Un buen poema, no siempre es un buen poema para todos

por Dante Cajales Meneses

Tengo un gran amigo, poeta, con quien compartimos lecturas, libros y nombres de poetas que solo uno o el otro conocemos. Nuestra discusión más recurrente es aquella que define si detrás del poema hay o no un mal poeta. Personalmente, creo que un poema, si no te toca las fibras, o no te hacer pensar profundamente en las cuestiones vitales del ser humano, no necesariamente hay detrás un mal poeta. Es únicamente que el poema que leí no me tocó. Pienso que un poema no siempre es bueno para todos, y no por eso es un mal poema, y detrás hay un mal poeta. Hay poemas de Neruda, por ejemplo, con los que no me pasa absolutamente nada. No por eso es un mal poema, o Neruda un poeta menos malo. Muchos poetas, de la antigüedad a la fecha han intentado definir qué es poesía a través de su escritura. Me refiero al “Arte poética”. El arte poética es una especie de manifiesto literario donde los autores han intentado dejar por escrito en un poema, la estética, y el sentido de la poesía.  El poeta italiano Horacio (c.19 a.C.) en su producción literaria estableció que el arte de escribir poesía debía ser útil y deleitable. El poeta argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) en su “Arte poética” compara el tiempo con el agua del río. En su poema “Arte poética”, el agua fluye, el río queda. Subraya la finitud del ser humano frente a lo infinito del arte. En Chile, la poeta Gabriela Mistral (1889-1957), fue más lejos; no solo escribió un poema definiendo lo que era para ella la poesía, dejó un “Decálogo del artista” que no solo involucró a poetas, sino a los trabajadores del arte en general. Vicente Huidobro (1893-1948) en su famoso poema “Arte poética” sostiene que el poeta es un pequeño dios y exhorta a los poetas a que los versos sean como una llave que abra mil puertas. Nicanor Parra (1914-2018) rechaza al poeta “Dios” y propone que los y la poetas deben ser una especie de albañiles de la palabra, utilizando un lenguaje simple y cotidiano comprensible para todos.

El 2 de junio de 1982, cinco aviones surcaron el cielo por encima de los edificios de Queens en Nueva York escribiendo un poema de Raúl Zurita.

Poetas contemporáneos como los premios nacionales Raúl Zurita (1950) o Elvira Hernández (1951) entienden la poesía como un acto político que invita a romper los márgenes del libro para integrar arte y vida. La obra de ambos interviene en el paisaje, lo transforma, como también el propio cuerpo en un acto de resistencia política. El dolor se transforma en belleza y certeza. Rodrigo Lira (1949-1981) es el poeta de la parodia radical. Desublima el rol y la actitud del poeta de su tiempo. Escribió un Arte poética que definió irónicamente como “Ars Poetique” y le responde a Huidobro: Que el verso sea como una ganzúa / para entrar a robar de noche / en los diccionarios. El poeta ya no inventa universos etéreos, es un ladrón que saquea palabras comprensibles para todos. Hemos habitado cada espacio según ciertas condiciones, para el poeta argentino Juan Gelman (1930-2014) […] la poesía es un árbol sin hojas que da sombra. En el otro extremo, para la poeta Alejandra Pizarnik, (1936-1972) la poesía es “una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo”. Para mí, la poesía es como un territorio donde se sale a explorar completamente a ciegas en busca de un sendero llamado palabra, hasta encontrar aquel atajo que se necesita para nombrar: guerra, amor, hambre, erotismo, miedo, infancia, risa, vejez, muerte, vida.

Instalación poética realizada por el escritor Raúl Zurita en la Bienal de Kochi (Kerala, India) en memoria de los migrantes muertos invisibilizados

La poesía genera sinestesia y placer estético, nos salva, nos reorienta, nos acoge, y nos da la oportunidad de libertad infinita, porque en la poesía, la palabra es autónoma en su esencia. Cada poema es único y cada lector también lo es. El lector de poesía debe buscar algo en ese poema y encontrarse con su propia cadencia e interpretación.  Lo que el poema le revela a menudo, es lo que lleva dentro, su propia historia. Si estamos demasiado ocupados observando fuera de nosotros, obsesionados y encandilados con la cultura de la productividad y acostumbramos a utilizar un lenguaje preferentemente pragmático, leer poesía nos resultará demasiado agotador y complejo, y nos daremos por vencidos. No nos damos cuenta de que esa invalidez para jugar con los significados de cada palabra y versos en su unidad es la expresión de una incapacidad lúdica para disfrutar más allá de lo dado y esperado en la vida, como esos encuentros y esas conversaciones con mi amigo, poeta, con quien pensamos tan diferente. Yo no sé lo que busca el lector en la poesía; lo que, si sé es lo que intento encontrar al escribirla. Para mí, la poesía es hallar un camino, una voz, un lugar. Supongo que cada lector o lectora de poesía debe encontrar en la poesía su propia voz. Es por eso que un buen poema, no siempre es un buen poema para todos.

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