El inesperado y contundente triunfo de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta presidencial de Colombia dejó sin aliento a la izquierda, al centro progresista y al mundo democrático. Las últimas encuestas conocidas daban cómoda ventaja al candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda, cuyas expectativas incluso se elevaban a un triunfo inmediato. Nadie proyectó que el vertiginoso salto del “Tigre”, seguiría su trayectoria ascendente en las últimas semanas, ni lo que es más decisivo, que la fractura de la derecha resultó ser sólo una performance: el ahora alicaído expresidente Álvaro Uribe dejó caer a Paloma Valencia y apostó a ganador. La propia candidata y su mentor lo pusieron en evidencia cuando endosaron su apoyo al líder del movimiento “Defensores de la Patria”, apenas se conoció el último cómputo. Este arrojó un 43, 74% para el primero y 40, 90 para el segundo.
Hacia la próxima contienda del 21 de junio se anticipan semanas intensas y de aguda confrontación. El mismo presidente Gustavo Petro abrió esa puerta al poner en duda el resultado entregado por la Registraduría y anunciar que esperará el conteo de las comisiones escrutadoras dirigidas por los jueces de la República. Su declaración, puso una camisa de fuerza a Iván Cepeda, quien no pudo sino asumir la tesis del Mandatario, en su primer discurso concluida la primera vuelta. Aunque al día siguiente el candidato llamó a una conferencia de prensa y -sin desmarcarse completamente de la declaración de Petro- afirmó que tras una noche de minucioso trabajo sus equipos no habían encontrado evidencias de eventuales irregularidades.

La fortaleza de Cepeda, ampliamente reconocida, es su honestidad, autenticidad y coherencia. De carácter reflexivo y prudente, con una extensa trayectoria de lucha por la democracia y la paz. Se sabe que su padre, militante del Partido Unión Patriótica, fue asesinado en 1994 sumándose a las más de seis mil víctimas del “exterminio sistemático y genocidio” de esa organización. Así lo admitió en 2025 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Por ello, quienes le escucharon el domingo por la noche sabían a qué se refería cuando dijo: “Nuestra vida ha sido una constante lucha, sin pausa. Y en los momentos más difíciles hemos sabido salir adelante”.
Algunos analistas, como el director del centro bogotano Razón Pública, Hernando Gómez Buendía, sostienen que sus cualidades serían también su debilidad. Arguye que en su campaña apuntó casi exclusivamente a convocar a los nadies (los pobres, los jóvenes, los habitantes de la periferia; la población negra, indígenas) sectores a los que prometió continuar y profundizar las políticas sociales del primer gobierno de izquierda en Colombia, que muestran alta aprobación ciudadana. La participación del 57, 88% del padrón electoral fue una de las más altas votaciones de primera vuelta presidencial que se recuerdan en el país. Pero el perfil de la campaña de Cepeda requería una mayor “avalancha” de votantes…

El aumento de los enfrentamientos entre el ELN y las disidencias de la ex FARC favorecieron el abstencionismo y al candidato de ultraderecha. Así se manifestó, por ejemplo, en Catatumbo en el norte del departamento de Santander, una de las regiones más afectadas por el conflicto armado. Allí la abstención fue mayor que el nivel nacional. Abelardo De La Espriella obtuvo 81.742 votos contra 13.831 de Iván Cepeda. Entre las causas de este resultado, se cuenta el desplazamiento de más de cien mil personas en febrero de 2025, cuando se inició el recrudecimiento de la guerra. Estas no han podido regresar a las localidades donde están inscritas. Pero hay más. Por De la Espriella votó la derecha, pero también los desilusionados del petrismo, los que ven afectados por los innumerables problemas que se originan en la frontera con Venezuela: extorsión, secuestros, reclutamiento de menores. Miedo.
De la Espriella se presenta como referente anti-partido, un outsider que simboliza la batalla entre “los de Siempre versus los Nunca”. Entre estos últimos estarían los que Nunca han vivido a costa del Estado y los que Nunca dejarán de estar firmes con la Patria. Su programa no se aparta de las recurrentes promesas del arco derechista tradicional: orden, seguridad, reducción del Estado, disminución de impuestos, recuperación económica.

