Los Hermanos Grimm se basaron en un hecho con raíces históricas para dar vida al cuento del músico que fue capaz de limpiar al pueblo de una mortal plaga de ratones.
Los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm escribieron en 1816 Der Rattenfänger von Hameln, cuya traducción es El cazador de ratas de Hamelín, hoy conocido como El flautista de Hamelín. Según la versión, el lector se puede encontrar con la historia de un estrambótico músico ambulante que se llevó con el sonido de su instrumento a una plaga de ratas y las lanzó al agua; pero también está la historia donde los que mueren ahogados son los niños del pueblo.
Como toda obra de los Hermanos Grimm la raíz folclórica está presente y ellos la adaptaron con “amabilidad” para que sean aptas para niños. ¿Qué hay detrás de este cuento? Investigaciones realizadas por historiadores no entregan una versión exacta, pero si hay un denominador común: la figura oscura del flautista.
A la mañana siguiente el flautista se presentó ante el Consejo y reclamó a los hombres de la ciudad las cien monedas de oro prometidas como recompensa. Pero éstos, liberados ya de su problema y cegados por su avaricia, le contestaron: “¡Vete de nuestra ciudad!, ¿o acaso crees que te pagaremos tanto oro por tan poca cosa como tocar la flauta?”.
Un relato medieval

En el año de 1284 apareció en el pueblo de Hamelín un hombre muy extraño. Llevaba una capa de muchos colores y afirmaba poder librar a la ciudad de la plaga de ratas: a cambio pedía cierta suma de dinero. Los pobladores desesperados aceptaron el trato, mas al verse libres de los roedores se negaron a cancelar su deuda.
Furioso, el colorinche músico regresó en la noche de San Juan y San Pablo, pero esta vez su aspecto no era divertido sino que inquietantemente siniestro. Comenzó a tocar su flauta y con su música se llevó a 130 niños, sacándolos por la puerta este de Hamelín, para desaparecer con ellos en una cueva. Solo tres se salvaron, uno muy pequeño –hay versiones que lo señalan como un cojo que no alcanzó a entrar a la gruta -, uno ciego y otro mudo; todos sin posibilidad de contar qué vivieron entre las rocas oscuras.
Esta leyenda se enmarca en la Edad Media y ya en el año 1300 la historia se representó en los vitrales de una iglesia del mercado de Hamelín (la cual fue destruida en el siglo XVII). En esta creación, el flautista solo se llevaba a los niños y no había rata alguna en la escena.
A falta de ratas, quienes acudieron a él como hipnotizados fueron los niños de la desgraciada ciudad. Luego el flautista salió nuevamente de Hamelín, siempre tocando la flauta, seguido por los chiquillos que no eran dueños de sí mismos, y jamás se le volvió a ver. Ni al flautista ni a los niños.
Ya entrado el Renacimiento, el Conde Froben von Zimmern, en 1565, describió en una crónica familiar sobre la plaga de roedores; animales que arrasaban con los cereales y que –ellos no lo sabían- eran los portadores de la temible peste negra. Estos datos permiten darle una base real al cuento de los Hermanos Grimm, y sienta el precedente para que los investigadores ahonden en la historia.
La desgracia

La historia de una misteriosa desgracia ocurrida en la ciudad de Hamelín, Alemania, el 26 de junio de 1284, desató la obsesión de varios artistas. Se conocen escritos que afirman que “el hombre que tocaba la flauta vestía un atuendo muy colorido y llamativo, y emitía unas notas hipnóticas con su instrumento,” que hacía que los roedores desfilaran a través de las calles de Hamelín. Con su talento el flautista recorrió el pueblo y pasando casa por casa logró que las ratas se unieran a su procesión.
Sin embargo, cuando el pueblo se vio libre de la plaga se negó a pagarle por sus servicios, por lo que el flautista – furioso- prometió vengarse y se aseguró de atacarlos en su punto débil: sus hijos.
De hecho, en las propias paredes del pueblo de Hamelin se afirma esta fábula.
Furioso por la avaricia y la ingratitud de los hamelineses, el flautista, al igual que hiciera el día anterior, tocó una dulcísima melodía una y otra vez, insistentemente. Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico.
En el medio del pueblo se puede observar una piedra en la supuesta casa que acogió al forastero, la cual reza “El 26 de junio de 1284, en el día de San Juan y San Pablo, 130 niños nacidos en Hamelin fueron sacados de la ciudad por un flautista vestido con ropas multicolores. Después de pasar el Calvario cerca de Koppenberg, desaparecieron para siempre”.

