“Cada hombre posee dos cosas, una vida y un fantasma”. Cada tiempo y cultura tiene sus propias formas de violencia. Violencias esenciales que lo “acosan y fastidian”, de las que no puede escapar. Cada gobierno tiene sus propios espectros. Espectros esenciales.
¿Qué es un espectro según Quentin Meillassoux? “Un muerto cuyo duelo no hemos hecho (…) negándose a cruzar a la otra orilla, al lugar donde los difuntos nos acompañan desde la suficiente distancia para que podamos vivir nuestra propia vida. Sin olvidarlos, pero también sin morir su propia muerte, sin quedar presos de sus últimos instantes”.

El espectro del gobierno (¿y del mundo?), parece corresponder a un muerto (aún virtual), que se resiste a morir y permitirnos su duelo durante la emergencia de un nuevo orden mundial y una globalización que desaparece con sus valores occidentales tradicionales. Un modelo y cultura económica neoliberal centrada en el individualismo consumista y competitivo, representado por un proceso político social y moral bajo la forma de una “enorme máquina de desigualdad social”, con millones de personas que se han sentido y se sienten no valoradas, despreciadas, no vistas, minusvaloradas y menoscabadas. Humilladas esencialmente. El menoscabo se percibirá (entonces) como una injusticia esencial, y responderán también con una indignación violenta y también esencial.
Esta condena a muerte – a todas vistas, muy precoz-, para llevarla y transmutarla en un proceso alquímico político constitucional hacia una democracia social de derechos y bienestar, tiene un riesgo. El riesgo de que el decreto de esta muerte que parece para gran parte del mundo “terrible y prematura”, termine creando un “espectro esencial” del muerto, es decir, que este “declare a los vivos, contra toda evidencia, que su lugar estará siempre entre ellos”.
Un espectro pasa a ser “esencial”, cuando el paso del tiempo no ha reposado lo suficiente para que pueda haber una relación pacífica con él y los vivos. Se convierte entonces en un muerto que “proclama el horror de su muerte no sólo a los parientes, a sus amigos, sino a todos los que atraviesan el camino de su historia”. Y eso, aterra.
La paradoja actual, es que se intenta un duelo “esencial”-a todas luces impropio-, no con el espectro de un muerto, sino con la de un muerto aún vivo, “un zombi”. Un “caminante diurno” que nos lleva a contactarnos con lo desconocido y lo impensable, a pesar de que se empeñan en hacernos creer (y en general logran), de que estos cadáveres gozan de una muy buena salud y normalidad plenas.
Los zombis producen tanto terror como fascinación “a través de la espectacularidad actual de sus imágenes”, que los convierte en “espectáculos de plagas por infección y mordeduras, con cuerpos incompletos, desgarrados, y con zonas expuestas a la mirada, y (llenos de vacíos)”.

Las palabras “economía de mercado neoliberal”, escaparon de la significación del lenguaje. Cómo refiere Jorge Fernández Gonzalo tomando a Foucault, “se opacaron dejando el aroma de su presencia, desviaciones y diferencias sustanciales, los artefactos semióticos. Signos donde deja de haber mundo, palabras que caen bajo el azar de una tirada de dados”. Los zombis de esta cultura económica, fuertemente ideologizada, representan metafóricamente una “humanidad deshumanizada”. Un mundo donde aparece “el canibalismo” (simbólico), la violencia, la persecución y (el poder de) la masa. La humanidad desprotegida”. Una “Metáfora de desequilibrios financieros, pasiones reducidas, modelos de pensamiento afianzados por (y contra) el poder y, consolidados en la puesta en práctica de la maquinaria capitalista.”
Los zombis dejan de ser vivientes y devienen cadáveres realmente muertos y bien muertos, al destruirles su cabeza, más bien su cerebro, con variados métodos en general bastante violentos. (Salvo que se los quiera mantener como mascotas alimentadas con sangre y carne humana). Recién entonces, podrían realizar un duelo quienes sufran de forma retorcida su pérdida, que siempre corre el riesgo, de poder llegar a ser esencial.
Quentin Meillassoux, por su parte, nos advierte que “cumplir con un duelo esencial, significará convivir con los espectros esenciales y no morir más con ellos (…) y evitar al escucharlos, volvernos, fantasmas vivientes”.
Convivimos (y estamos en lucha) con una multitud cada vez mayor de zombis y espectros, qué deambulan violentamente esenciales. Caminamos acompañados de nuestros fantasmas vitales.
Caóticamente agradecido…
Colaboraron: Quentin Meillassoux, con “Hiper-Caos”, Jorge Fernández Gonzalo, con “Filosofía Zombi, y David Brooks, con “Un nuevo mundo toma forma”, La Segunda, 18 de abril, The New York Times, International Weekly.