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Los árboles del cielo crecen de noche
a la luz de la luna llena.
Su sombra acoge a quienes han padecido
la muerte de un ser querido.
Sus frutos son tan dulces
como la sonrisa de los niños.
Sus flores brillan como las luciérnagas
en búsqueda de un tesoro.
Su exquisito perfume impregna
a quienes aman con gran pasión.
Sus profundas raíces permiten
el encuentro de un alma perdida.