miembro de la DINA Krassnoff, hijo de un colaborador cosaco del ejército nazi, al que ha visitado y dado su respaldo y que acumula condenas por 1060 años de cárcel por sus crímenes durante la dictadura de Pinochet? ¿Se nos olvida que su padre falleció estando imputado por los tribunales por complicidad en asesinatos y violaciones a los derechos humanos en Paine? ¿Alguien piensa que no va a asegurar la impunidad de quienes ejerzan violencias represivas ilegales en el Estado policial y arbitrario que quiere reconstruir? ¿Quién puede dudar que, de ganar la presidencia, su gestión estará marcada por la inclinación a la rudeza represiva y excluyente en todos los planos, como lo ha mostrado a lo largo de una carrera política de defensa irredenta de la dictadura de Pinochet?
Esto ahora incluye la xenofobia con rasgos extremos, como proponer dejar a los hijos de inmigrantes irregulares sin escuela y atención de salud. Kast plantea que se les restrinjan los derechos sociales (y por extensión a sus hijos) a todos los inmigrantes sin papeles. Ha planteado, además, que en los casos de los hijos chilenos de inmigrantes que ingresaron irregularmente, sus padres deberían “optar si van a jugarse por su hijo (llevándoselo con él), o entregarlo al cuidado del Estado”. Esto supone incumplir los compromisos suscritos por Chile en materia de protección de la infancia y atentar contra la dignidad de toda persona humana. Su conducta, una vez más, es la de pasar por encima sin contemplaciones de quienes la extrema derecha considera enemigos o seres inferiores.

De más está decir que, como el padre de Kast fue un miembro en fuga del ejército alemán afiliado al partido nazi, que entró a Chile desde Argentina con un pasaporte no oficial de la Cruz Roja usado tanto por personas en situación de refugio como por prófugos, no podría haberse afincado en Chile si hubiera existido entonces la política de expulsión violenta de extranjeros sin documentación al día que propone el hijo. De ganar Kast, no van a resultar, en todo caso, los fantasiosos vuelos a ninguna parte que propone, pagados por los propios inmigrantes irregulares, lo que es simplemente un sin sentido entre cruel y bufonesco.
La respuesta efectiva no está en ejercer violencia y xenofobia sino en reforzar la disminución -ya en curso- del flujo de la inmigración irregular desencadenada desde el gobierno de Piñera, mediante el cierre efectivo de la frontera norte, junto al empadronamiento de los 330 mil inmigrantes irregulares hoy en el territorio y la detención y expulsión apenas sea posible de los que hayan cometido delitos. Es decir, una política clara de contención de la inmigración sin control. Pero civilizada y en orden, en un país que reconozca que los inmigrantes tienen mucho que aportar.
¿O se nos olvida que Chile es un país fundado por un extranjero, José de San Martín, con un ejército libertador formado por miles de afrodescendientes, aliado a un hijo de extranjero, Bernardo O’Higgins? ¿Y que muchas de las instituciones de la República fueron forjadas por un venezolano, Andrés Bello?
Chile se construyó con el aporte de inmigrantes de todo origen -incluyendo latinoamericanos, europeos, palestinos o judíos- a lo largo de la historia republicana, que se suma al de los pueblos originarios y el de las personas de origen español, criollo y afrodescendiente de la etapa colonial, en sucesivas capas de mestizaje. Estos procesos han conformado y hecho evolucionar nuestras raíces e identidad a partir de la diversidad. Si, Chile se ha enriquecido con la diversidad de proveniencias y no al revés. El desafío ahora es lidiar de manera adecuada con un proceso reciente de migraciones que ha sido mucho más agudo y brusco, e incómodo para muchos, pero sin caer en la xenofobia. Cuando pensemos en los extranjeros, hagámoslo sin olvidar como nos gustaría que hubieran sido tratados o fueran tratados los chilenos que por una u otra razón han migrado a otros países o lo harán en el futuro. El mundo de hoy es uno de movilidades y de cambios, no de encierros asfixiantes, aunque el nuestro sea un país con mentalidad de isla. Por lo demás, más adelante, muchos latinoamericanos volverán a sus países cuando se superen sus dificultades actuales o harán idas y vueltas, como lo hacen ya muchos chilenos respecto a otros países por diversas circunstancias e historias personales y familiares.

