“Siendo muy relevante este debate sobre el pasado reciente y no tan sólo los últimos treinta años, las elecciones son una batalla por el futuro, en donde se juegan proyectos y alternativas que no terminan de aparecer con nitidez frente al país.” (La Mirada Semanal, 11-03-2021)
En buena medida estas falencias que señala La Mirada Semanal obedecen a las incomprensiones de las realidades abordadas, lo que se refleja en un uso de términos que obscurecen el alcance real de las cosas. Así lo que tenemos al frente no es un “modelo” sino un “sistema” (al respecto basta con ver el diccionario) económico-social con sus respectivas proyecciones en el plano político, ideológico, etc.
La expresión “neoliberal”, es casi un término publicitario que pretende disimular los intereses reales de los capitalistas, esto es, la extensión de la iniciativa privada a todos los ámbitos de la actividad económica y social y las limitaciones del poder y rol del estado, proclamándose la preeminencia del mercado y la libre circulación de capitales con sus consecuentes colusiones y desregulaciones.
Este sistema es el capitalismo, un sistema de dominación que cuenta con la “suma” de la experiencia de todas las clases dominantes de todas las épocas. Obviamente que en cada sociedad –país o países- este sistema se desarrolla con diversos modos y énfasis, según la mayor o menor y mejor influencia de las diversas clases, capa y estratos sociales.
La experiencia histórica e internacional ilustra que las clases que se proponen modificaciones sustantivas en el orden económico-social requieren reunir sustantivas fuerzas para enfrentar a adversarios refractarios al cambio, minoritarios pero poderosos.
El PC ha señalado últimamente que “las alianzas políticas, por definición, responden al momento histórico y político de las luchas del pueblo y de nuestro partido, y hoy deben ajustarse a la línea de los partidos y movimientos con vocación anti – neoliberales y anti patriarcales, es decir, que estén por cambiar el modelo neoliberal en toda su extensión, sin relativizaciones ni medias tintas”
¿El cambio “en toda su extensión, sin relativizaciones ni medias tintas” es proponerse derechamente ahora el socialismo? Ni siquiera, como planteaba el Programa de la Unidad Popular “iniciar la construcción del socialismo en Chile” y en esa perspectiva el paso ineludible era enfilar las fuerzas contra las grandes empresas monopolistas y el capital financiero y no contra los capitalistas en general y “en toda su extensión”.

Así, pareciera necesario esclarecer e identificar en esa aseveración cuáles son los amigos, o potenciales amigos, y cuáles los adversarios; cuando ninguna posibilidad de alianza es descartable a priori y pareciera errático entregar aliados al adversario en lugar de intentar ganarlos para objetivos propios, definidos como esenciales o, al menos, neutralizarlos.
En ese raciocinio pareciera fundamental aislar a los enemigos de las reformas al sistema capitalista, estableciendo una amplia y múltiples alianzas con los pequeños y medianos empresarios, con los grandes capitalistas no-monopólicos, y con sus respectivas organizaciones gremiales. Delimitando, en cada coyuntura, cuál es el campo de los amigos y el de los adversarios como algo fundamental para delinear lo que se denomina estrategia y tácticas coherentes.
A este respecto, y pensando en los autores de la mencionada definición partidaria (PC chileno) vale tener presente la siguiente advertencia que realizaba Lenin hace casi exactamente un siglo : “Desde la primavera de 1921… venimos planteando una forma completamente distinta, de tipo reformista: no demoler la vieja estructura económico- social, el comercio, la pequeña economía, la pequeña empresa, el capitalismo, sino reanimar el comercio, la pequeña empresa, el capitalismo, dominándolos con precaución y de modo gradual u obteniendo la posibilidad de someterlos a una regulación estatal sólo en la medida de su reanimación”. (En Obras Escogidas, Tomo III, págs. 669 y 670).
Así, en suma, se trataría de no regalar ningún aliado al capital financiero y a las empresas monopólicas y para ello optar por una flexible política de alianzas que tome en cuenta en cada situación concreta todas las posibilidades de pactos, entendimientos o acuerdos que permitan transitar hacia los objetivos definidos como democráticos y populares.