Por otra parte, el contraste entre las dos campañas fue absoluto. Así lo mostró la puesta en escena del candidato ganador el domingo en la noche en la ciudad de Barranquilla: un fabuloso despliegue pirotécnico en medio del río Magdalena, iluminó el barco desde donde se dirigió a sus seguidores que lo esperaban en el malecón. De la Espriella no escatimó epítetos y amenazas, lenguaje que acompañó toda su campaña, respaldada por una enorme inversión en redes sociales y plataformas digitales. Apeló al discurso de odio contra la izquierda, a la exaltación de los símbolos patrios y a denostar los esfuerzos invertidos en el proceso de paz. El rechazo que provocan muchas de sus declaraciones, no hacen mella al encandilamiento que su figura carismática provoca en las multitudes.
Rediseñar la estrategia

Las primeras reflexiones destacan que el populismo desplazó a la derecha tradicional. Se anticipa el fin del uribismo en un contexto geopolítico en el que el Modelo Trump suma referentes en Sudamérica, una subregión que no está ajena a la inestabilidad global sin precedentes, a una evidente crisis y al resquebrajamiento del sistema de partidos políticos. Para el progresismo este escenario alerta la urgencia de un rediseño de campaña. La segunda vuelta será una nueva elección en la que están en juego definiciones estratégicas del país y el peligro de un retroceso democrático.
El Pacto Histórico tiene fortalezas que puede desplegar en este segundo tiempo. Se trata de una fuerza política en ascenso, que transitó desde una coalición de agrupaciones partidarias y movimientos de izquierda a la unificación como partido político. En poco tiempo logró una amplia participación en la consulta para definir la candidatura presidencial, que ganó Iván Cepeda en octubre del 2025. En las elecciones parlamentarias de marzo de este año se convirtió en la primera fuerza política en el Senado, alcanzando 25 curiles. Los casi 9,5 millones de votos que obtuvo Cepeda en esta segunda vuelta lo convierten en el candidato de izquierda más votado en Colombia. Esta adhesión también se explica por los logros alcanzados en los cuatro años de gobierno. Entre otros, la reducción de la tasa de desempleo y la pobreza estructural, junto con el aumento del salario mínimo; la recuperación de derechos laborales y la reforma pensional; el pago total de la deuda al FMI, el avance en la transición energética y la recuperación de la deforestación, entre otros.

Iván Cepeda y su acompañante de fórmula la autoridad indígena del pueblo Nasa, Aída Quilcué, se anotó el apoyo de un amplio espectro progresista, como los excandidatos presidenciales que desembarcaron en su candidatura cando ya figuraban en la boleta de votación: el excanciller Gilberto Murillo, el exsenador Roy Barreras y el exgobernador de Magdalena, Carlos Caicedo. Con anterioridad ya había anunciado su adhesión el exministro Fernando Cristo, líder del del Partido Marcha, y el senador de la Alianza Verde Ariel Ávila. Pero la elección mostró que esos apoyos no son suficientes para una segunda vuelta que unificará el voto de la derecha.
La alianza con el centro político será crucial en esta coyuntura. Si bien no hay anuncios oficiales, hay indicios que adelantan conversaciones con Sergio Fajardo (que obtuvo el 4% de la votación, más de un millón de votos). También con Claudia López, la ex alcaldesa de Bogotá, quien sacó cerca de 250 mil preferencias. Pero más que a las matemáticas se apunta a los contenidos. Un tema clave en estas conversaciones es deponer la insistencia en la Asamblea Constituyente, una apuesta que puso en agenda el presidente Petro que, claramente divide al centro izquierda y tiene pocos convencidos, incluso en las propias filas del Pacto Histórico. La senadora María José Pizarro, importante figura y una de las voceras del partido, aseguró este lunes que desde el comando de campaña no se está promoviendo tal propósito.