Una semana vestida de colores. Un poema. Por Cristina Wormull Chiorrini

por La Nueva Mirada

De dónde esta mueca

Esta boca este rostro

Esta máscara este abrigo

De dónde esta locura

De acompañarte por las noches

Con este negro y este rojo

Esta bufanda que es una bufonada

Y esta vitrina que devuelve esta pirueta

Esta artesanal pinta hecha a la medida

Y esta lengua de loba despistada

Que te lame. (Loba, Carmen Berenguer)

Esta semana ha sido muy intensa a raíz de las celebraciones del Día Internacional de la Mujer y también por los preparativos para la transmisión de mando presidencial.  La semana se ha vestido de colores, las calles se han llenado de mujeres que en diversas marchas y/o manifestaciones han reivindicado con fuerza sus derechos anunciando que la lucha por obtener plenamente la igualdad de género tiene logros, pero también un largo y duro camino por recorrer. 

Nadie se puede escapar a las noticias espeluznantes de una guerra moderna que abarca aspectos de la vida diaria muy lejos del lugar donde ocurre y que nos abruma desde las pantallas de los televisores.  La guerra cibernética provoca tanto o más espanto que la posibilidad de un ataque nuclear y se rumorean noticias aterrantes sobre las plataformas sociales o, simplemente internet, que estarían intervenidas en toda la Tierra para impedir la comunicación de una de las partes en conflicto. El planeta se muere por el cambio climático, la pandemia no da tregua (aunque hay indicadores de que ya la podemos considerar una endemia) y el crimen y la violencia son pan de cada día, según la prensa local y tengo la impresión, por lo que se ve en canales internacionales, que es un fenómeno global.

¿No lo veis acaso? Asciende la humareda, cae la flor, se seca la hierba. Esta tierra será pronto dominio del búho y del erizo, de la lechuza y del cuervo. Hermanos míos, estamos en otro tiempo, estamos en el fin de los tiempos. «Qumrán» (1996), Éliette Abécassis

Así, tenemos miedo hasta de respirar, pero entre tanta noticia apocalíptica, hay temas que pasan al olvido, aunque tienen gran relevancia, por ejemplo, en la vida y obra de la mayor gloria de las letras chilenas, Gabriela Mistral.  Este 2022 se cumplen los 100 años de la visita de la poeta a México, invitada por el entonces secretario de educación José Vasconcelos a participar en la primera reforma educacional del país. Ese viaje, el trabajo desarrollado, el respeto y la admiración que recibió allí, permitieron que Gabriela desplegara sus alas y llegara a ser la gran poeta, diplomática, ensayista y cronista merecedora del premio Nobel en 1945.  Huelga reiterar que sigue siendo la única mujer de habla hispana que lo ha obtenido.

De esta forma, entre recitales y conversatorios de distinto pelaje, incluido una formidable conversación con otra gran poeta chilena: Carmen Berenguer, que ha aportado a Chile en rebeldía y feminismo, siendo además la única mujer que ha obtenido el Premio Iberamericano Pablo Neruda y nos ha dejado libros notables como Bobby Sands desfallece en el muro donde nos cuenta el camino hasta la muerte por hambre del revolucionario irlandés y Plaza Dignidad, un testimonio en primera línea del estallido social de 2018 en Plaza Dignidad, surgió un poema a Lucila de María con la cual compartimos (algo, es algo) ser, además, del Perpetuo Socorro,  nombres que se les ocurrían a nuestras madres.

Lucila

Quiero conversar contigo Lucila

contarte de mis penas    pequeñas ante las tuyas

quiero que escuches el lamento de esta boca

lacerada por callar lo que debía gritar

quiero apoyarme en tu hombro mestizo

que me acunes en tu fuerte pecho

y acaricies con ternura mis fracasos

 Quiero ser la mujer que soñé en la adolescencia

que extrañé en el viaje de   la vida

que rescato hoy     recorridos tantos caminos

como tú   Lucila

que anduviste por senderos de piedra

sufriste el frío y la soledad de la desolada Patagonia

te empapaste del ansia de los niños mexicanos

compartiste el sueño de Sandino

y la discriminación de la nación mapuche

para reinar en las asfaltadas calles de Estocolmo

Los días   el tiempo

se han ido en una brisa volada de partidas

las décadas se han marchado cargando ilusiones y quebrantos

he llegado a este nuevo aniversario combatiente

a desnudar la debilidad que me viste

a vestir de lila mis fortalezas

con las venas desgarradas y sangrando

mirando la inmutable cordillera de tus y mis sueños Lucila

Ay, Lucila de tanto amarte y admirarte hoy me atrevo a confesar

que nada puede impedir la locura que me habita

cicatrizadas mis heridas emponzoñadas

anida el cinismo en mis entrañas

y busco refugio en la naturaleza en tus versos

que dibujaron esta larga franja que nos cobija

Lucila devenida Gabriela por admiración a D’anunzio

y Mistral en tributo a Mistral el occitano

compartieron galardón tras cuatro décadas

la única hispanoparlante en obtenerlo

en la inmensidad del verso masculino

Hoy Lucila miro a las flores empoderadas

renace en mi corazón la esperanza

y anhelo que tus sueños y los que sobreviven

en mis venas torturadas

cuajen entre colores y sonrisas

hagan fuerte mi cuerpo

con los pies descalzos en la tierra

abrazada por todo lo que de ella nace

(Cristina Wormull, inédito)

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