Algo sigue mal (con la libertad económica salvaje) Por Sergio Canals L

por La Nueva Mirada

Llego el momento de detenernos a decidir en que Chile queremos vivir. ¿Capitalismo neoliberal? “Simple y en dos palabras: (es) libertad económica. Sectores más extremos hablan de capitalismo salvaje en Chile…en vez de hablar de libertad”. La economista Bettina Horst(“El Mercurio”) olvida calificarla de libertad (económica) salvaje. La libertad deviene salvaje si conlleva o se vuelca hacia un modo existencial que deshumaniza. El sentido trascendente de la libertad es el bien personal, el bien del otro y el bien común. Es la libertad para la verdad y el bien. (La libertad para la Verdad y el Bien con mayúsculas, se refieren a Dios).

“El supuesto choque entre libertad y seguridad (…) resulta ser una quimera. Pues no hay libertad si el estado no la asegura; y, al contrario, sólo un estado controlado por ciudadanos libres puede ofrecerles una seguridad razonable” (Karl Popper).

La libertad individual, ya sea económica, sociocultural, sobre la naturaleza y la propiedad privada, entran en tensión dialéctica con los derechos, ya sean socioculturales, de la naturaleza, los económicos, y fundamentalmente con los derechos de los otros. El abandono de estos derechos se condice con una libertad que vulnera a su vez la dignidad inalienable de las personas y de la vida en comunidad.

El ser humano se define en su libertad esencial frente a un mundo que se le despliega abierto en casi infinitas posibilidades de decisiones para desarrollar su proyecto de vida, siempre de forma relacional y social.

“El hombre es un ser libre en primera instancia, porque su existencia posee un horizonte indefinido, abierto”. Abierto a y con los otros, y a todas las cosas. También a la muerte. Se despliega bajo la inteligencia y la voluntad. Una libertad nunca absoluta. Condicionada al lugar donde uno “es arrojado”, histórica y socioculturalmente. Sólo la libertad espiritual va camino a lo absoluto más allá de la inmanencia. Se hace y deshace en lo infinito.

Se distinguen tres grados de libertad: La libertad fundamental u ontológica “que hace referencia a la apertura universal del hombre al mundo” y a su capacidad de aprehender la realidad. La libertad de elección psicológica reflexiva emocional o de libre arbitrio donde se decide y elige. Y la libertad moral espiritual con sentido trascendente orientada al bien como “la cúspide de la libertad”. Esta cristaliza en una libertad con sentido humanizador.

“Si retrocedemos en libertad económica…lo más probable es que perderemos, al menos en parte, el progreso material que hemos vivido en las últimas décadas”. Olvidó nuestra economista esta vez el aspecto espiritual. ¿O la economía sólo aborda solamente el progreso material del ser humano? Parece que es así. Pero somos materia espiritualizada y espíritu materializado.

Según el economista francés Thomas Piketty, “Chile es un país extremadamente desigual, que necesita más de justicia social y fiscal y que tiene en la nueva Constitución una gran oportunidad”, refiriéndose a que el 70% de los ingresos está concentrado en el 10% de la población y el 50% de la población recibe, bajo cualquier orden de magnitud muy poco”. 

Hoy tenemos esta gran oportunidad ética y moral. Nos enfrentamos a la disyuntiva política de mantener, cambiar o transformar un modelo de mercado neoliberal de una libertad económica salvaje muy deshumanizadora. El problema, es que un cambio de esta magnitud requiere fuerza, coraje, convencimiento y, sobre todo, voluntad social y política. Requiere decisiones personales y comunitarias. Decisiones ideológicas y políticas, llenas de motivación y sentido.

Como ya lo hemos mencionado, los cambios siempre serán acompañados de la presencia de desorden entrópico. De lo desconocido lleno de incertidumbres. Cambios asociados al riesgo de la emergencia de efectos colaterales violentos -siempre injustificables- en un campo de compleja multicausalidad, que forman parte casi inevitable de las características evolutivas adaptativas de las nuevas democracias límites y post pragmáticas de estos tiempos. Chile no es la excepción.

Estos cambios- bajo un horizonte y condiciones éticas y morales- sólo son posibles más allá de las ideologías, actitudes y de una praxis conservadora. “Ser conservador (como modo de plantarse en el mundo) es preferir lo familiar a lo desconocido, de preferir lo experimentado a lo no experimentado, el hecho al misterio, lo efectivo a lo posible, lo limitado a lo ilimitado, lo cercano a lo distante, lo suficiente a lo excesivo, lo conveniente a lo perfecto, la risa presente a la felicidad utópica (…) los cambios pequeños y lentos les parecerán más tolerables que los grandes y repentinos; tendrán en alta estima cada apariencia de continuidad”.

Héctor Aguilar Camín

La visión conservadora socio política y cultural (excepto en lo tecnológico económico), está fuertemente asociada a la derecha empresarial y económica. La mirada de izquierda está asociada tradicionalmente a la búsqueda de los cambios socio culturales. Según el intelectual Héctor Aguilar Camín, la izquierda mexicana y latinoamericana (de matrices revolucionarias y/o populistas), son resistentes a un cambio que refleje las “realidades políticas que confluyen en el Estado moderno y de las realidades financieras, tecnológicas y productivas que conforman la realidad del mercado mundial de nuestros días”.

Afirma que no han hecho ajustes con su pasado y sus creencias profundas. Para ella la riqueza seguiría sólo a la explotación del trabajo por la empresa privada. El mercado un mecanismo de abuso. La pobreza como resultado de la explotación, hay que resolverla. La riqueza se traduce en un despojo y no en una solución para la privación de las mayorías. “No es vista como una creación de valor nuevo que acrecienta los bienes y oportunidades de todos. No han hecho las paces con el mundo de la empresa”.

Termina afirmando que la presencia de “un proyecto de izquierda eficaz y triunfador en lo económico, con altas tasas de crecimiento, y en lo político, con altos índices de gobernabilidad democrática”, tiene que “responder a la pregunta de cómo crear riquezas y repartirla (con justicia social)”.

Se necesita diseñar y gobernar un cambio que nos conduzca fuera de un capitalismo de mercado neoliberal de libertad económica salvaje. Que nos encamine a un capitalismo de mercado de derechos sociales, económicos y de justicia social centrado en la dignidad de la persona, los otros y de la naturaleza. Fundado en libertades y verdades cuyo sentido final sea siempre (y en este orden) el bien personal, social y comunitario. Primero espiritual. Después material.

Es posible. ¿O no? Depende de nosotros. El pueblo ciudadano y sus líderes.
Tenemos dos meses y un año constitucional para decidir.

También te puede interesar

Deja un comentario