Violencia democrática y “la fuerza de la no violencia” Por Sergio Canals L

por La Nueva Mirada

“La violencia es una forma de estupidez humana” (Pessoa). La violencia siempre se interpreta.
 La violencia deshumaniza.


Quienes pretenden pacificar una sociedad no deben olvidar que la inequidad y falta de desarrollo integral no permiten generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las formas de agresión y de guerra, tarde o temprano, provocarán su explosión.  Cuando la sociedad abandona en la periferia a una parte de sí misma, (“descartados”, segregados, “residuos”, marginados, pobres, débiles y vulnerables), no habrá programas políticos, recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad (y la paz). Si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos(Papa Francisco).

La violencia ya es parte de nuestra vida cotidiana democrática. No hay vuelta atrás. La democracia cambió, la violencia cambió. Evolucionan. Una ha pasado a ser parte de la otra de forma híbrida como el dios Jano. Miran a la paz y a la violencia a la vez, con una sola cabeza, en una época que agoniza llena de violentos estertores, horrorizada frente a su propia muerte.

Judtih Butler comienza su espléndido libro “La fuerza de la no violencia” de esta manera:

“La defensa de la no violencia se enfrenta a reacciones escépticas de todo el espectro político. En la izquierda están aquellos que afirman que sólo la violencia está en condiciones de llevar a cabo una transformación social y económica radical, mientras que otros sostienen, con un poco menos de énfasis, que la violencia debería permanecer como una de las tácticas disponibles para provocar ese cambio. Es posible exponer argumentos a favor de la no violencia o, alternativamente, del uso instrumental o estratégico de la violencia, pero esas posiciones sólo se pueden presentar en público si existe un acuerdo general sobre qué constituye violencia y qué no violencia”.

Termina su introducción lúcidamente: “…La violencia contra el otro, es violencia contra uno mismo, algo que se ve claramente cuando comprendemos que la violencia ataca la interdependencia que es, o debería ser, nuestro mundo social”.

La democracia, donde la representación y participación ya no son articuladas por la política, hoy se despoja de un sentido que se fragmenta en jirones bajo el viento de la violencia. Emerge fundida a espacios de cemento yermos, como también en una tierra hermosa llena de araucarias y bosques centenarios. Cristaliza en las calles y las esquinas, sucia y limpia, turbulenta y volátil, llena de incertidumbre y perturbaciones. Bebe de una política con una fuerte tendencia límite al desorden y al caos, movilizada por los jóvenes en medio de un deber y rol histórico de ser catalizadores enzimáticos para el cambio y las transformaciones. Sumergidos y respirando en las redes digitales como parte de ellas. Impulsados por chapoteos y una acción práctica con mucho de revolución permanente.

Pareciera que Hanna Arendt tiene mucha razón cuando vemos actualmente un Estado, (avasallado por la economía de mercado neoliberal), organizado como “fáctico poseedor de una violencia (que manipula a veces de forma sutil, dejando ya de lado el hecho de si el fin perseguido, es la vida o la libertad”. Una libertad que se mantiene restringida. Terminó una situación de excepción que en los inicios estuvo dirigida a preservar la seguridad, pero que, frente a un plebiscito en contexto pandémico, amenazó la vida y la libertad con fines políticos que parecieron poco claros y ocultos. Quizás reminiscencias y prácticas con un fuerte aroma a nuestro terrible pasado próximo.

La memoria de la violencia no es enemiga de la paz. Es parte vivida y recordada de la paz necesaria.

Uno de cada tres estudiantes de Octavo Básico en el estudio de la Agencia de La Calidad de la Educación del 2018, mencionaron que la violencia sirve para lograr lo que uno quiere, aunque la mayoría creía en el diálogo y la negociación. El 65% refirió que cualquier medio se justifica para lograr lo que uno quiere. El 66% estaba de acuerdo en que la ciudadanía castigue a los criminales con sus propias manos. Además, opinaron que los poderosos consiguen más cosas que los que negocian. Un tercio opinó que la democracia no era la mejor forma política de Gobierno.

