Páginas Marcadas de Antonio Ostornol. Estado de excepción constitucional: ¿triunfo o derrota?

por La Nueva Mirada

Como si estuviéramos asistiendo a un “revival” de hace un año atrás, el gobierno decretó el Estado de excepción constitucional en la llamada macrozona sur. Sonaron las alarmas en todas partes: la derecha cobrando la “voltereta” del gobierno; Apruebo Dignidad resistiendo la medida; la ex Concertación (no sé muy bien cómo definir ese sector político) aprobando la medida. ¿Quién ganó y quién perdió en esta pasada? 

Por supuesto, no es fácil hacer sumas y restas rápidas y mezquinas. Desde la trinchera, la lógica es “cobrarle” al adversario. Y esa cobranza se realiza simplificando las acciones y situaciones. El presidente Boric ha instalado una lógica de decisiones que descoloca a amigos y enemigos: la lógica del realismo y el pragmatismo, la lógica de lo posible y lo necesario, la lógica de la gradualidad. “No por mucho madrugar, amanece más temprano”, dice el refrán, y esa sabiduría es la que se encuentra en la base de la estrategia del presidente. Los principios no se abandonan, pero no se hipotecan en nombre de la premura emocional y los deseos, ni de los gestos poéticos y simbólicos pero inocuos. A mí me queda la impresión de que, en alguna parte del gobierno, se ha ido instalando la idea de que estresar el conflicto social, en las condiciones de un país fuertemente polarizado y con temas críticos de inseguridad e inflación, solo conduciría a generar un estado de ingobernabilidad (de hecho, hay llamados públicos, con nombre y apellido, a resistir con las armas la acción del estado) que podría poner en riesgo la consecución de las transformaciones estructurales que, tanto desde el propio gobierno como desde la Convención constituyente, están en pleno desarrollo.

Entonces, desde mi perspectiva, el presidente Boric ha dado una señal política de especial importancia: va a gobernar con sentido de estado, priorizando las necesidades del país y asumiendo los costos de no sostener porfiadamente una cierta “pureza ideológica” que le hace actuar, frente a situaciones similares (estado de excepción, violencia social), de modo diferente. Ha tenido la valentía de conducirse, en su calidad de Jefe de Estado, en base a las evidencias de la realidad y no a los discursos. Ya nos había anunciado que no tenía miedo a equivocarse y que siempre reconocería sus errores. Creo que en esta decisión lo ha demostrado. Frente a un conflicto como el que existe en el sur del país, cuyas raíces se hunden en la profunda historia de Chile, donde los intereses comprometidos son diversos en lo histórico, cultural, económico y social, una solución de fondo solo puede surgir desde un acabado proceso de conversaciones, sostenido por una política de seguridad que garantice el escenario posible al diálogo. Sabemos que los tiempos de una y otra acción son muy distintos. Mientras el encuentro igualitario, respetuoso y basado en la confianza entre el estado y los pueblos originarios requiere tiempos y paciencia, integración de las mayorías, acuerdos políticos de corto, mediano y largo plazo, el combate contra los grupos minoritarios armados que promueven la violencia (políticos, narcotraficantes, contrabandistas) es urgente y su control implica acciones inmediatas. Y esto, que es válido para la zona sur, lo es para todo el país. El gobierno debe garantizar el orden y la seguridad en todo Chile. La derecha no fue capaz de lograrlo. El presidente ha tomado una decisión y es jugarse para que este objetivo se alcance.

Al interior de la coalición no se observa plena concordancia con esta política. Se ha ido aceptando a regañadientes, pero le siguen haciendo zancadillas. No de otra forma se entienden las dificultades que hubo para implementar el estado de excepción intermedio, que terminó abandonándose; ni las reiteradas aseveraciones de personeros de gobierno proclamando la existencia de presos políticos; ni la insistencia en apurar la ley de indulto de los presos de la revuelta; ni las desavenencias al interior de la coalición de partidos.

Cuando escucho a representantes del Frente Amplio o del Partido Comunista poniendo objeciones a las medidas de orden del gobierno o insistiendo en culpabilizar a Carabineros de los hechos de violencia, no puedo evitar que se me vengan a la memoria los peores años de la Unidad Popular, cuando desde el interior de la alianza política se desbordaban los acuerdos y objetivos, coadyuvando a generar el clima de inseguridad y violencia, sobre el cual la derecha sustentó su estrategia golpista. Hablo, por supuesto, del “avanzar sin transar” y de las tomas indiscriminadas de fábricas y predios, que excedían las definiciones programáticas del gobierno de Allende. Hoy es difícil avizorar en el horizonte un nuevo golpe de estado, pero el riesgo de una deriva autoritaria y populista está presente. Al igual como en algunos países europeos pudieron asentarse gobiernos autoritarios de ultraderecha a partir de sus críticas al descontrol en fenómenos como las inmigraciones y la incapacidad política de esas democracias a ofrecer una respuesta integral, perfectamente podría desplegarse algo similar en Chile, atendiendo a los problemas de orden y seguridad.

La situación actual de nuestro país no necesita políticas partisanas ni de trincheras. Una lectura atenta y sin anteojeras de las reiteradas y variadas encuestas públicas del último tiempo, debiera sugerir que la construcción de acuerdos democráticos es una prioridad y que combatir la persistencia en prácticas violentas, que buscan imponer por la fuerza expectativas –justas o ilegítimas- trastocando la posibilidad efectiva que tiene el gobierno para poder llevar adelante reformas tan relevantes y necesarias como la tributaria o de pensiones, es un imperativo. El gobierno ha dado una señal: el sentido de estado debe ser, junto a la escucha de las mayorías, una marca característica de su gestión.

Desde esta perspectiva, el acto de decretar el estado de excepción constitucional no ha sido ni un triunfo ni una derrota del gobierno, sino una gran victoria del espíritu republicano y de la política como un campo de acción orientado a la realidad y no a los sueños sin sustento.

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1 comment

Máximo Aguilera mayo 19, 2022 - 8:52 pm

Hola Antonio. Como tu dices, algunas frases y acciones de personas de FA y del PC, hacen recordar los tiempos del «avanzar sin tranzar» de algunos de aquella época. Felizmente tenemos un Presidente que ha decidido actuar con sentido de estado, junto con escuchar a las mayorías. Saludos

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