Economía Política. Por Mario Valdivia V.

por La Nueva Mirada

En aquellos tiempos se hablaba de economía política, recuerdo, vestido con el mameluco de economista. Ya no. El tiempo presente es digital, de dietas insustanciales sin olor. De “macroeconomía” y “modelos económicos”, no de manteca, harina tostá, interiores de cerdo, pescá y la color. Desodorizadas e ingrávidos, flotamos en una nube de fórmulas sin sombra. La economía política, en cambio, gravitante, odorífera y opaca, apegaba al suelo. En los momentos pobres y desorientados que se avizoran, retornar a una dieta más terrestre podría ser imprescindible.

Cuando era niño y joven, la economía política era la de un estado capitalista empeñado en industrializar el país. Planificaba, controlaba y administraba; la acumulación de capital se adaptaba. La llevaban ingenieros en el estado, y de atrasito, trabajadores urbanos. Produjo la Citroneta ariqueña, CODELCO, la UF, la CUT, la SOFOFA, la ENDESA, la Celulosa Arauco, la carretera pavimentada a Chillán. Terminó arrasada por grandes crisis sociales y políticas que culminaron el 73. Se estancó, creó pobreza masiva e inflación inmanejables, por más que derecha e izquierda le buscaron el lado. Resonaba a lo pobre con el New Deal norteamericano y la socialdemocracia europea, que se jodieron por razones similares.

Agarrando vuelo en los ochenta, se instaló una economía política nueva. Inversionistas privados condujeron la acumulación y el crecimiento en un medio de mercados desregulados, economía abierta desprotegida, sindicatos desarmados y estado debilitado. Produjo empresas privatizadas, significativos patrimonios familiares, abundantes automóviles importados, inversiones mineras de cobre, inflación dominada, grandes rentas de la tierra, el clima, el agua y la radiación, la CPC, La Asociación de Bancos, unos pocos sindicatitos, la fruta, los vinos, los salmones, las grandes infraestructuras, para terminar arrasada por la crisis social y política actual.

Creó una desigualdad corrosiva, unas relaciones sociales sentidas masivamente como humillantes y sin dignidad, para estancarse alrededor de 2010, a pesar del empeño de la derecha y la izquierda. Resonaba y resuena con el auge y caída del capitalismo hiper financiero norteamericano y de la tercera vía europea.

¿Bastará con arreglarla ajustando impuestos, equilibrando la macro, mejorando servicios sociales, democratizando el régimen político, reconociendo identidades humilladas y dejadas de lado, para seguir cascando con la misma economía política en versión 2.0 y dejar atrás la crisis que ella provocó? No me parece… ¿Volver a la Citroneta? Tampoco. Creo que está a la vista que hay que inventar una nueva.

Buenas son las constituciones, pero no se les puede pedir tanto, digo yo. La nueva economía política, ¿qué?  ¿Y quiénes serán los encargados?

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