Trayectorias turbulentas y caóticas (juveniles)

por Sergio Canals L.

Una banda de seis jóvenes delincuentes (amigos y vecinos de una población), arrastran a un adolescente que muere estrangulado por el cinturón de seguridad. En medio de una encerrona. sus gritos horrorosos y la indiferencia de los autores. 

“En el vértigo de una muerte prematura”, lugar del dolor en la noche disuelta en llantos ¿Qué queda en una sociedad cuando la bondad y la compasión se desvanece? La nada del mal. 

Duprat en 1909, sostiene que “el adolescente (rebelde por naturaleza), tiene una necesidad de actuar (donde colapsa el pensamiento reflexivo arrasado por el impulso emocional) que lo arrastra sin reparar en ningún obstáculo. Lo impulsa (de forma omnipotente) a veces a la violencia. Incluso al crimen”.

Tiempos de violencia y corrupción placentera sin culpas. De la imagen y el fetichismo del cuerpo, en medio de una revolución cognitiva e identitaria digital depredadora de la realidad natural. “La máquina se venga y se revuelca/ nos deforma y debilita”. IAs que reformulan y comienzan a tomar el control de lo humano. Torbellinos de deseos eróticos frente al abismo placentero del sexo y la materia despojada del espíritu. Narcisismos juveniles amorosos henchidos de una madurez adulta que nunca llega.

Empeñados en escribir su propio relato identitario y construyendo un sentido vital como un héroe de la locura pura. Viven del “elogio” a un riesgo donde la muerte no podría alcanzarlos. Se piensa desde la vida in-finita y no desde la muerte. ¿“Cómo no interrogarse acerca de lo que adviene de esta cultura juvenil (criminal), que ya no puede pensar el riesgo sin (intentar) convertirlo en un acto “heroico”? ¿En una locura pura apartada de las normas?” donde la verdad se ahoga?  Niñez y adolescencia ciegas y enajenadas del imperativo ético primero del “no matarás” porque eres “el guardián de tu hermano”. Metamorfosis y caída. Del cosmos al caos.

Muchos viven en el abandono, segregados espacialmente, en atmósferas culturales de riesgo, con familias rotas, sin acceso a la educación y a trabajos formales. Muchas veces capturados por los circuitos de la violencia, crimen organizado y la droga. Rutas del desencanto a la delincuencia anómica o   nihilismo anarquista.

A pesar del giro al orden conservador, en Latinoamérica arrastramos nuestra historia de revoluciones contra la dominación hegemónica y la propensión a tolerar y justificar la violencia sumado a la ambición y “el dominio totalizador del dinero”. Donde mendigos y pobres viven en la dolorosa “pausa de su aliento”. Un dios ciego y sordo al sufrimiento humano.

¿No muestra lo anterior la pérdida de la capacidad de hacer invisible lo visible?  Convertidos en un objeto: “Recipientes sin restos de humanidad” ¿No son estos niños y jóvenes hijos de un “acabamiento” religioso, metafísico espiritual y ahora político que nos han acostumbrado a la aniquilación”? ¿No son los herederos naturales de una concepción “pragmática y mercantil del individuo y la sociedad”? De una política del poder y la ambición desmedida. 

Quizás habría que insistir con la fuerza de una libertad para el bien y la verdad.  “Para gozar de la luz, la claridad y la vida, debemos aceptar el dolor, la noche y la muerte entendida como una forma de ocultación y no de aniquilación”. Así, de esta manera asumir citando a Rilke, que un “estar aquí (acompañado del Otro y los otros) es maravilloso”. En la esperanza de una eternidad invisible develada frente a un Dios bondadoso que también sufre.

Referencias y citas: “El templo en el oído” de Francisco Jaume. Prólogo de Sonetos a Orfeo de Rainer María Rilke; “Elogio del riesgo” de Anne Dufourmantelle; “¿Adolescencia en crisis”? Por el derecho al reconocimiento social”. Michel Fize; “Culturas Juveniles. Formas políticas del desencanto”. Rossana Reguillo.

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