“Yo era como tú”, escribe la creativa escritora Gabriela Aguilera Valdivia, en su última novela, “Tu voz en mi corazón”, que relata la trama del asesinato de la joven Alice Meyer, a fines del año 1985 y su largo proceso judicial.
Se trata de un relato conmovedor, ineludible, donde la emoción supera a la indiferencia del olvido. Alice Meyer es asesinada una vez más. Y una vez más, se cometen las fechorías y parte de la sociedad mira para el lado. La vuelven a asesinar y habrán interesados en que la noticia no sea noticia, nuevamente. Intentarán hacerla desaparecer a la vieja usanza.
El relato de Aguilera del asesinato de Alice Meyer no es una noticia de la crónica roja. Es una interpelación al poder. Es un retrato feroz que cruza todas las líneas en búsqueda de la verdad y el compromiso del ejercicio de la justicia.
Se trata, por cierto, de una novela incómoda. De una novela escrita desde el humanismo, el de todos nosotros, sin apellidos. Eso que llaman amor. Una novela, donde Gabriela, la escritora, toma de la mano a Alice y no la deja partir. La abraza en el dolor a costa de su propio dolor. Escribe.
Su lectura hace que la abracemos. Que no la dejemos partir. Morir, una y otra vez con ella. ¿Y olvidarla?No pienso.
La novela está narrada desde el talento del buen decir, donde todos hablan en primera persona, encabezada por la propia escritora. En los castellanos finos y refinados, siúticos, de la clase poderosa y desde la orden, en la jefatura policial. Los pobladores lo dicen de corrido, propio, sin aliento. Siempre hay titulares de la prensa que anuncian el paso a paso.
El lector se siente identificado en primera persona. Me importa.
Se enciende la radio en el auto de los detectives y, en contrapunto, se escucha “Que se eleven las voces en una canción”. La canción se escucha en las casas, en la oficina.

Sucede en el Chile, donde las protestas sociales están desatadas contra la dictadura. “Se junten las manos se logre la unión”. Donde el terremoto del 85 anuncia el dolor de los degollados. En ese país, que algunos pensaban que iba ser así para siempre. Policías corruptos, diarios cómplices, asesinos puertas afuera, jueces que clausuran los juicios. “Que cante la vida por todo rincón”. Un país de periodistas que no están dispuestos a dejar de preguntar y jueces que quieren la verdad. “Que todo es en vano y que el mundo va a morir /
Y estamos nosotros para despertar”. Se escucha la canción como la banda musical de todos los años desde el asesinato hasta nuestros días.
La voz de Aguilera tiene domicilio en su corazón y en cada lector.
Su registro tiene el timbre de la mejor escuela de la literatura chilena, la Generación de 38 de la novela social y criolla. Sin embargo, tiene el sello de la nueva descendencia del relato breve y punzante de la palabra cuchillo. Y emocionante. Propia. Sin permiso, libre e insurrecta para los que quedaron repitiendo en la comodidad de las reglas literarias decimonónicas. Por suerte y gracias.
Su construcción literaria es ágil, de lectura veloz, de trama bien urdida que no deja aliento al lector. Un capítulo pide el próximo, inmediatamente. Esta obra – ¡sin duda! – está hecha para el cine de hoy, y el teatro de siempre. Pero tiene la ventaja que está escrita para ser libro de papel de la Editorial Espora, por ahora. Su estructura es un calidoscopio como “el tubito de colores” que les regaló la abuela de los personajes de la población, cuando recuerdan sus infancias como momentos felices. Aquí habría que decir también de momentos luctuosos.
“Tu voz en mi corazón” está escrita en el vértigo y sin cabos sueltos y con cabos sueltos. Así de fácil y así de difícil. Para leerla de nuevo. Para aprenderla de memoria.

“Pensando en todo esto, emocionada con tu recuerdo y la limpidez de tu vida, es que me senté a escribir”… Se despide Gabriela Aguilera Valdivia, finalmente, en suconversación con Alice Meyer.
La walkiria tiene quien le escriba. Seguro está en el Valhalla.
La periodista Mirna Schindler, en TVN, en el 2021, informa:
“Aquí lo que operó fue un gran aparato, de poder, de dinero. El caso de Alice Meyer es lo que hoy día estaría caratulado como un femicidio. Ella es la expresión más clara de una víctima de la violencia de género.”
(Y de la dictadura, agrega el relato)