Y si se tratara de mero materialismo económico, los estudios de la OCDE indican que la migración explica entre un 15% y un 30% del crecimiento del PIB en países desarrollados en las últimas tres décadas y que la migración complementa a los trabajadores locales en lugar de sustituirlos, salvo en casos acotados de trabajadores con habilidades idénticas. La inmigración es un amortiguador crítico de la caída de la población en edad de trabajar que se va a producir en Chile dada la baja sustancial de la natalidad: la tasa de fecundidad pasó de 5,4 hijos por mujer en 1960 a 2,6 en 1990 y a solo 1,0 en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo de la población de 2,1. La migración no se “lleva un trozo de la torta”, sino que “agranda la torta” al aumentar la fuerza de trabajo, la demanda y la productividad agregadas y el…pago de impuestos.
En el segundo tema que ha dado alas a la extrema derecha, la delincuencia, la paradoja es que los grandes promotores del orden a como dé lugar se han opuesto a levantar sin restricciones el secreto bancario, que es indispensable para desmantelar las redes de crimen organizado internas y externas. La lucha contra la delincuencia -que ya ha permitido bajar la tasa de homicidios– no se resuelve con declaraciones infundadas que la asimilan a los extranjeros (la proporción de delincuentes no es mayor en ellos que en el resto de la población), mientras no se impide como debiera la circulación del dinero ilegal de todo origen. Contra la delincuencia se lucha, en cambio, con policías reforzadas que permitan perseguir eficazmente el crimen organizado y los tráficos ilegales de cualquier origen, e impedir todo lavado de dinero. Se debe actuar, además, con un control férreo de los recintos penitenciarios, el que debe mejorar sustancialmente, y una acción sistemática de las policías junto a las comunidades en los barrios ganados por la delincuencia. Y con una acción en profundidad sobre sus causas, empezando por programas activos de integración de los 300 mil jóvenes que no estudian ni trabajan.

En economía, los acompañantes de Kast han sido activos defensores de la colusión en los mercados (pollos, farmacias, cuotas de pesca) que lesionan a los consumidores. Para bajar los impuestos a los más ricos y a las grandes empresas, proponen un drástico plan de recortes fiscales de cuyos detalles no hablan, pues afectaría inevitablemente derechos sociales duramente conquistados, mientras proponen eliminar la contribución de bienes raíces de los barrios altos que financia a los municipios más pobres en todo Chile.
Kast se opone, además, a aumentar las capacidades del Estado para cobrar impuestos a las grandes fortunas, que los evaden y eluden abundantemente, incluyendo sus propias empresas familiares que han usado paraísos fiscales en el extranjero (Foods & Merchandising Investments Inc., Latin America Real Estate Investments Co. S.A. y Austral Inversiones S.A.).
¿Ya nos olvidamos que la UDI, de la que Kast fue diputado y secretario general, es el partido con más condenas por corrupción en Chile desde 2017, seguido de cerca por RN? ¿Y que el diputado de su partido llamado republicano, Mauricio Ojeda, ha sido desaforado por la sospecha de cometer delitos de cohecho, soborno y lavado de activos? ¿Y que otro diputado de ese partido, Cristián Araya, es mencionado en grabaciones interceptadas por el OS-7 de Carabineros como habiendo recibido dinero del notario Sergio Yáber como supuesto pago de gestiones para influir en decisiones judiciales y legislativas, en particular para revocar la acusación constitucional contra un magistrado de la Corte de Apelaciones, Antonio Ulloa, por lo que se abrió una causa penal para indagar estos posibles pagos?
Dicen algunos que, aunque no adhieren a Kast y su gente por lo abrumador de la evidencia en su contra en materia de probidad, regresión social y de las libertades, no votarán por Jeanette Jara porque es comunista. El hecho práctico es que con esto harían posible que la ultraderecha llegue al gobierno.