La violencia crece, porque la violencia social crece. La educación es el reflejo de la realidad socio cultural hegemónica. Educación para ser profesionales universitarios. Educación para ser gerentes y “emprendedores”. Educación para ser empleados y técnicos. Educación para seguir siendo pobladores. Educación para ser pobres excluidos y marginales. ¿Educación que cierre las brechas de oportunidades? ¿Educación para poetas y artistas? ¿Educación para ciudadanos y no sólo para ser consumidores?

El mal de la sociedad, como citó Tony Judt en su libro “Algo va mal”: La admiración por los poderosos y el desprecio por los débiles.

En el último congreso de la Sociedad de Psiquiatría Infantil y Juvenil, un trabajo realizado en niños jóvenes en sectores de riesgo y vulnerables en poblaciones pobres en marzo de este año sobre la revolución social de octubre del año pasado, mostró que los niños “juegan a las marchas con mensajes sobre las desigualdades y los precios altos. La violencia les genera miedo, y las marchas y cacerolazos pacíficas les generan “alegría”.  Mientras que en los adolescentes la valoración de participación en estas manifestaciones es positiva, la de la represión que se ejerce es negativa generándoles temor las acciones violentas de control. (“Exijo que no maten a los que protestan”). Enojo les produce en general la desigualdad social, la violencia, la represión policial. El ejercicio de autoridad fue valorado negativamente en general. La violencia represiva y vulneración de derechos fue negativa y traumática.

Respecto a las autoridades, fueron valorados positivamente bomberos y organismos de D.D.H.H. Respecto al presidente, la valoración fue negativa, responsabilizándolo del mal manejo y de no asegurar las condiciones de vida de la población. (Algunos manifestaron que “se debería ir o desaparecer”).

Niños y jóvenes manifestaron una valoración y juicios reflexivos-de acorde a su edad-, de la crisis social, mostrándose implicados y participativos. Reprodujeron discursos sociales dominantes y hegemónicos de adultos y medios. Deben ser considerados como sujetos ciudadanos políticos.

La violencia es una forma de subjetivación histórica, psicosocial, cultural, educativa, económica y mediática con formas de expresión situacionales y temporales.

No es lo mismo, siendo siempre un acto de violencia imposible e indigna contra personas y aún contra símbolos, lugares, animales y la naturaleza-, estafar corruptamente a una gran población ciudadana, pintar una estatua, botar un poste, quemar casas o un supermercado, un bus o un camión, poner una barricada, golpear a alguien, dejar ciego a otro, mutilar, torturar, violar, y matar especialmente al más débil y que no puede defenderse.

Hoy desaparecen las diferencias, y todas estas formas se confunden desapareciendo su necesaria valoración. Más aún, parece ser, que todo es violento, y si todo es violento, nada es violento. Los límites entre la violencia y la no violencia se hacen difusos. Aparece una violencia “líquida” que escapa de los fundamentos de la vida y de la paz.

Violento es quien controla el poder de definir la violencia.

La violencia es falta de paz. Se construye en la desigualdad.

Especialmente destructor, es violentar a alguien no nacido (entendiéndose, pero no justificándose otras miradas), a un niño o una niña, a un joven o una joven, a una mujer, a alguien de la tercera edad, o a cualquier persona debido a diferencias de cualquier índole.  

No es lo mismo la violencia ejercida por organismos del estado, que la violencia ciudadana. No es lo mismo la violencia terrorista, ya sea fascista o revolucionaria de izquierda, con la violencia sólo política.

No son lo mismo la violencia urbana, y la violencia rural.

Hay distintas formas, vectores, fuerzas, figuras e intensidades en el campo dinámico de la violencia.

La violencia genocida sistemática, es una forma de violencia absoluta.

El mal corresponde a una violencia pura, metafísica y religiosa.

Hoy escuchamos a cada momento un slogan:

“Nos jugamos una disyuntiva entre violencia y democracia”. “Entre libertad y violencia”.

Error. No hay una disyuntiva entre violencia y democracia, salvo cuando la violencia está dirigida directamente a destruir el orden democrático y a reemplazarlo por uno totalitario o dictatorial.

El supuesto choque entre libertad y seguridad (…) resulta ser una quimera. Pues no hay libertad si el Estado no la asegura; y, al contrario, sólo un Estado controlado por ciudadanos libres puede ofrecer una seguridad razonable(Karl Popper).

