Archipiélago Juan Fernández – El encanto de las islas

por Gabriel Pérez Mardones

Qué duda cabe: viajar a la isla que lleva el nombre del más célebre náufrago es, a todas luces, una experiencia que vale la pena vivir. Tomar un vuelo que dura poco más de dos horas o, en su defecto, zarpar desde el puerto de Valparaíso y navegar un par de días, es también parte de la aventura que significa llegar a la isla Robinson Crusoe.

Pocas veces tenemos la oportunidad de estar en presencia de un ecosistema tan diverso, único y, a la vez, tan frágil y amenazado.

Por eso vale la pena…

Por eso es necesario saber un par de cosas antes de embarcarse rumbo a estos territorios.

Por un lado, está la tierra que albergó la estadía de Alexander Selkirk, con todos sus componentes novelescos; y por otro, se hace casi ineludible admirar los diversos elementos que componen la vida en estos territorios de ultramar: riqueza histórica, naturaleza extrema, flora y fauna endémica, escarpada geografía.

Todos estos antecedentes inclinaron la balanza para que, a partir de 1935, este conjunto de islas fuera declarado Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, y 42 años después la UNESCO hiciera eco de esta decisión al incluir al archipiélago en el listado de sitios con el título de Reserva Mundial de la Biosfera.

Un rótulo que convierte a este conjunto de islas en un lugar único en el planeta, por sus altas tasas de endemismo.

 Por eso es necesario preservar este lugar; por eso es imprescindible protegerlo y cuidarlo de las amenazas externas que ponen en riesgo el precario equilibrio que aún mantiene.

Durante 24 años he sido un asiduo visitante de estos promontorios ultramarinos y he podido apreciar en terreno los contrapuntos de su progreso.

Todo viaje tiene en sí una conquista y, en cada uno de ellos, se suman agentes externos. Así, van quedando enquistados en las islas los residuos del desarrollo, y las especies introducidas se convierten en un verdadero dolor de cabeza: una semilla que se trajo para hacer cercos y que, con el paso del tiempo, desbordó su territorio; un tambor de combustible corroído por el aire marino; larvas de   avispas que viajan en un cajón de frutas; un insecto, un animal…

Todos estos agentes externos que alteran el precario equilibrio de este territorio insular constituyen para las autoridades una tarea urgente a considerar. Por eso es tan relevante la información disponible para hacer frente a estas dificultades y conservar en su estado más prístino esta reserva: ese es el verdadero desafío.

Desde que Federico Johow publicó en 1896 Estudios sobre la flora de las islas de Juan Fernández, el número de especies introducidas ha resultado realmente   alarmante. En poco más de un siglo, la cifra aumentó considerablemente, hasta alcanzar números cercanos a las 500 especies ajenas a estas islas.

Estos datos me recuerdan las palabras del botánico francés Philippe Danton, escritas en su ensayo El Archipiélago de Robinson Crusoe: Una joya biológica en peligro: “Recordemos que una especie nueva llega de manera natural a este tipo de isla cada 8 mil años. Esto significa que la flora introducida en el archipiélago aumentó cinco veces y que nuestra especie humana realizó en 110 años lo que la naturaleza habría hecho en 2.696.000 años.”

Antecedentes realmente alarmantes.

Por eso, la isla mayor del archipiélago es solo el punto de partida de un paisaje que nos sumerge en otras profundidades.

A comienzos de 2018, el mar que circunda este paraíso de los botánicos pasó a formar parte de una extensa zona protegida, junto con el Parque Marino Nazca-Desventuradas (islas San Félix y San Ambrosio), sumándose así a una vasta red de parques marinos en las costas chilenas.

Este dictamen no hizo otra cosa que resguardar las numerosas especies que habitan sus aguas, entre ellas corales, actinias y anémonas, así como también el lobo fino de dos pelos, las ballenas jorobadas y el delfín nariz de botella.

Esta noticia —alentadora, por lo demás— convierte a este conjunto de islas en uno de losecosistemas más protegidos del planeta, tanto en su área marítima como terrestre.

Sin embargo, eso no quita que las islas que componen este maravilloso lugar sigan manteniendo esa condición de territorio frágil.

Por eso es tan importante preservar estas áreas, y este tipo de dictámenes son, sin duda, un buen síntoma que presagia mejores condiciones para las futuras generaciones.

Texto y Photo. Gabriel Pérez Mardones

* Autor del libro” Archipiélago Juan Fernández, Historia y Biodiversidad en Latitud 33 Sur “Editorial Ocho Libros – 2015

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4 comments

María Eugenia Beéche Brum octubre 23, 2025 - 10:13 pm

Fotos maravillosas!!

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Olaya Perez octubre 24, 2025 - 1:01 am

Gabriel eres estupendo escritor muy buenas tus descripciones claras y directas y el texto fluye e interesante!

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Helen fajardo green octubre 24, 2025 - 6:25 pm

Excelente relato estimado Gabriel!! Siempre aportando a nuestro querido Archipiélago de Juan Fernández

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Marcelo Bauza octubre 25, 2025 - 12:50 pm

Hay tesoros que por suerte aún son protegidos y notas ayudan a su preservación. Gracias Gabriel por la sensibilidad y tu vocación por la isla

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