Dogmatismo y Posverdad. Por Mario Valdivia V.

por La Nueva Mirada

Entiendo que el dogmatismo consiste en vivir bajo la convicción de verdades que trascienden el ser situado y finito que somos. Las verdades eternas de la religión son, con seguridad, las primeras que se nos vienen a la cabeza. Pero también están las verdades trascendentes de la moral natural, la naturaleza humana, las leyes de la historia, las leyes naturales y sociales. Habitantes todas de unas tierras altas que presiden las tierras bajas donde transcurre la existencia de quienes convivimos, hablamos y escribimos estas columnas.

Las creencias dogmáticas fallan, tarde o temprano. Supongo que estamos de acuerdo en esto. Y no lo hacen por erróneas, por equivocaciones que puedan ser reparadas caso a caso. Fallan por la imposibilidad que tiene el ser situado y finito, habitante de tierras bajas que somos, de alcanzar alturas que lo trasciendan. Tendríamos que disponer de trampolines mágicos. Ojalá estemos de acuerdo en esto también.

¿Cómo se manifiesta en las tierras bajas la falla inevitable de las verdades de altura? Como   sufrimientos y desarmonías; las cosas no son como deberían. ¿Qué hace el dogmatismo? Niega la veracidad indesmentible de esos humildes hechos localizados y finitos. Todo con tal de proteger las verdades eternas sin las cuales, aparentemente, le horroriza vivir en un mundo de bajuras desprolijas sin coordenadas a priori. Invito a recordar al cardenal que se negó a observar por el telescopio que le ofrecía Galileo; una limpia manera de negar lo visto negándose a ver. Podemos sentir, espero, el padecer concreto, finito y situado de mujeres prohibidas de divorciarse, de abortar y de prevenir el embarazo, de ancianos privados del derecho de decidir su propia muerte, de homosexuales y lesbianas de existir con dignidad… Y también recordamos, imagino, persecuciones, incompetencias y abusos de poder de dogmáticos de leyes de la historia.

Tengo visto que la falla de los dogmatismos conduce a la negación de las pequeñas verdades situadas y finitas de nuestra existencia en las tierras bajas. Emergen momentos, épocas de post verdad. Negaciones absurdas y terribles de verdades elementales. Estamos en una de ellas hoy día; una era de dogmatismo fallido. La gran verdad en las alturas que hace agua por varios costados: el mercado global de mercancías y capital que traería progreso generalizado. 

¿Mejoramiento y avance general? Nunca una desigualdad como la de hoy. Tan imposible de imaginar como las magnitudes estelares. Nunca un abuso tan indolente de la tierra que sustenta la vida. Aterroriza como ésta reacciona de vuelta. Nunca un desarraigo tan masivo de poblaciones que sufren lo indecible.

¿Qué niega la posverdad? El cambio climático, la finitud amenazada de lo terrestre. La desigualad, recubriéndola en promedios y abstracciones. La migración como resultado inevitable de la globalización desenfrenada de capitales, convirtiéndola en delincuencia. Verdades elementales cargadas de sufrimiento de las tierras bajas, 

¿Qué hacer? ¿Confrontar los dogmatismos fallidos con otros mejores? Creo que más vale   aceptar con ligereza el carácter situado y finito de nuestra existencia. Dedicarse con verdadera humildad a cuidar los dolores y posibilidades de nuestra vida aquí abajo, evitando   entusiasmarnos con la claridad alucinante de alturas imposibles para seres terrestres.         

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