Condolida al igual que las anteriores columnistas (Internacionalismo y Estado sospechoso) por la devastación de la izquierda de corte socialista después de 35 años de gobernar desde las máximas posiciones del Estado, el micro círculo post marxista post heideggeriano “Kostas Axelos”, de Tucapel, me envía el siguiente comentario.
Leyendo a Mach, Lenin se percata del desafío de la fenomenología al materialismo, y responde con su conocida crítica al empiriocriticismo. Sin embargo, saca del austríaco una renovada apreciación por “los hechos” ante las abstracciones marxistas de muchos dirigentes del partido, por las prácticas concretas a diferencia de las categorías teóricas que las representan. En sus discusiones, a menudo les recuerda la necesidad de tener en cuenta “los porfiados hechos”. Una de esas porfías es la economía: decenas de millones de siervos libres, produciendo alimentos en las tierras expropiadas a sus viejos dueños, no eran manejables en granjas estatales, como si podía serlo la producción industrial en pocas fábricas del Estado. Había que organizar el mercado para que funcionara en las enormes extensiones rurales de la URSS. En contra de los encendidos reclamos de una izquierda obsesionada con los ideales abstractos de un socialismo de texto, inventó una nueva economía, la NEP, consistente en capitalismo rural combinado con socialismo urbano. Muerto el viejo, su sucesor se fue por el lado de las grandes granjas estatales, el que se entendió de ahí en adelante como socialismo propiamente tal. Conocemos las consecuencias: hambruna con millones de muertos y una escasez alimentaria crónica.

Es un porfiado hecho del mundo actual que no se ha inventado una economía diferente al capitalismo. Ha habido chance de sobra, pero no ha ocurrido. Sigue habiendo empeños varios, más exitosos (China, Vietnam) y menos exitosos (Latinoamérica), pero nueva economía no hay. Si el capitalismo es intrínsecamente explotador de los asalariados, si el trabajo es heterónomo, nadie ha inventado la manera de evitarlo metiendo al Estado de por medio. ¿Respetemos los hechos?, hablemos de economía, no de capitalismo, no hay otra. Recursos productivos acumulados, agentes que invierten y deciden, cálculo de buen uso, redes de mercados; es lo que hay. El viejo que los aggiornados dan por superado cuenta con la capacidad del mercado de gatillar la creación de nuevas realidades sociales. Confía en que emerjan emprendedores entre los campesinos, los más dispuestos a aprender, arriesgarse y acumular recursos para asegurar la alimentación abundante del experimento socialista urbano. Seguro de sus convicciones, se embarca hacia un futuro abierto, experimental, contingente. Menos confiado en sí mismo, su sucesor quiso controlar todo de entrada. Se conocen las consecuencias.
Más que solamente zafar de la dictadura del proletariado, los renovadores aggiornantes podrían sintonizar con la renovación leninista, con su seria dedicación a atender los porfiados hechos económicos, a no quedarse pegado a dogmas tenidos por Principios Constitutivos. Si la economía es inevitable, y es una poderosa fuerza de articulación y transformación social, ¿cuál es la razón por la cual un emprendedor exitoso tiene que ser de derecha, y un izquierdista debe partir de la base de que la economía le es ajena? ¿Por qué el joven de izquierda está forzado a ser un burócrata? ¿Cómo pudo ocurrir que las portadoras de avances progresistas (incluso civilizatorios, como se dice ahora) necesiten de pegas públicas para sobrevivir? Se sabe de sobra lo que ocurre con artistas patrocinados por el Estado, ¿qué tal agentes económicos asegurados por éste?
Respetuoso de los porfiados hechos, dijo un recordado presidente que gobernaría en la medida de lo posible. Una apreciación superficial – siempre vecina del cinismo la superficialidad – entendió la declaración simplemente como táctica, aceptándola de mala gana, como si los porfiados hechos fueran solo un impedimento transitorio para proyectos más relevantes, y obligaran a una suerte de resignación temporal para pasar por encima de ellos en cuanto se dé la ocasión. Los socialistas renovados aceptaron la economía de mala gana, a medias, como actividad ajena, para otras, y sospechosa, un mundo de abuso y delito. Herederas de una tradición más burocrática que materialista, poco Marxista y Engeliana, de la cuál no solo no se aggiornan sino a la cual se apegan, las renovadas se instalan en la economía después de la producción y por encima de ella, donde se sienten cómodas y acumulan poder para manejarla y distribuirla. Unas aves burocráticas de vuelo pesado, con taras carroñeras. Otras se encasillan en una economía de las palabras que flota en las nubes sobre la producción y la tecnología, de una larga y pegajosa tradición idealista no renovada. Águilas livianas del reino de la comunicación, con devaneos moralistas. Y es terrible, porque no hay duda de que la economía tecnológica se ha convertido, con el avance del siglo, en una poderosísima fuerza de configuración social, quizás la más potente.

Entronizada en instituciones mandonas, distribuidoras y palabrosas, la izquierda renovada espanta a los mejores jóvenes emprendedores hacia la derecha, arrinconando en las políticas públicas a los jóvenes de izquierda porfiadamente interesados en la producción. ¿No es habitual que jóvenes empresarios que parten progresistas terminan a poco andar convertidos en derechistas? Y no es por la acumulación de riquezas, es por fastidio con el conservadurismo del Estado y las aéreas teorías concomitantes. Mirados con estos ojos, renovados autoflagelantes y renovados autocomplacientes, ese clivaje decisivo (robar palabras ajenas que dicen lo que ya sabíamos es un truco predilecto de la elevada economía de las palabras), no es más que una oposición superficial que no hace una diferencia. Ambos en la cúspide del Estado y del reino de las palabras, instalados por encima de la vida económica diaria de medio mundo, vigilando, regulando, extrayendo, tenían que convertirse fatalmente en unas elites odiosas. Ahí están hoy día, metidos en el mismo saco.
Mientras dirigía la creación del Partido Comunista Ruso y la Internacional Socialista, el viejo dirigente obsoleto se dio el tiempo de escribir su respuesta filosófica a la fenomenología empirista. Nunca fue superficial; cínico, por excepción en muy pocas ocasiones. Es que los porfiados hechos son merecedores de un trato y una interpretación serios. La tecno economía es un porfiado hecho que a la izquierda de corte socialista más le vale reconocer y entender. No como una fatal desgracia transitoria del mundo, sino como un espacio de acción en el paisaje social que abre hoy día poderosas posibilidades para transformarlo.
2 comments
Comparto la columna de Valdivia. Mirar los porfiados hechos. Lo que hay es lo que hay. Mis gustos no cuentan en esas cuentas.
«¿Por qué el joven de izquierda está forzado a ser un burócrata?» me parece una muy buena y fértil pregunta. La libertad, en la exploración individual y comprometida con el progreso colectivo de la Humanidad (Uno para todos y todos para uno), también es una herramienta de observación de los hechos y las propias porfías.