En aquellos tiempos se hablaba de economía política, recuerdo, vestido con el mameluco de economista. Ya no. El tiempo presente es digital, de dietas insustanciales sin olor. De “macroeconomía” y “modelos económicos”, no de manteca, harina tostá, interiores de cerdo, pescá y la color. Desodorizadas e ingrávidos, flotamos en una nube de fórmulas sin sombra. La economía política, en cambio, gravitante, odorífera y opaca, apegaba al suelo. En los momentos pobres y desorientados que se avizoran, retornar a una dieta más terrestre podría ser imprescindible.
Cuando era niño y joven, la economía política era la de un estado capitalista empeñado en industrializar el país. Planificaba, controlaba y administraba; la acumulación de capital se adaptaba. La llevaban ingenieros en el estado, y de atrasito, trabajadores urbanos. Produjo la Citroneta ariqueña, CODELCO, la UF, la CUT, la SOFOFA, la ENDESA, la Celulosa Arauco, la carretera pavimentada a Chillán. Terminó arrasada por grandes crisis sociales y políticas que culminaron el 73. Se estancó, creó pobreza masiva e inflación inmanejables, por más que derecha e izquierda le buscaron el lado. Resonaba a lo pobre con el New Deal norteamericano y la socialdemocracia europea, que se jodieron por razones similares.
Agarrando vuelo en los ochenta, se instaló una economía política nueva. Inversionistas privados condujeron la acumulación y el crecimiento en un medio de mercados desregulados, economía abierta desprotegida, sindicatos desarmados y estado debilitado. Produjo empresas privatizadas, significativos patrimonios familiares, abundantes automóviles importados, inversiones mineras de cobre, inflación dominada, grandes rentas de la tierra, el clima, el agua y la radiación, la CPC, La Asociación de Bancos, unos pocos sindicatitos, la fruta, los vinos, los salmones, las grandes infraestructuras, para terminar arrasada por la crisis social y política actual.

Creó una desigualdad corrosiva, unas relaciones sociales sentidas masivamente como humillantes y sin dignidad, para estancarse alrededor de 2010, a pesar del empeño de la derecha y la izquierda. Resonaba y resuena con el auge y caída del capitalismo hiper financiero norteamericano y de la tercera vía europea.
¿Bastará con arreglarla ajustando impuestos, equilibrando la macro, mejorando servicios sociales, democratizando el régimen político, reconociendo identidades humilladas y dejadas de lado, para seguir cascando con la misma economía política en versión 2.0 y dejar atrás la crisis que ella provocó? No me parece… ¿Volver a la Citroneta? Tampoco. Creo que está a la vista que hay que inventar una nueva.
Buenas son las constituciones, pero no se les puede pedir tanto, digo yo. La nueva economía política, ¿qué? ¿Y quiénes serán los encargados?