Colombia. Una crisis acentuada

por La Nueva Mirada

El detonante de la crisis colombiana fue la reforma tributaria enviada al parlamento por el presidente Iván Duque, llamada eufemísticamente “ley de solidaridad sostenible”, que gravaba principalmente a sectores medios y populares, fuertemente afectados por la pandemia. Pero tan solo fue un detonante, al igual como lo fuera el alza del pasaje del metro en nuestro país.

 La reforma tributaria se cayó. El ministro de Hacienda renunció y las protestas, lejos de amainar, recrudecen. Al igual que la represión y el uso desmedido de la fuerza por parte de policías y militares, que el gobierno ha resuelto desplegar para contenerlas.

Las razones del estallido y su prolongación en el tiempo obedecen a causas mucho más profundas, al igual de lo que sucede en nuestro país. Están asociada a las profundas desigualdades que marcan a la sociedad colombiana, una de las más acentuadas de la región. A la pérdida de credibilidad en las instituciones y el descrédito de la política y los partidos. A promesas incumplidas. La corrupción, el racismo. La represión policial y la violencia ya han dejado más de 50 personas fallecidas, miles de heridos y cientos de desaparecidos.

Las negociaciones por la paz entre el gobierno y las FARC, se incluyeron varios de estos temas, que el gobierno de Juan Manuel Santos se comprometió a abordar. Un compromiso claramente incumplido por la actual administración. Al igual que los casumidos por el actual gobierno a propósito del estallido del año 2019.

Iván Duque ha intentado casi todo para terminar con las protestas y volver a la normalidad. Excepto escuchar las demandas mas profundas del movimiento social. Llamó a un diálogo a dirigentes del paro, pero no escuchó sus demandas. Y si las anotó,  no fue capaz de ofrecer mecanismos institucionales para procesarlas. Los dirigentes salieron profundamente decepcionados de este “diálogo de sordos” y procedieron a convocar a nuevas movilizaciones para esta semana.

Al igual de lo que sucede con el mandatario chileno. Iván Duque tiene serias dificultades para entender las verdaderas causas y profundidad de la crisis que hoy sacude a su país. En Chile se afirma que no son los treinta pesos del alza del metro, sino los treinta años de abusos y desigualdades (a los que se podrían agregar 17 años de dictadura y una larga historia de abusos y desigualdades). En Colombia se puede remontar bastante más atrás.

Es el agotamiento y fracaso de un modelo de desarrollo que ha sido capaz de crear riqueza, pero profundamente concentrador e inequitativo a la hora de distribuirla, generando sociedades duales, con ciudades fuertemente segregadas, servicios de salud y educación muy diferentes para ricos y pobres, sin un verdadero sistema de protección social, incluyendo las pensiones.

América latina no es pobre sino profundamente desigual y son esas desigualdades las que explican los estallidos sociales y movilizaciones que se suceden en la región. La pandemia y su impacto social ha exacerbado las tensiones. Millones de personas han perdido sus empleos y fuentes de trabajo, se han incrementado los niveles de pobreza y extrema pobreza, golpeando con fuerza a los sectores mas vulnerables, incluyendo a vastos sectores medios. La ayuda gubernamental ha sido claramente insuficiente y el manejo de la crisis sanitaria muy deficiente.

Como mueren las democracias

A estas causales se podrían agregar otros males que parecen ser endémicos en la región. Entre ellos el tema de la corrupción, las malas prácticas políticas, el avance del crimen organizado, el racismo, que contribuyen a socavar las bases de la democracia en nuestra región.

Los profesores Steven Levitsky y Daniel Ziblatt escribieron el libro “Cómo mueren las Democracias”, que debería ser un texto obligado y de cabecera para gobernantes y líderes políticos, sobre todo en nuestra región. Allí analizan los factores que contribuyen al progresivo debilitamiento democrático, abriendo paso a las aventuras populistas o autoritarias. Con las adecuaciones del caso, el libro podría explicar los estallidos sociales que se producen en la región.

En este momento, el presidente colombiano tiene dos opciones. Militarizar aun mas el conflicto, declarando el estado de conmoción interior, como demandan los sectores mas conservadores vinculados al expresidente Álvaro Uribe, apostando a sofocar el estallido por la fuerza de las armas. O buscar una salida negociada, en donde deberá hacer concesiones muy importantes a los sectores sociales movilizados, entregando solidas garantías de su cumplimiento.

La alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Michelle Bachelet, junto con formular un llamado para el cese de la represión, ha exigido investigar la responsabilidad de los servicios policiales y las FF.AA. por los crímenes y uso excesivo de la fuerza, en tanto que crece la preocupación internacional por la explosiva situación que hoy enfrenta Colombia.

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