Un país que creemos conocer, pero que siempre nos sorprende. Incluso los cerca de 500.000 chilenos que viven en sus provincias y que mantienen fuertes vínculos con Chile, nos desconciertan al haberse asimilado a las circunstancias en que viven, trabajan y se desarrollan. Tenemos una amplia red consular que los atiende en 14 provincias desde Salta a Ushuaia. Son chilenos, pero de alguna manera también son argentinos.
Compartimos una historia y la tercera frontera más larga del mundo con 5.300 kms. Y más de 3 millones de personas cruzan la frontera anualmente. Últimamente el comercio bilateral se ha visto impulsado por las exportaciones argentinas de gas y petróleo provenientes de los promisorios yacimientos de Vaca Muerta. Cerca del 40% del gas que consumimos en Santiago, Valparaíso y O’Higgins viene de Argentina. Más de 600 empresas chilenas están presentes en Argentina desde los tiempos de Menem, entre ellas todos los principales grupos económicos.
Somos rivales en el fútbol, deporte de multitudes, pero en el fondo reconocemos su superioridad.
Despejar la mente
Quien analice Argentina con los parámetros chilenos está destinado a equivocarse. El trasfondo cultural que compartimos desde tiempos de la colonia no oculta, sin embargo, las diferencias con que ambos países se han ido desarrollando desde la gesta de la independencia.
Lo primero que llama la atención es el dinamismo de la sociedad civil -su fuerte carácter democrático y la capacidad cultural y creativa de la población- en contraste con un sistema político, desde hace décadas democrático, pero hasta ahora incapaz de conducir el país en las turbulentas aguas del siglo XXI. El régimen de partidos políticos es muy diverso al chileno, estructurado en torno al peronismo y el anti-peronismo, marcado fuertemente por ese movimiento que hunde sus raíces en la década del 30 del siglo pasado.
A diferencia de Chile la Argentina es, además, un país constitutivamente federal con fuertes polos de desarrollo en diversas provincias, pero donde predomina Buenos Aires: Dios está en todas partes, pero atiende en la capital, suelen decir los porteños. Sin embargo, de las provincias apartadas han surgido importantes presidentes como Menem y los Kirchner. Hoy el equilibrio interno está cambiando al cobrar mayor relevancia económica las provincias patagónicas con sus yacimientos energéticos y las fronterizas con Chile en el centro norte (de Mendoza a Jujui) al comenzar la explotación de los minerales estratégicos codiciados por el mercado internacional, como el cobre y el litio.
La sociedad argentina es compleja y con desarrollo desigual. Hay sectores de punta, como el agropecuario y en ciertos rubros científicos como la biotecnología, la actividad aeroespacial y la producción de reactores nucleares. Así lo demuestran los datos y sus 5 Premios Nobel, siendo el país de Latinoamérica que más galardones ha recibido. Mención especial merece la industria cultural y en especial audiovisual, así como el desarrollo de la vitivinicultura a los pies de la cordillera.
Faltan dólares

Hace varias décadas Argentina sufre una fuerte escasez de divisas. Sus exportaciones tradicionalmente agropecuarias y en menor medidas industriales no alcanzan a cubrir las necesidades de importación de bienes e insumos y el servicio de una abultada deuda externa. Ello ha provocado una obsesión ciudadana por el precio del dólar como indicador del curso de la economía. Muchos consideran que existe de facto de una economía bimonetaria. A eso se suma un déficit fiscal crónico, que ha llevado a los gobiernos a emitir moneda sin suficiente respaldo provocando inflación y a endeudarse.
Argentina ha recurrido al crédito internacional, siendo en la actualidad el principal deudor del FMI. En el gobierno de Macri ese organismo le prestó 45 mil millones de dólares, crédito que fue renegociado durante el gobierno de Alberto Fernández e incrementado durante la administración de Milei con un nuevo préstamo por US 20.000 millones, luego Trump le dio un nuevo respaldo por otros 20 mil millones, además de un swap chino por US15.000 millones, sin contar la deuda con otras agencias y la banca privada. millones. El pago de la deuda externa ha sido una pesada mochila para todos los gobiernos, que esperan atraer inversiones internacionales con un resultado relativo, concentrada en los sectores minero y energético.
El cometa Milei

