¿Quién cree en las encuestas?

por La Nueva Mirada

Las encuestas no gozan de buena salud. La mayoría de las veces se equivocan (¿). Y en muchos casos, groseramente. Pasa en todos los países. Sucedió en las anteriores elecciones en EE, UU., que auguraban el triunfo de Hillary Clinton. Ocurrió en Perú, cuando ninguna encuesta, salvo IPSOS muy al final, apostaban al triunfo de Pedro Castillo. Es cosa de recordar las encuestas de la anterior elección presidencial en nuestro país, que despreciaron a la candidata del Frente Amplio, que finalmente obtuvo un 20 % de los votos. Y no se puede obviar la encuesta publicada en primera pagina por el diario El Mercurio días antes del plebiscito constitucional, que afirmaba que se estrechaban las distancias entre la opción por el apruebo y el rechazo.

Ciertamente hay encuestas y encuestas. Algunas mas serias y de larga trayectoria y otras bastante menos confiables y estrechamente vinculadas con el gobierno o grupos económicos. Otras, simplemente inventadas.

Al decir de las actuales encuestas, Joaquín Lavín ganaría las primarias legales en Chile Vamos y otro tanto haría Daniel Jadue en Apruebo con Dignidad, el pacto entre el PC y Frente Amplio. Incluso parece plausible. Pero, que Franco Parisi, desparecido de la escena política en los últimos años, aparezca con un 5 % , mientras Paula Narváez, exministra y candidata del eje PS-PPD y Nuevo Trato marque un dos por ciento y en otras encuestas simplemente no aparezca, dista de cualquier credibilidad.

 Ciertamente el escenario presidencial aún no termina de configurarse. Falta por definirse una incierta opción unitaria (valga redundancia) de Unidad Constituyente. Y si la llamada lista del pueblo levantará una alternativa. Y se pueden reiterar otras interrogantes en el margen partidario actual.

El escenario de la polarización y la inquietud mayor de la derecha

Es mas que evidente que tanto Lavín como Daniel Jadue apuestan a un escenario de polarización, en donde el país se vería confrontado a optar por un nuevo gobierno de derecha o un militante del Partido Comunista. Resulta simplista hacer la comparación con lo sucedido en las recientes elecciones peruanas, con la contienda entre opción populista de la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Pedro Castillo.

En la derecha chilena ya es un factor de inquietud quedar fuera de la carrera presidencial en segunda vuelta o llegar a ella con precarias posibilidades de triunfo.

Sebastián Sichel, el candidato independiente que viene del centro, a quien algunos pretenden alentar como una versión mejorada de Sebastián Piñera, llega a remover las ya movedizas aguas de RN. En un desafortunado debut el nuevo timonel, Francisco Chahuán, ha abierto la puerta a la libertad de acción, afirmando que no se puede penalizar a quienes asuman una opción distinta a Desbordes. Y pese a que éste le resta dramatismo a su compleja apuesta en las primarias del sector, afirmando que todo lo resuelven los independientes, sus partidarios acusan a Chahuán de “dinamitar” al partido.

El país viene experimentando cambios sustantivos durante los últimos años y ello, entre otras consecuencias, aminora el efecto de gastadas campañas del terror en que la derecha tiene gran experiencia y que, con toda seguridad intentará desplegar con gran intensidad en los próximos meses.

En este contexto es determinante el efecto del estallido social, la pandemia y la crisis económico- social en curso. La derecha carga con el pesado fardo de un gobierno que no ha logrado estar a la altura de los desafíos. Viene saliendo de una profunda derrota electoral y no tiene mucho que ofrecer, salvo el continuismo y la restauración del viejo orden. Ni siquiera cuenta con su frustrado derecho a veto en el proceso constituyente.

 Es muy difícil imaginar que el país opte por un nuevo gobierno de la derecha. Ganará la opción que mejor interprete las demandas de cambios. Y esa parece ser una disputa más propia entre el centro izquierda y la alianza del PC con el Frente Amplio. Por más que Lavín intente vestirse con ropajes socialdemócratas.

La encrucijada de la centro – izquierda

En opinión de importantes sectores de la derecha, un candidato o candidata de la centro – izquierda, en lo posible demócrata cristiano, podría ser la mejor opción para derrotar a Daniel Jadue. Ello opera cuando aún no existe consenso al interior de la Unidad Constituyente en la modalidad para designar un candidato (a) único (a) del sector. Un detalle político nada de menor.

Las opiniones al interior de la DC están divididas respecto a la posibilidad de realizar primarias convencionales o una consulta ciudadana para designar al candidato o candidata, como demanda el eje PD-PPD y nuevo Trato, a la que se sumaría el postulante del PRSD, Carlos Maldonado.