Si uno revisa la historia reciente de países con sistemas democráticos fuertemente robustos, como el de Estados Unidos, Inglaterra, España, Francia y otros europeos -cuna de la democracia occidental-, asoma plagada de situaciones y actos muy violentos que no han impedido la mantención de su condición democrática. En Latinoamérica, en cambio, sí la violencia intensa y frecuente (golpes de estado y guerrillas), ha estado dirigida muchas veces a suprimir o cambiar de forma no democrática y revolucionaria el gobierno imperante, terminando en terribles dictaduras deshumanizadoras.

La sociedad se erige sobre prohibiciones, y la sociedad democrática cuenta con una: la prohibición de la violencia”. Es decir, la prohibición de qué a través de la propia forma democrática, organice su propia destrucción. Un suicidio democrático. Este planteamiento es correcto en esta dimensión. La prohibición de la violencia, normada y regulada por las justicias y las normas políticas democráticas. Es una forma sociocultural, destinada a favorecer la supervivencia y el desarrollo de la vida, de las personas y del medio natural modulando nuestra historia y condicione de animales por naturaleza agresivos. La agresión como mecanismo evolutivo adaptativo de la especie. Este comportamiento biológico, es dotado de significado y sentido en hechos y relatos a través de la palabra “violencia”, en medio de diferentes campos semánticos simbólicos de significado y sentido, históricos y culturales.

Se distingue entre la violencia agresiva caliente o emocional inmediata, y la fría, planificada racionalmente, sola propia del ser humano. Aunque esta forma, tiene raíces evolutivas filogenéticas. Los comportamientos de caza grupales de los animales.

La agresividad está asociada al miedo, la ira, la frustración y el dolor. Es un mecanismo evolutivo de defensa y ataque destructor.

Desde pequeño se educa a no dañar ni hacer sufrir a los otros de forma directa o indirecta. A ser pacíficos y a no mentir cómo una forma ética y moral. Se les enseña la fuerza de la no violencia. Aunque también se puede enseñar la violencia y la mentira como forma de vida y modo existencial.

Wolfang Sofsky, asevera de forma pesimista que “la violencia absoluta, no es una regresión a un estado primitivo del alma o a una recaída de la barbarie. Es ella misma producto de la cultura humana. La violencia siempre opera en el nivel alcanzado por las fuerzas destructivas. Los hombres siempre se han destruido y asesinado como si fuese algo normal”.

“La violencia (de manera “muy amplia”) se presenta cuando la gente está influida de tal modo que su desarrollo somático y espiritual actual es mayor que su desarrollo potencial”, según Galtung.

No es igual la violencia al ejercicio del poder. El poder del amor verdadero (gratuito), por su naturaleza esencial, nunca es violento.

En la violencia, siempre hay sufrimiento y daño ejercido sobre otro. Lo convierte en víctima dolorosa de alguien que la ejerció de forma directa explícita o simbólica sobre él. Incorpora una dimensión estrictamente subjetiva que escapa a la intencionalidad de una actitud, de lo hecho o lo dicho, o a veces, del propio silencio. La frase de: “sentí que fuiste violento conmigo”, con la respuesta -siempre que sea honesta- de “lo siento, no me di cuenta, no pensé que fuera así para ti”, lo prueba desde el sentido común y la vida cotidiana.

Los empresarios hablan hoy sobre la necesidad del orden (no violento) para “reactivar económicamente el país”. Hacen un símil con el orden y la democracia.

Pero la democracia como sistema, genera un grado de desorden violento propio de su necesaria transformación evolutiva. Nunca alcanza un equilibrio perfecto, ya que condicionaría su muerte. Tampoco soporta un grado de desorden que la lleve más allá de sus mecanismos de adaptación evolutiva. La llevaría a un punto de bifurcación catastrófico. En ese estado, donde puede emerger un estado totalitario dictatorial y deshumanizador, es donde se violenta radicalmente la propia condición humana individual y comunitaria.

La violencia no desaparece, sólo se transforma.

