La revolución cultural

por Francisco J. Zañartu. G

En el país de las metáforas 

Cuando escucho la palabra cultura saco mi revólver” está frase, asignada -confusamente- al general nazi Joseph Goebbels, permite revisar el concepto de cultura. Según la Real Academia Española por cultura se entiende: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo, artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

Sería interesante revisar lo que esto significa en un país gobernado por metáforas. El presidente de la República declara que las investigaciones científicas gastan millones para quedar olvidadas en bibliotecas, la ministra de deportes dice que la primera prioridad es que los deportistas estén bien vestidos y baja los juegos  nacionales y paranacionales, Quiroz envía una mega reforma que intenta eliminar los derechos de autor en proyectos de IA (fue rechazado), sin olvidar que el Primer Mandatario colisiona con los arqueólogos al declarar que no van a dejar de avanzar por unas pocas chinchillas.

Esto podría ser anecdótico si no fueran un cambio de eje, nueva mirada respecto del rol estatal en temas tan esenciales como la ciencia, el deporte, la propiedad intelectual y nuestro patrimonio antropológico. Pareciera ser que nos enfrentamos a una revolución cultural que -guardando las diferencias – nos recuerda a Mao prohibiendo la lectura de Confusio.

Los porfiados hechos

Cuando asumió el Ministro de Hacienda pidió un recorte del 3% a cada uno de las secretarías de estado, su colega de Cultura, Francisco Undurraga, se pasó a varios pueblos y decidió que esta reducción fuera del 9,8%.  Este publicista olvidó lo que había aprobado, como diputado, en la Ley de presupuesto. Su excusa fue que el año anterior no se había gastado todo el presupuesto del año, este argumento resulta poco sólido, puesto que, es sabido que cuando no se gasta todo el presupuesto, el dinero no queda en el ministerio sino que vuelve a las arcas fiscales.

Con la plata estatal no se puede trabajar en vueltos.

Uno de los hechos que se nos ha informado, a pesar del gobierno, es la decisión de finalizar anticipadamente el contrato de construcción de la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) que buscaba construir el centro de eventos más grande del país. Otro proyecto que se verá afectado es el plan de fomento lector, lo que implica la discontinuidad del programa Bibliomás (Bibliometro) que contempla 30 módulos a nivel nacional e hizo más de doscientos mil préstamos el 2025.

Además se descontinuará el Programa de Biblioteca Pública Digital que hizo 396.000 préstamos. Esto se conecta con las restricciones que se proponen a proyectos en educación.

La mala educación 

Las restricciones en educación recuerdan la película de Almodóvar, sin embargo, se trata de algo mucho más realista.

Uno de los programas que será descontinuado es el Plan Nacional de Lectura dependiente del Ministerio de Educación, lo que resulta muy grave en un país donde, como reconoce Bárbara Negron del Observatorio de Políticas Culturales, “Hay bastante consenso, a nivel nacional, de los problemas de comprensión de lectura en niños y niñas y, lejos de reforzar esto, se pretende descontinuar este plan.”

Eso no es todo. La revolución cultural tiene más noticias que no han sido destacadas y que muestran lo que se puede hacer -deshacer- en poco más de dos meses.

En abril salió un oficio del Ministro Quiroz donde se pide reducir la Beca ayuda vocación profesor, que sería presentado al congreso para su discusión en la ley de presupuestos, es decir, no dar ningún incentivo a los jóvenes que se quieren dedicar a la educación. Esto fue enfáticamente rechazado por el Colegio de profesores. Su presidente declaró que esto es un nuevo retroceso en nuestra educación.

Los retrocesos son muchos y, al paso que vamos, no sería raro, que mañana se quemarán libros como “El cubismo” o “La revolución de las células”. Eso ya se ha visto.

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