Las razones de las divergencias tienen orígenes relativamente evidentes. Una muy importante son las cuestionadas encuestas, que muestran a Yasna Provoste como una candidata competitiva frente a Jadue y Lavín. Aunque ha bajado en las difundidas mas recientemente, aparece como favorita en una eventual segunda vuelta. Pero la más incidente es que las primarias convencionales, además de las dificultades logísticas y financieras, son de resultado incierto. El eje socialista en sus diferentes expresiones tiene un mayor activo militante, mas alcaldes y concejales e igual numero de gobernadores regionales y puede movilizar un mayor número de independientes.

Las opiniones están divididas al interior de la DC. Yasna Provoste no quiere primarias. Tampoco la actual presidenta de la DC, Carmen Frei. Invocan el precedente de Soledad Alvear, cuando declinó su opción en favor de Michelle Bachelet. Insisten en que el actual escenario, que llevo a la Unidad Constituyente a no inscribir primarias legales, es responsabilidad del PS. Y apuestan a la ausencia de verdaderas alternativas para sus aliados, como no sea el camino propio y llegar a primera vuelta, sin acuerdo parlamentario.

Los riesgos del camino propio

No pocos piensan que es un mal cálculo político. La DC corre los mismos riesgos que sus aliados con el camino propio. Y cuenta con buena opción para ganar unas primarias convencionales. Incluso con los votos del barrio alto de Santiago (como sucediera con Claudio Orrego). Es el único camino para levantar una opción verdaderamente competitiva y fidelizar los votos del eje socialista e independientes de izquierda, que no tan solo podrían optar por votar en las primarias legales para favorecer al candidato del Frente Amplio, sino también votar por el candidato que triunfe en esas primarias en una segunda vuelta.

Los tiempos se acortan dramáticamente, Cada día que pasa hace más difícil imaginar que la Unidad Constituyente pueda resolver de buena manera este conflicto. La situacion hacer recordar esa vieja película norteamericana cuando dos jóvenes conducen a toda velocidad sus automóviles uno en contra del otro, apostando a quien se desvía primero y lo que pasa si ninguno se desvía.

A estas alturas, cuando Paula Narváez recibe el respaldo del PS, PPD, Nuevo Trato (incluso de Andrés Velasco, vinculado a Ciudadanos), haciendo público un voluminoso programa de gobierno elaborado por un amplio arco de profesionales, es difícil imaginar que baje su candidatura sin un mecanismo democrático que lo legitime. No sin un alto consto político y electoral para la propia Unidad Constituyente.

Además, no sería menor el costo de enfrentar divididos la próxima elección parlamentaria, ante la coalición de la derecha y de la izquierda, además de candidaturas independientes que con toda seguridad competirán, con el evidente riesgo de marginalización y subrepresentación.

Sería la segunda vez que los partidos que integraran la Concertación de partidos por la Democracia cometieran el error histórico de dividirse. Ya están fuera de las primarias legales y bien podrían desaparecer de la segunda vuelta presidencial, quedando el país ante las opciones polares de Jadue y Lavín.

La Democracia Cristiana pagó un alto costo por su error anterior, bajando drásticamente su representación parlamentaria y pavimentándole el camino a la derecha. Los costos de un nuevo error podrían ser incluso mayores, tanto para la DC como para el eje socialista. Y ambos comparten responsabilidades.

Difícil de entender, aunque parece evidente el riesgo que estos partidos (unidos, representan el principal bloque político en el país) no sean capaces de ofrecer una alternativa, debiendo cargar con los costos mayores en las próximas elecciones.

El aún abierto escenario presidencial

Muchas cosas pueden pasar y seguramente ocurrirán antes que las encuestas puedan auscultar las tendencias electorales en un escenario claramente configurado, con las reales opciones en disputa.

Por ahora, el protagonismo lo mantienen las coaliciones que participan en las primarias legales. Este martes se inició la franja televisiva que concede ventajas a la alianza PC-Frente Amplio que se distribuyen los 15 minutos entre ambos, en tanto que Chile Vamos lo debe distribuir en sus cuatro precandidatos. Cuentan con financiamiento y apoyo del Estado para sus campañas. Continúan siendo los protagonistas de los espacios televisivos por más desprestigiados que estén.

En el curso de dos semanas,  sabremos quienes son los candidatos de uno y otro bloque. Aún falta para la inscripción formal de las candidaturas presidenciales, que puede traer más de alguna sorpresa, mientras las tensiones entre aspirantes mejor o peor tratados por las dudosas encuestas se harán más evidentes.

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