Poseo un título de ingeniero comercial con especialidad en economía, concedido por la Universidad de Chile. Es sólido. Espero que los convencionales de la página en blanco no me lo hagan humo. Gracias a él puedo darme cuenta de las mentiras de mis colegas. Encuentro que últimamente se están pasando.
Hasta hace poco, sus predicciones era optimistas o pesimistas. Ahora agregan nuevos calificativos. Si son optimistas, lo son cautelosa, o bien decididamente. Lo mismo si son pesimistas. Lo que viene a querer de decir que, por lo general, son pesimistas y optimistas de su propio optimismo y pesimismo, respectivamente. ¿La verdad? No tienen idea de lo que ocurre, el mundo está demasiado turbulento y complicado. ¿Por qué no lo reconocen? Por no perder audiencias y clientes; fama y dinero. Si alguien, siguiendo sus consejos, se enoja por una decisión optimista que falló, disponen del recurso de acusar que no prestó debida atención al lado cauteloso del optimismo. O bien, al lado optimista del pesimismo.

No lo estoy inventando. Basta leer The Economist, el Financial Times o el Project Syndicate para darse cuenta. Con una pasadita somera por uno de los tres, basta. Son economistas reconocidos los que andan perdidos en la oscuridad de su cautelosa cautela. Como todas las personas que andamos de a pie.
Se jodieron las predicciones. Habrá que inventar otra cosa. Los economistas, especialmente.