Una mujer resplandeciente de
edad indefinida
se cruzó en mi camino,
como una bella aparición entre los muertos
que cuando besa
te quema al instante.
¡Se me había revelado una estrella fulgurante!
Me preguntó si quería bailar con ella un tango,
acepté de inmediato con entusiasmo,
y alejándome de negros pensamientos
tomé a esa mujer remota de la cintura
y aventuramos juntos,
unos pasos de baile.
¡Se me había revelado una estrella fulgurante!
Se detuvo el tiempo
y bailamos abrazados un largo rato,
ni Mickey Mouse podía seguirnos el paso,
mientras la ciudad desfallecía en
medio de la peste.
¡Se me había revelado una estrella fulgurante!
Al final me apartó con un gesto amable,
me dio las gracias con suave voz,
había sentido campanas en mi abrazo,
pero prefería bailar sola
con sus muertos,
y frente a mí se abrió un camino largo.
¡Se me había revelado una estrella fulgurante!
Seguí ese camino en silencio,
miré hacia atrás y hacia el cielo,
prometiéndole a mi estrella aparecida
que nos veríamos antes del fin del mundo,
para bailar otra vez un tango.
¡Se me había revelado una estrella fulgurante!