En medio de la violencia sicaria, (a cien mil pesos promedio el cadáver, si es que no sube impulsado por la inflación y el dólar), el gobierno comienza a encontrar las vías de evacuación frente al tsunami plebiscitario constitucional que se avecina: desmarcarse del resultado, y de los videntes oscuros del rechazo (o de la nada política). Para algunos líderes radicales en Latinoamérica, la generación del caos y la anarquía son funcionales a sus revoluciones.
Un connotado comentarista tituló su última columna “Cada gobierno tiene sus muertos”. La verdad es que cada tiempo tiene sus muertos y sus drogas. Las nuestras, el consumo y la ketamina (= aceleración anestésica). Cada tiempo tiene sus clarividentes oscuros…y sus constituciones.
A continuación, una breve deriva clarividente: (Lamento un exceso ¿necesario? de citas y videncias videntes, evidentes).

“El futuro dirá que los únicos clarividentes eran los Anárquicos y los Nihilistas” profetizó Albert Caraco en 1982. Profecía incompleta. Artaud clarividente. Nietzsche, el gran clarividente. Narcos, guerrilleros y sicarios, acólitos de la muerte. La verdad asesinada. Siete veces siete. “Las reglas clasificadas de combate (con drones) permiten matar a sabiendas hasta 20 civiles para aniquilar un enemigo”. Veinte veces siete. Niño de 7 años baleado en la cabeza. Siete veces siete= infinito. El niño está solo. La muerte está sola. Muere sola.
“El cuerpo está solo y no necesita órganos”. Si el niño repta, vuela. Raspa la palangana. Se rasca el trasero de su cabeza. Donde no hay nada. Nada coagulada invisible. “Se contrae, se deseca, se endurece”. Luz de luna. Luna de fresa. Luna de barro. Niño luna. Niños inmaduros. Delincuentes de once años. En invierno, caen de los árboles. Muertos de balas. Muertos de frío.
“Con niños a su espalda”, la muerte sin órganos agita su cabeza. Camina. No relincha. Defeca. Un “caballo de carne sanguinolenta” encabritado. Un basurero lleno de ratas. “El Aliento de la Vida abraza con cuidado a todos los seres / como a un padre a su hijo”. A este no. El padre murió antes. Chapoteo de células en el tiempo. Ritornelo complejo. Putrefacto. Mal oliente. Niños muertos, oxidados, llenos de herrumbre y escarcha tibia. Niños profetas:
“Cuando asesiné al primero fue horrible y tuve pesadillas. Lloraba todo el día. Tenía paranoia. Pero con el último, nada. Sólo pensaba, ya me van a pagar. Soy un niño soldado en Sierra Leona. No sabía lo que era bueno o malo… Además, nos daban cocaína. Éramos máquinas de matar …adictos a la violencia. A la gente que capturábamos les cortamos las manos y las orejas. Sobre a todo a los soldados para que nos temieran. Nos hacía sentir más valientes. Reconozco que una vez le abrí al vientre a una mujer, le saqué el feto, lo cociné y me lo comí”. Los restos no lloran. Los tiré a la basura.
Yo, al basurero. El basurero gime y se retuerce. “Angustia ácida y turbia, poderosa como una navaja. Una angustia en que la mente se ahorca a sí mismo…es un sufrimiento frío y sin imágenes (…) fragmentos de un vacío que escupo personalmente al monstruo o bestia en que me convierto (…) “El hombre (…) una especie de pulsación de bestias sin nombre” (Artaud).

¿Acaso los hombres, locos y videntes guiando a los ciegos en medio de la nada? (Aproximación a Shakespeare). Responde nuevamente Nietzsche: “La gente es tonta. La literatura vacía. Ya no hay nadie ni nada, el alma está loca, ya no hay amor, ni siquiera odio, todos los cuerpos están saciados, las conciencias resignadas (…) Que no hay verdad. Que no hay una constitución absoluta de las cosas, una cosa en sí; eso es nihilismo, nihilismo extremo”.
Clarividentes luminosos de luces y sombras. Alguno dijo que el pensar se hace incapaz de decir aquello que ha de permanecer inexpresado. Clarividentes de muerte. Clarividentes políticos del rechazo. Clarividentes líquidos. Simulacros de clarividencia. Clarividentes de la nada que es todo a la vez. De la nada aberrante. Se entrega al país, el libro. El libro de las profecías. El libro de los clarividentes: El borrador constitucional definitivo.
Nietzsche, clarividente de los clarividentes oscuros, sonríe, (¿satisfecho?), mientras lo lee. Al terminar, sólo musita:
–No hay… No hay, una “constitución absoluta”.