A río revuelto cunde el pánico. Por Frank Kotermann

por La Nueva Mirada

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Santos Discépolo se quedó corto con su “Cambalache”. No podía saber que el siglo XXI superaría la impostura y la ambición que se manifiesta hoy en el planeta por caraduras o polizones como los traficantes de la Guerra, apellídense Putin, Zelensky, Biden o Trump. En nuestra estrecha franja, la mentira continúa como gran arma de los aterrorizados por el cambio del viejo orden constitucional en una tragicomedia protagonizada por mujeres símbolos.

No puede adjudicarse a la pandemia el origen de la corta y estrecha memoria nacional. Tampoco a los alienígenas haber puesto en la agonía al gobierno de Sebastián Piñera. ¿Lo recuerdan? Claro, el mismo que no dejó de controlar sus negocios privados desde La Moneda, declaró la guerra “contra un enemigo poderoso” siendo desmentida por el jefe de la guarnición militar y sólo libró del derrumbe final mediante el angustioso llamado del Parlamento a un Plebiscito para cambiar una Constitución obsoleta.

En aquel contexto de multitudes agotadas y enardecidas por las desigualdades e injusticias acumuladas, surgió la Convención Constituyente, con una diversidad inédita en su representación social, cultural, étnica y de género. El histórico “empate” politico se hacía trizas para horror de buena parte de la derecha y el gran poder económico y mediático. El grosero sabotaje inicial del gobierno para su instalación ya quedó en el olvido. El acelerado plazo para proponer una nueva Constitución, la inexperiencia y debilidades de un sector de los constituyentes, facilitó la recuperación de los poderosos de siempre para desacreditar el magno desafío. Así se ha llegado al período final de una propuesta aún inconclusa, que deberá ser plebiscitada – con carácter obligatorio – el próximo 4 de septiembre.

El desconcierto del gran poder evolucionó a miedo, enojo, rabia y terror al cambio simbolizado en la propuesta mayoritaria de un nuevo Estado democrático y social de derechos, plurinacional y ecológico. Lo natural para una inmensa mayoría de chilenos y chilenas no lo puede ser para los favorecidos por el viejo orden. Viejo será, pero aún vivo y coleando. ¿O no se nota?

Aunque la propuesta constitucional aún no se conoce, la guerra mediática, mentiras y terror incluidos ya están en curso. Sumando a los desplazados o marginados de protagonismo en el vital proceso, porque cómodos en su confort social y económico “no lo vieron venir” y ahora recuperan vitrinas y espacios mediáticos generosos para “amarillos” o temerosos de cualquier color.

En esta cruzada mediática todo vale y bienvenidos los francotiradores. Así, a río revuelto, se suman “tirios y troyanos”, cruzados por el horror a un nuevo orden social, con colores, olores, orígenes y transitar tan disímiles, diversos y distantes del imaginario oasis o edén de Sebastián Piñera y compañía.

En este desatado terror coinciden simbólicamente dos guerreras que disputan el liderazgo. Las apariencias pueden engañar, pero son fatalmente parecidas. Marcela Cubillos Sigal y Teresa Marinovic Vial, ambas de origen en tradicionales familias viñamarinas.

Como la antigüedad otorga rango, reconozcamos los méritos mayores de Marcela Cubillos. Tenía 21 años cuando la hija del primer civil que asumió la Cancillería de Augusto Pinochet – Hernán Cubillos Sallato, expulsado del cargo por el dictador y su esposa Lucía, después de una fracasada visita a Filipinas – participó activamente en la franja televisiva del Sí, apoyando la permanencia de Pinochet por 8 años más en el poder. De profesión abogado, afiliada al gremialismo, fue diputada durante dos períodos y en el ultimo gobierno de Sebastián Piñera – ya casada en segundas nupcias con el ex senador y canciller, Andrés Allamand, que abandonó su responsabilidad para asumir una muy pretendida Secretaría General Iberoamericana – ocupó el cargo de ministra de Educación, del que salió en febrero de 2020 para emprender su laborioso desafío constituyente a la vista.

De Marcela Cubillos no escucharán las extremas descalificaciones raciales y groserías a flor de piel que distinguen a Teresa Marinovic. Algo más novata, vivió la dictadura como menor de edad pero la defiende como fundadora. Símbolo del improperio fácil como arma de provocación, conservadora próxima a Republicanos –también bien casada en segundas nupcias con un abogado integrante de la Corte Suprema – se formó en la Congregación de Ursulinas alemanas en Santiago y estudió filosofía en la Universidad de Los Andes. Aunque usted no lo crea, antes de optar por la política militante desde las comunicaciones, ejerció como profesora de Teología.

La provocación gratuita pareciara exitarla pero es parte de una opción racional por el extremismo politico. Ha buscado vínculos mayores con el ultaderechista Vox de España, como mayor soporte a su resistencia a los acuerdos de la Convención Constituyente. Cualquier proyección futura de sus conductas quedaría corta.

Con todo, ante la emergencia de resistir el cambio constitucional, Cubillos y Marinovic coinciden en el despliegue de una campaña marcada por el terror, no por gastado recurrente cuando confluyen intereses y recursos tan poderosos.

Aunque la mentira y el negacionismo sean un soporte sustantivo.

Como pruebas al canto, valga resaltar la difusión permanente de encuestas que favorecen el Rechazo. La mayoría de los medios las destacan como referencia casi sagrada, ocultando quienes son los propietarios de buena parte de las empresas realizadoras y, por ejemplo, que en la más reciente de Cadem, de las 4.993 personas consultadas solo respondieron 704 (un 14% de la muestra).

También olvidan que en la última contienda presidencial las encuestas señalaban como favoritos a Joaquín Lavín y Daniel Jadue.

Así cunden el pánico y las apuestas a río revuelto.

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