Acertijos

por Juan Enrique Piedrabuena

¡Remolinos de viento!

vaticinó la hechicera que yo amaba.

¡Remolinos de agua!

sentenció el agorero del pueblo.

Pregunté

 a los presentes y a los ausentes

sobre la verdad de la milanesa,

y solo se escuchó silencio.

Entonces, 

como volantín abandonado

quedé

 tiritando en remolinos de viento.

¡Remolinos de agua!

¡Remolinos de viento!

gritó el tonto del pueblo

y la hechicera que yo amaba no dijo nada.

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