Los Bárbaros y su obra magna

por Luz Quilodrán N

En 2008 Baricco publicó Los Bárbaros, un libro sobre los jóvenes niños del Silicon Valley, estudiantes de Stanford y Harvard, que irrumpían con una revolución digital. Ciegos a lo que no era lenguaje maquínico – ¿quién es Baricco, compadre? -, desenfadados, sin respeto por nada ni nadie, nerds sin sensibilidad política, se lanzaron con ignara audacia a la invención de un mundo nuevo. Hoy nos encontramos ante su obra magna, la Inteligencia Artificial, y con ellos reproduciéndose como conejos en nuestras mejores universidades.

Bárbaros sin duda, nuestros hijos y nietas ingenieras de sistemas, los conocemos bien, no nos podemos hacer los lesos. De arriba abajo, bárbaros. Primitivos, atemorizantes, desenfadadas, sin respeto por nada histórico – nos incluidos -, corajudos, irresponsables, sin profundidad. Así también les parecieron a los nobles romanos los groseros germanos que les penetraron sus murallas, los miserables que le tomaron su Bastilla a la culta corte francesa, los rotosos que atacaron el Palacio de Invierno al educado Zar ruso. Dan un poco de miedo nuestros hijitas, nietecitos y sobrinitas. Nos amenazan sin que nos demos bien cuenta cómo ni por qué, nada más que por presencia. 

¡Qué estallido social ni nada! Lo revolucionan todo. Con la IA, todo Todo. Y sin picotas, horquillas, molotov ni declaraciones tronantes. Caen las murallas de las universidades, las industrias, las carreras y los títulos, los expertos, el conocimiento, los sabios, la política y el Estado. Todo lo obvio es relativizado, la verdad, enterrada por irrelevante, la claridad conceptual, tratada como una exigencia idiota. Y no es una cuestión generacional, se trata de una nueva tribu de la nueva generación, los bárbaros informáticos. Su mantra: importa solo lo que funciona, que sea vago, fuzzy e impreciso no interesa para nada, tampoco saber cómo funciona lo que funciona. ¡Cuántas venerables y solemnes estructuras del saber y el poder están siendo arrasadas, cuánta pomposidad ridiculizada por unas maquinitas que funcionan sin dar explicaciones! Si eran tan profundos los cultores de la lingüística, la semiótica y la ontología, ¿cómo es que, sin pescarlos ni en bajada, estos niños producen máquinas que se comunican con ellos y emulan su inteligencia?

Lo hicieron a lo bárbaro. Sin teorías lingüísticas, ni semióticas, ni ontológicas, con puras intuiciones de una vulgaridad vergonzosa, payaseo estadístico y metáforas desaforadas – Red Neuronal, Atención, Captura Semántica, Aprendizaje de Máquina, Perceptrón – que horrorizan a quienes saben en las que se meten, le echan pa delante con la tranquilidad mental y el ánimo desprovisto de dudas del ignaro a la segunda potencia. ¿Y saben qué?, le atinan. Mucho mejor que tanto sabio, tanto profe inteligente, experto y bien informado, tanto libro sesudo, se apropiaron antes de nadie, de una plumada, de algo de fondo sobre el lenguaje, el sentido, y sobre nosotros mismos. Con eso produjeron una acumulación de poder como nunca hubo antes en la humanidad.

Cuando pase por tu lado tu hija, tu nieto o tu sobrina ingeniera, échenle una miradita apreciativa al bárbaro híper revolucionario que no sabe lo que hace. 

También te puede interesar

Deja un comentario