Cuando todo vale. Por Frank Kotermann

por La Nueva Mirada

Poniéndose el parche antes de otra herida, uno de los top ten de las fake news, el senador Felipe Kast aclaró que Simón Boric, hermano del Presidente, jefe de gabinete de la rectoría de la Universidad de Chile, desempeña esa labor profesional hace más de cuatro años. ¿Para qué más?

La mentira estuvo desatada durante el año de trabajo de la Convención que acaba de entregar públicamente el texto constitucional a ser plebiscitado el próximo 4 de septiembre. Aunque cualquier chileno(a) puede estudiarlo, sabemos de las limitaciones de nuestra capacidad lectora, terreno fértil para ese veneno embustero, aunque repitamos que es más fácil pillar a un mentiroso que a un ladrón.

La historia política de nuestro país acumula extensos capítulos en períodos propicios para el engaño, algunos de los cuales quedaron en la memoria colectiva, como el lienzo en el frontis de la Universidad Católica, instalado por su Federación de Estudiantes el 11 de agosto de 1967: “Chileno: El Mercurio Miente/”. El Plan Z, después del golpe de Estado y una extensísima lista para ocultar los horrores de la dictadura han quedado en miles de páginas de aquella memoria, incluyendo el intento de la farsa mayor abortada el día del plebiscito del 5 de octubre de 1988, que marcó el fin del régimen cívico militar.

Coincidencias de la porfiada historia, días antes “El Mercurio” y su cadena de periódicos publicaba el resultado de una encuesta triunfante para la dictadura que, como sabemos, obtuvo el 44, 01% frente al 55,99% del No.

Ahora las llamamos fake news.

Así denominamos a las mentiras o noticias falsas. Suena más liviano o light, pero traen el mismo veneno insidioso.

En períodos de alta tensión política y social – como el que experimentamos desde el estallido social de 2019 y que puede cerrar un intenso ciclo con el plebiscito del próximo 4 de septiembre (¿para abrir uno nuevo?) – la ocasión tienta al asustado que, presto, recurre a torcerle la nariz a la realidad.

Un año de exposición abierta de la Convención Constituyente, con una transparencia inédita para nuestra tradición política, dejó traslucir sus virtudes y vicios, con asertos que viabilizaron el texto presentado el reciente 4 de Julio a ser plebiscitado el próximo 4 de septiembre. Durante este período quedó para el registro histórico una avalancha de fake news, orientada a desvirtuar las resoluciones del organismo constituyente en lo efectivamente aprobado y registrado en el texto a disposición de quien quiera revisarlo. Ciertamente un obstáculo no menor para el ejercicio transparente de la competencia democrática.

Por lo mismo no ha sido ociosa la indagación realizada en estudios como el del periodista Joaquín Castro, publicado en “El Desconcierto”, que ratifica seguimientos de la información circulante sobre la Convención realizada por iniciativa del Instituto Milenio, Fundamento de los Datos, concluyendo que la mayoría de la desinformación circulante tiene como propósito “torpedear el trabajo de la Convención Constitucional”  

Al momento de identificar las principales fuentes de lo que perfila un gran embuste, se concluye en una suerte de ranking de exponentes de la extrema derecha, partidarios fervorosos del rechazo: Axel Kaiser (en carta difundida por “El Mercurio” incurre en 17 falsedades) Felipe Kast (con su “joyita” del aborto a los 9 meses de embarazo), sumándose los convencionales, Harry Jürgensen; Marcela Cubillos; Martín Arrau; Bernardo Fontaine; Ruggero Cozzi; Arturo Zúñiga; Teresa Marinovic; y el aparentemente, ”converso”, Felipe Harboe.

Las materias distorsionadas cruzan transversalmente ámbitos relevantes abordados por el texto constitucional, entre ellos: el derecho de propiedad, las instancias judiciales, el acceso a la salud, la unidad territorial, la autonomía del Banco Central, los emblemas nacionales, e incluso la existencia de la República.

Hoy comienza la campaña plebiscitaria y con ella una nueva fase para el baile de máscaras, como el de los férreos defensores de la Constitución del 80, resistentes históricos a sus cambios durante décadas, herederos del legado de su inspirador Jaime Guzmán, como el senador Juan Antonio Coloma, que hoy se manifiesta abierto a los cambios (¿cuáles?) coqueteando con el Rechazo animado por su colega Ximena Rincón y la incomprensible ambigüedad del expresidente Ricardo Lagos.

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