Byung-Chul Han, se refiere extensamente a estas disyuntivas en su libro “Topología de la Violencia

“La violencia es proteica. Su forma de aparición varía según la constelación social. En la actualidad, muta de visible en invisible, de frontal en viral. De directa en mediada, de real en virtual, de física en psíquica, de negativa en positiva, y se retira a espacios subcutáneos, sub comunicativos, capilares y neuronales, de manera que puede dar la impresión de qué ha desaparecido”. “En el momento que coincide con su contra figura, es decir la libertad, se hace del todo invisible”.

“Hoy en día, la violencia material deja lugar a una violencia anónima, des subjetivada y sistémica, que se oculta como tal porque coincide con nuestra propia sociedad”.

“La situación que tiene lugar en un acto violento a menudo tiene su origen en el sistema, en la estructura sistémica en que se integra (…) que el orden de dominación establece y estabiliza, pero que sin embargo escapan a la visibilidad”

Slavoj Zizek

Es la danza metafísica autopropulsada del capital lo que hace funcionar el espectáculo, lo que proporciona la clave de los procesos y las catástrofes de la vida real. Es ahí donde reside la violencia sistémica fundamental del capitalismo, mucho más extraña que cualquiera violencia directa socio ideológica precapitalista: esta violencia ya no es atribuible a los individuos concretos y a sus “malvadas” intenciones, sino que puramente “objetiva”, sistémica, anónima”. (Slavoj Zizek; filósofo y psicoanalista marxista lacaniano)

La violencia estructural” según Galtung ( sociólogo y matemático noruego) se funda “en estructuras establecidas en el sistema social se ocupan de la persistencia de las condiciones de injusticia” (…) con relaciones de poder injustas (…) diferencias de oportunidades injustas sin manifestarse como tales”.

Su invisibilidad hace que las víctimas de la violencia no tomen conciencia directa de la relación de dominación. De ahí su eficiencia”.

Hoy se hizo y hace visible.

Byung-Chul Han, distingue una violencia frente a lo distinto (miedo a lo distinto) negativa, y otra más destructora, que llama positiva dada por el exceso forzado de lo igual, de lo positivo que elimina lo negativo propio del ser humano. Desparece la relación con el otro y sus características personales propias y sus diferencias en medio de una autoexigencia personal individualista, narcisista, competitiva, y destructora. Afirma el autor, que es una característica propia del sistema de mercado neoliberal. Uno sería a la vez patrón y esclavo de uno mismo, pero paradojalmente, percibiéndose más libre por ser una decisión tomada personal y subjetivamente sin una coacción externa.

Freud habla de la necesaria presencia del super yo cultural social para controlar los impulsos de muerte entrópicos que anidan en el inconsciente. Si no es así las relaciones sociales personales y comunitarias se destruyen en la agresión violenta.

Por su parte, Emmanuel Levinas, habla del origen de una violencia esencial que nace en el no reconocer -a partir de su rostro-, la alteridad (diferencias radicales) del otro. El Otro -otra persona – siempre se presenta en una posición ética moral anterior a uno. No hay simetría entre un yo y un tú. Siempre el otro antes que uno. Su fundamento es la presencia en el otro (y en uno mismo) de lo absoluto (Dios para él) y del universo completo desde sus orígenes. Sentido puro, donde el rostro del otro lo interpela a uno y a la comunidad, en un silencio que habla y susurra: “No me matarás” “Eres responsable de mi vida”. “Eres el guardián de tu hermano”. Soy tu prójimo.

“Todos somos responsables de todos, de todo, ante todos, pero yo primero que todos”.

El 2019 se afirmó en Chile: “Ciertamente hay una forma organizada de violencia”.

Error. La ira de los manifestantes nace de la frustraciones de la vida cotidiana, (…) La sociedad chilena vive en una sociedad de disparidades económicas extraordinarias (…) La distribución del ingreso antes de impuesto es muy desigual (…)pero es el gobierno de Chile quien hace menos para reducir la desigualdad económica a través de impuestos o transferencias de riquezas (…) por el que es el que tiene el nivel más alto de desigualdad de ingresos después de impuestos de la OCDE” ( N.Y.T. 23/ 10 /2019).

Chile ¿está aprendiendo del precio violento de la desigualdad?