Separemos la paja del trigo. Me cuento entre los que no comparten muchas de las ideas del Partido Comunista y menos sus referencias internacionales. No lo he hecho nunca y lo he escrito reiteradamente (ver por ejemplo aquí). Sin embargo, aunque en Chile el PC ha actuado de modo favorable a las movilizaciones sociales -como otras fuerzas- nunca lo ha hecho en contra de la democracia. Y tampoco cuando ha gobernado, siempre en coalición con otros, como será el caso si Jeanette Jara es elegida. Por lo demás, existe un debate en su partido en los temas de la falta de democracia en Cuba, Venezuela y Nicaragua, partido en el que la diversidad interna existe. En todo caso, el PC defiende unitariamente los avances sociales, democráticos y de género para Chile pactados con el resto de la izquierda y el centro progresista. De ellos no se va a apartar, incluyendo la política internacional no alineada, porque es lo que hace posible la coalición que apoya a Jeanette Jara.

Recordemos que Jara está en la segunda vuelta presidencial porque ganó limpiamente unas primarias abiertas -soy de los que votó por Carolina Tohá, porque me parecía una opción que podía sumar más fuerzas, pero perdió- y obtuvo la primera mayoría en la primera vuelta. Jeanette Jara representa ahora no a un partido sino a una coalición amplia, con un programa conocido y coherente de progreso social en democracia y pluralidad económica. Este permitirá la continuidad de los avances sociales del actual gobierno (40 horas, salario mínimo, copago cero, reforma de pensiones, cobro de pensiones de alimentos, bolsillo electrónico) y se hará cargo, con nuevos equipos, de sus variadas insuficiencias y de proyectar una etapa distinta de mayor crecimiento, seguridad y probidad. Cualquier desvío del PC de esa opción, o de cualquiera otra fuerza política de la coalición -aunque no hay razón alguna para pensar que algo así pudiera ocurrir- lo aislaría inmediatamente, por lo que es una posibilidad que no existe. El PC tiene solo 3 senadores entre 50 y 11 diputados entre 155. En otro ámbito, quienes dirigen la CUT son los socialistas, no los comunistas. De modo que el “peligro comunista” no existe ni en las instituciones ni en el mundo social.
Más bien, ¿alguien piensa que Kast es mejor que Jara para realizar reformas sustanciales del Estado y de la administración de justicia para erradicar corrupciones y corruptelas y aumentar su profesionalización y probidad? ¿No existen acaso más probabilidades de que se hagan efectivas las drásticas sanciones que corresponden frente a los delitos de corrupción si gana Jeanette Jara, cuyo récord de austeridad y probidad no está en cuestión? Se trata nada menos que de poner fin a la etapa de financiamiento ilegal de campañas de un espectro amplio de partidos, que no incluye al de Jara, (con los resonados casos de Penta y Sqm), de cohecho y soborno de parlamentarios y funcionarios UDI (con los casos de Wagner, Orpis, Corpesca, Ley Longueira y otros), de fraudes al fisco y de mal uso de convenios con fundaciones (por representantes de derecha y oficialistas) y de captura corrupta del poder judicial, especialmente por connotados personeros de derecha con la secuela impresionante de los casos Chadwick-Hermosilla, con un ex director de la PDI condenado recientemente a 17 años de cárcel, y Muñeca Bielorusa, que involucra a varios miembros de la Corte Suprema destituidos o en proceso de destitución por amañar procesos a cambio de coimas.
El argumento de abstenerse o anular el voto por anticomunismo es una mala idea, pues abriría directamente el camino a un régimen neofascista excluyente y arbitrario en Chile – es un juicio fuerte pero no una exageración, visto lo que propone expresamente la extrema derecha de Kast y sus aliados- y a un horizonte de mayor polarización y conflicto. O bien es un pretexto que se escuda en la idea del “mal menor” -cuando en realidad es un notorio “mal mayor”- para adherir a la regresión social y de las libertades y a la arbitrariedad autoritaria que Kast encarna, aunque por razones electorales trate de disimularlo. Las cartas están sobre la mesa. Cada cual está llamado a asumir su responsabilidad democrática.