Esta inscripción data del año 1602 y no es la única referencia a los hechos. Según investigó la BBC, en los registros de la alcaldía de Hamelín, en el año 1384, hay un documento que afirma: “Pasaron 100 años desde que se fueron nuestros hijos”. Incluso William Manchester en su libro A World Lit Only by Fire fecha los sucesos el 24 de junio de 1484, y afirma que el misterioso flautista en realidad era un psicópata y pederasta; “hay las versiones de la historia donde de los niños nada vuelve a saberse, mientras que otros testimonios cuentan como fueron encontrados cuerpos desmembrados y esparcidos entre la maleza del bosque o colgados de las ramas de los árboles.
El Flautista de Hamelín… fue un hombre real, pero no tenía nada de encantador. Todo lo contrario; era horrible (…) que, el 24 de junio de 1484, secuestró a 130 niños en la aldea sajona de Hammel y los utilizó de maneras atroces. Los relatos sobre las consecuencias varían. Según algunos, las víctimas nunca fueron vistas de nuevo; otros hablaron de pequeños cuerpos incorpóreos encontrados esparcidos entre la maleza del bosque o adornando las ramas de los árboles.
Entre los estudiosos del tema, destacan las siguientes hipótesis:
Teoría 1 de Jürgen Udolph, quien afirma que se trata de un grupo de jóvenes que migró hacia Berlín. El investigador encontró apellidos de familias históricas de Hamelin en la capital alemana, lo que respalda la hipótesis. Esto lo enmarca en que en esos años la zona había sido liberada del dominio de los daneses, por lo que emigrar entregaba nuevas oportunidades para las familias.
Teoría 2 se enlaza con el mal conocido como es la Danza de San Vito (trastorno neurodegenerativo y hereditario, que afecta al sistema nervioso), que se propagó por la Europa medieval desde el año 1200. Los enfermos sufren de movimientos involuntarios que en la época fueron entendidos como “personas atrapadas por esta peste que se veían obligadas a bailar durante semanas o meses (…) al punto en que caían extasiadas e, incluso, producía una muerte dolorosa”. Según esta teoría, un grupo de niños se vio inmerso en esta “fiebre del baile” y giraban ferozmente sin poder detenerse, mientras se dirigían hacia las afueras del lugar. Finalmente, los jóvenes bailaron hasta la muerte.
Teoría 3: Veinte años antes la población de Hamelín había resistido la venta de los derechos de vasallaje frente al obispo de Minden, y puede ser una referencia a la muerte de los niños o jóvenes en la batalla de Sedemünder.
Teoría 4: Los señores feudales reclutaban jóvenes y niños para reformar sus fuerzas militares, aquí a que el flautista pudo haber pertenecido a la milicia por lo que vestía un sombrero y llevaba un tambor.

Sea cual sea el origen histórico del cuento, hoy, en Hamelín, el pueblo mantiene una antigua ley que “prohíbe cantar o tocar música en la calle Bungelosenstraße”. Esta costumbre indica que al pasar por la casa del Flautista se debe permanecer en silencio hasta la eternidad, por respeto a las víctimas del tenebroso suceso.
Hamelín se convirtió en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores, que siempre tenían unos colores espléndidos, quedaron pálidas de tanta tristeza.