Mary Mallon: María Tifoidea o María la Tifosa. Vivir escapando y morir en cuarentena. Por Cristina Wormull

por La Nueva Mirada

¿Por qué fue vilipendiada y pasó a la historia como una de las mujeres más detestadas si, simultáneamente, hubo un hombre que infectó al doble de personas y como consecuencia de ello murieron también muchos más?

Durante un poco más de un año hemos sido bombardeados a diario con la frase “portadores asintomáticos” sin que, al parecer, tenga mayor trascendencia para la convivencia diaria.  Pero, ¿qué es un portador asintomático y cuánto daño puede causar?, pareciera que simplemente se pueden desplazar por el mundo sin mayores problemas y con la fortuna de no sufrir la enfermedad.  Pero, ¿pueden contagiar igual que uno sintomático?  o, ¿qué se hace con ellos?, ¿se les encuarentena?

Hace un par de días se informó a través de la prensa que en la Cárcel de Rancagua se había detectado un brote de coronavirus entre los privados de libertad.  93 reclusos dieron positivo para la enfermedad, todos asintomáticos, ¿qué se hará con ellos en un centro de reclusión?, ¿Cómo se controla allí el contagio cuando ya existe hacinamiento en todas sus áreas? Aparte del enunciado de la noticia, no escuché ni pude leer en parte alguna cuál será el destino de los asintomáticos recluidos.

Sin embargo, en los inicios del siglo XX vivió una mujer, una inmigrante irlandesa que llegó a Estados Unidos en 1883 siendo adolescente para desempeñarse como cocinera y/o doméstica. Trabajó inicialmente en las ciudades de Nueva York y Long Island, lugares donde se produjeron los primeros contagios de fiebre tifoidea no atribuibles a contaminación del agua o los alimentos.

Hasta ese momento, nadie había asociado las infecciones con un contagio proveniente de una persona, la que muy pronto, se convertiría en la primera en la historia de la medicina a la que se le detectó la calidad de portadora asintomática.  Su nombre:  Mary Mallon, quien, desde entonces, sería conocida como María tifoidea o María la tifosa. 

Transcurrieron años desde el primer brote en Long Island hasta que se descubrió que ella era el elemento común entre los numerosos casos de contagio que desconcertaban a autoridades y médicos de aquella época ya que se producían en familias de buenos ingresos y no en aquellas de los suburbios o sectores pobres como era habitual, y se detectó que el factor común era que todas ellas tenían los medios como para contar con personal doméstico como doncellas o cocineras, que era el oficio de Mary Mallon.

Fue así que al lograr analizar sus heces se comprobó que ella llevaba la bacteria infecciosa en su organismo, que mantendría de por vida dicha condición y se convirtió en el primer portador asintomático identificado de la enfermedad también conocida como fiebre entérica.  Oficialmente se dice que infectó a 53 personas, de las cuales fallecieron tres.

Su trágica vida se convirtió en un caso paradigmático de lo que son los portadores asintomáticos, definidos como aquellas personas que llevan los virus o bacterias de una enfermedad, pero que no muestran ningún síntoma de tenerla. En el caso de Mary, la mantuvo hasta su muerte. ¿Pasa lo mismo con los portadores asintomáticos del Covid?  ¿una vez que adquieren el virus, se curan o siguen portándolo de por vida?

Después de determinarse su condición, Mary Mallon tuvo que pasar semanas en un cuarto aislado de un hospital hasta que se determinó que sería llevada, junto a su perro, a un centro médico en una pequeña isla para que comenzara su período de cuarentena.

Durante tres años vivió en una cabaña anexa al centro médico, donde le llegaban alimentos para que ella pudiera cocinarlos y comerlos sola.

Mallon no reconoció culpa alguna por los contagios e intentó recuperar su libertad durante sus tres primeros años de aislamiento. Finalmente, logró su objetivo, con la condición de nunca volver a trabajar como cocinera ni manejar los alimentos de nadie.

Como de algo tenía que vivir, no cumplió su promesa y durante cinco años y con diferentes nombres, Mary Mallon trabajó en diferentes lugares como cocinera y fue solo cuestión de tiempo para que un nuevo brote de contagiados apareciera, nada menos que en un hospital donde sin mediar aviso, 20 pacientes desarrollaron cuadros de fiebre alta. Al iniciarse una investigación del origen de los cuadros, se detectó que Mallon estaba trabajando en la institución con el nombre de Mary Brown, un nombre diferente para el mismo trabajo, el único que sabía hacer y dado que ella seguía convencida de que no era portadora de la enfermedad. Al ser descubierta huyó, pero finalmente la policía dio con ella y fue enviada de nuevo al hospital.

De esta forma fue nuevamente detenida y condenada a una cuarentena que duró 23 años, sola en una cabaña y, paradójicamente, cocinando nada más que para ella.  Esta cuarentena solo concluyó con el fallecimiento de María tifoidea que, nunca desarrolló el tifus y cuya muerte fue ocasionada por un accidente cerebrovascular.

Sin embargo, a pesar de su funesta fama, Mary no fue la portadora más letal de la fiebre tifoidea en Nueva York. Años después, en 1922, un transportista causó dos brotes de dicha enfermedad, contagiando a más de cien personas y provocando al menos cinco muertes. A pesar de que, a raíz del diagnóstico a Mary Mallon,  cientos de portadores sanos fueron identificados y vivieron en libertad, Mary tuvo en contra a la opinión pública, que no le perdonó que sabiendo que era portadora no se hubiera mantenido lejos de los fogones. ¿Por qué Mallon fue la única procesada por su comportamiento imprudente? quizá su carácter un tanto agresivo tuvo mucho que ver, así como ciertos prejuicios contra ella por ser mujer y, además, inmigrante.

Mary se convirtió en un personaje temido. Todos aquellos periodistas que fueron a entrevistarla al hospital de Riverside recibieron la clara advertencia de que durante el tiempo que estuvieran junto a ella no aceptaran ningún vaso de agua que ésta les pudiera ofrecer. Curiosamente, todavía se discute si hubo o no hubo autopsia y, lo más importante, si la bacteria seguía o no en su organismo cuando murió.

Para aquellos que quieran conocer más de este curioso personaje, se puede leer La cocinera irlandesa de Mary Beth Keane, editada por Harper Collins en 2019.

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