Las desigualdades son parte de las violencias simbólicas sistémicas y estructurales, nos ilustran Zizek y Galtung.

 Cuando las protestas populares, bajo la forma de movilizaciones pacíficas, huelgas, manifestaciones de masas, boicots, turbas furiosas ( sin control racional) atacando y quemando edificios , buses , bienes públicos , autos, saqueando, atacando y siendo atacados por las fuerzas de represión, control y orden, movidas por sus motivaciones específicas ( “mejores pensiones, “Metro más barato”, suspender el CAE”, “No más AFP”, “no más injusticias sociales”, “no más violencia contra la mujer” “devuelvan nuestras tierras ancestrales”) , se politizan, las reivindicaciones puntuales comienza a funcionar como una condensación metafórica simbólica de una oposición universal al gobierno, al estado y a todo lo que simbolice y detenten el poder económico y político. Los que manejan algún tipo de poder económico y político, son sindicados como la causa de la injusticia, las desigualdades y la opresión. Se produce un desplazamiento simbólico. Se los quema, haciéndolo con una estación del metro. Se quema el supermercado como un símbolo universal del poder hegemónico.

Observar el fuego en acción, fascina al ser humano. La masa descontrolada y violenta se representa en el fuego según Canetti. El quemar termina como un ritual sacrificial violento de purificación hacia la muerte y la nada: “Sólo quedaron cenizas y restos irreconocibles”. “Acabar con todo”.

¿Cómo entender, pero no justificar, la represión descontrolada y también irracional donde se puede llegar a matar a una persona violando los derechos humanos?

Con un arma en la mano y entrenado en uso en contextos de violencia, confrontación y lucha, se produce una placentera sensación de goce (una erotización) por el poder de destrucción que inunda a la persona. El sentido de matar al otro, se vuelven irrelevante o fuera del discernimiento ético. Es una especie de ceguera ética. El otro, deviene sólo un objeto a destruir.

Recordar la tendencia a la desregulación emocional omnipotente, narcisista y la acción grupal violenta de los jóvenes, donde se difuminan la identidad individual y las responsabilidades éticas de forma emocional e impulsiva. Las condiciones anómicas (sin normas) de grandes poblaciones vulnerables y marginadas (“perdedores radicales” y “descartados”) secundarias a la ruptura de sentido y a la desesperanza, pueden dar lugar a comportamientos violentos nihilistas. Las visiones nihilistas no son asimilables estrictamente a la violencia ideológicamente anarquista. Ni asimilables a las conductas sistemáticamente delincuenciales. Tampoco a las conductas explosivas de saqueo, donde “cualquiera puede ser un violento saqueador potencial”.

La actual democracia es post pragmática, post política y violenta. Fragmentada, despolitizada, y violenta de forma relacional “rizómatica” (rizoma: raíces entrelazadas horizontalmente). Entre los intersticios de las mallas y redes de las relaciones personales fragmentarias ciudadanas y micro locales, emergen y se cristaliza la violencia interpersonal, grupal y volátil. Asociada a la ira por una liberación viral del deseo con una frustración asociada, pero sin fundamento alguno. Finalmente, vacía y desfundada del ser, como una subjetivación del no ser que conduce tarde o temprano a un vacío deshumanizador sin alcanzar sentido alguno.

Nuevamente Zizek, desde la “post política”, nos advierte que cuando ella pretende mantener las demandas específicas y legítimas en el ámbito de los problemas y soluciones prácticas despolitizadas perpetuándolas, genera crisis y explosiones violentas e irracionales mantenidas.

No queda más que intentar mantener un control y prevención de índole ético, moral, y espiritual. Un diálogo social sobre la violencia. Desmantelar los factores de riesgo para su aparición ya sea explícita o implícita, simbólica y estructural sistémica, a niveles personales, psicosociales, grupales, comunitarios, y económicos, lo que no impedirá su eliminación, pero que sí permitirá formas de vida más humanizadoras.

La violencia es parte de nuestra condición humana. De nuestra negatividad esencial

La violencia se combate con la educación y la formación ética, moral y espiritual para la paz. Se combate con la liberación de las fuerzas de la “no violencia”.

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