La crisis provocó el ascenso rápido de una figura política nueva (no era de “la casta”) con propuestas radicales, que entusiasmaron a una mayoría del electorado que le dio su respaldo en segunda vuelta. Transcurridos más de dos años y medio de su gestión, la gente aprecia el descenso de la inflación a una cifra en torno al 2,5% mensual y el ajuste al gasto público para alcanzar equilibrio fiscal. Sin embargo, el consumo y la producción no agrícola ni energética se ha frenado, y la gente empieza a mostrar síntomas de cansancio frente a la fuerte disminución de sus ingresos efectivos provenientes del trabajo y las jubilaciones.
Todo ello ha afectado la popularidad del presidente y, pese al triunfo en las últimas elecciones parlamentarias, hoy se pone en discusión su reelección el próximo año. Ciertamente en ello inciden también otros factores que tienen que ver con acusaciones de corrupción, nuevo clientelismo y malos tratos con cualquiera que formule una opinión crítica, incluida la prensa y algunos importantes empresarios industriales.
El campo político opositor -en especial el peronismo- todavía no define con claridad ni un proyecto alternativo viable que no repita los errores del pasado, ni un liderazgo que cuente con fuerte respaldo popular. Pero como sabemos, en política los vacíos se ocupan y todo hace prever que emergerán distintas figuras opositoras para medirse en una primaria -que los argentinos llaman PASOS- o en una primera vuelta.
El espectro oficialista aparece tensionado por rivalidades de grupos dentro del propio gobierno, que desafían el poder de la hermana del presidente Karina Milei, hasta ahora sin éxito. En torno suyo se han agrupado sectores del peronismo menemista contribuyendo a expandir el partido de Milei, La Libertad Avanza, en todo el país.
Milei, además de jefe de Estado, es una figura relevante del movimiento neoconservador en boga, en sintonía con personajes como Trump, Netanyahu, Bolsonaro y Bukele. Sus ideas anarcocapitalistas inspiradas en la Escuela austriaca le confieren un perfil especial que se expresa en la radicalidad de sus discursos contra “la casta”, el wokismo y cualquier posición que tenga alguna dimensión social. Sus ideas han ido triunfando en varias de las últimas elecciones en la región. No todos los nuevos líderes tienen un mismo actuar o decir, pero transmiten en una frecuencia parecida. La gran incógnita es el resultado de la elección de Brasil en el próximo mes de octubre.
La mirada hacia el Pacífico
Un nuevo fenómeno en Argentina es el interés que despierta el Asia Pacífico. Tradicionalmente Argentina con su fuerte migración europea y del Medio Oriente, miraba exclusivamente hacia el Atlántico: de ahí venían sus ancestros. Si bien el reciente acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la UE puede reforzar esa tendencia, la creciente importancia de los mercados asiáticos, especialmente China que es el segundo socio comercial después de Brasil, hace que una parte significativa de Argentina alargue el horizonte y busque exportar e importar a través de puertos chilenos. Es una gran oportunidad para Chile si sabe aprovecharla bien. Porque lo mismo ocurre en Paraguay y el sur de Brasil, como lo demuestra el interés por el corredor bioceánico de Capricornio, que a través de 2.400 kilómetros estás llamado a potenciar la conectividad del centro-sur de Brasil, Paraguay y el norte argentino a través de los pasos de Jama y Sico con los puertos de Antofagasta, Mejillones, Tocopilla, Iquique e incluso Arica.
Otro tanto, con características diversas, ocurre con los diversos pasos priorizados. Hay una creciente presión de comercio entre los dos países, que tensionan el funcionamiento y la estructura de dichos pasos, que exigen en ambos lados de la cordillera una atención y una dirección más eficiente.
Chile y Argentina hacia el futuro
Hasta ahora Chile no ha advertido la oportunidad de crecimiento económico que este nuevo fenómeno trae consigo. Dentro de algunos años podría Argentina exportar GNL a través de Talcahuano y los minerales del norte debieran salir por nuestros puertos aprovechando el Tratado Binacional minero en la configuración de negocios.
Todo indica, además, que ambos países seguirán intensificando su colaboración para defender y proyectar el Tratado Antártico en defensa del continente helado como zona de paz y conservación ecológica abierta a la investigación científica. Otro tanto debiera ocurrir en los mares australes y en el aprovechamiento de los pasos navegables.
Un avance significativo se ha dado en el entendimiento entre nuestras FF.AA. y policías frente a los cambios geopolíti cos y los nuevos desafíos a la seguridad.

Gran parte de la estrechez crónica de divisas de la Argentina puede resolverse de aquí a 10 años cuando se desarrolle en plenitud la explotación de Vaca Muerta y la minería esté en auge. El desafío político es como el país llegará a esa cita teniendo en cuenta su gran potencial y al mismo tiempo las serias limitaciones actuales, que en gran parte se refieren a un esquema político.
El país requiere renovación, diálogo y acuerdos.
En ese caminar Chile debe estar a su lado para bien de sus pueblos. Contamos con los tratados y acuerdos necesarios para impulsar la relación bilateral. La convergencia estratégica de ambos países, asumiendo sus diferencias, es un factor de estabilidad, paz y progreso para todo el continente. Dicho entendimiento debe estar abierto a todos los países de América Latina aprovechando y perfeccionando los mecanismos de integración con una mirada realista y un enfoque políticamente plural.