El berenjenal. Por Luis Marcó

por La Nueva Mirada

Mientas el reciente domingo el diario El Mercurio publicó en clave aséptica en sus páginas sociales la efeméride de los 75 años de la muerte de Hermann Göering, el segundo hombre del infame tercer Reich, la encuesta CADEM nos viene macerando con sostenidas alzas en las simpatías de José Antonio Kast. El caso no apunta a relacionar a Kast con los nazis, pese a los reiterados intentos de MEO por hacerlo, sino más bien consignar que así como al electorado de derecha no le incomoda la línea editorial de su diario de cabecera tampoco le debería quitar mucho el sueño votar por una expresión del neo pinochetismo ante la depreciación del candidato oficial del sector que, además, no es ni de derecha. Asimismo, la encuesta CADEM sigue fiel a su carácter de medio de propaganda, incluso acentuando su acomodo de la realidad para sostener al blondo e hiperbóreo candidato a la cabeza de las preferencias llegado el momento de votar.

Si todo lo anterior  suena a irrealidad convengamos que es una mínima parte de lo que ha estado sucediendo el último mes y circunscrito a un universo muy pequeño de nuestro espectro político y social. Por el lado del gobierno se animaron a decretar Estado de Excepción en la denominada “macrozona”, tomando esta decisión en un momento de profunda debilidad política y con un presidente ad portas de enfrentar la más incierta acusación constitucional desde el restablecimiento de la democracia. En este cuadro se reactivaron también las protestas y, como suele ocurrir, los actos de pillaje y saqueo que, pese a que se miran como un fenómeno nuevo, han ocurrido innumerables veces antes del estallido social de 2019. La novedad esta vez, ha sido el debut por parte de carabineros de los “agentes de diálogo” se dice que para mantener las marchas en una dinámica pacífica o, tal vez, solo sean funcionarios buenos para conversar, dicharacheros. Sería interesante conocer alguno de estos debates y el tono que toman…”pórtense bien, sean buenos…mire que el amigo acá es re bueno para dar lumazos”.

Lo que está claro es que con o sin agentes de diálogo los incidentes y desmanes en “Plaza Dignidad” son incontenibles. El muro con placas metálicas que rodeaba el sector, remedo tercer mundista de la iniciativa fronteriza de Trump, no evitó el paso de los enardecidos “primera línea” ni que a los primeros días de reiniciar las protestas lo echaran abajo. Algo pasa en la denominada “zona cero” que incluso a la famosa tia Pikachu, actual constituyente, la sacaron de un ala hace un par de semanas furibundas “guerreras” en medio de tironeos y epítetos de distinto calibre.

El costo de saltar a formar parte del 1%, al menos en consideración al ingreso. Pero la cosa no termina ahí puesto que por estos días se exhumó del monumento los restos del soldado desconocido y se supo que el Consejo de Monumentos Nacionales propone restaurar la base del conjunto en otro lugar. Es decir, la plaza se va consolidando como un páramo, un terreno baldío.

Sería fácil elucubrar el sentido simbólico de lo anterior y relacionarlo al momento refundacional que algunos promueven, pero este ejercicio parece inconducente considerando que los cambios no son tanto una expresión de deseos como un imperativo de los tiempos. No solo es la constatación que nuestro modelo de desarrollo tenía rendimientos ya modestos, sino que las exigencias del cambio climático y la excesiva concentración tanto de ingresos como de poderes crujían por todos lados. Lo relevante es que en la opinión de historiadores e intelectuales de línea más bien conservadora, el retiro del soldado desconocido y la incertidumbre del destino final del monumento es visto como una abdicación que quedará consignada en la historia. Toda abdicación implica una renuncia al ejercicio de la autoridad, pero el término, en su sentido original, también tiene que ver con “desheredar”, en consecuencia, habría también una renuncia respecto del pasado y la memoria, en este caso a la memoria larga de nuestra vapuleada República.

Para la derecha el gobierno hace rato que abdicó de casi todo, en especial en resguardar la seguridad y el orden público. Un período presidencial débil que se ha sostenido gracias a los Estados de Excepción y eso no impidió que escalara el conflicto mapuche, deviniera la crisis migratoria y la inseguridad ligada al narcotráfico. Ya no se oyen las voces empresariales que exigían a Piñera que finalizara el período devolviendo el mismo país que recibió. El legado será, sin dudas, un país más pobre, más polarizado y con serias fracturas institucionales que podrían superarse si la nueva Constitución da el ancho. Como dice Eugenio Tironi, es de esperar, porque no hay plan B.

En todo este berenjenal discurre la carrera presidencial cuyo contenido debe ser el más magro y poco seductor en lo que va de democracia. Ha sido la campaña de los memes, algunos muy ingeniosos para instalar una debilidad personal como el pasado lobista de Sichel o los frecuentes titubeos de Boric. Propuestas muy pocas, quizás el más consistente ha sido el famoso profesor Artés que tiene clarito que nos quiere llevar a un esquema soviético temprano o al alero del amado líder de Corea del Norte, toda una excentricidad. Fuera de eso solo hay dos nudos importantes: El primero es cómo resolverá el Frente Amplio cuál sería su coalición de eventual gobierno,considerando la alianza en la Constituyente con el PS en oposición a los comunistas y, en contraste a ello, la incorporación de partes del programa de Jadue en la propuesta del actual candidato presidencial y presencia PC en su comando. Un segundo aspecto es quien pasará a segunda vuelta porque si le damos un mínimo de crédito a las encuestas la distancia entre Provoste y Kast sería de unos tres o cuatro puntos.

Mientras el escenario presidencial sigue abierto se va consolidando en la Constituyente que el régimen institucional cambiaría incluso radicalmente. La idea de un semi parlamentarismo va tomando fuerza, cosa curiosa considerando la baja estimación pública hacia la actividad parlamentaria. Incluso algunos convencionales como Mauricio Daza impulsan un Congreso unicameral sin mayor fundamentación y sin atender si tener puros diputados asegura un mínimo de gobernabilidad. Tampoco está claro cuánto podrían durar las autoridades electas este año. El período presidencial puede ser efímero si se incorpora la figura de un Primer Ministro y que decir tiene si desaparece el Senado. La buena noticia es que al menos la discusión está servida y la Convención Constitucional muestra avances.

Esta brevísima descripción del estado de la política muestra la gran dificultad de cumplir el requisito que recurrentemente me dice un académico y amigo cercano: “hay que buscar darle coherencia cognitiva a las cosas”. Son muchas las dificultades para ello porque pareciera que todo ha pasado a estar en revisión: el sistema político, las alianzas, el sentido de la gobernanza, los derechos sociales, las cuestiones de género, la sustentabilidad y el medio ambiente y un largo etcétera. El filósofo René Descartes en su duda metódica hizo el ejercicio de cuestionarlo todo, pero viendo que no podía vivir en la incertidumbre más absoluta se “construyó” una moral provisional, el soporte principal en esta moral era actuar conforme lo haría el hombre prudente, esto es, no solo con previsión, sino con sagacidad y cordura. ¿Será la prudencia, en este sentido amplio, lo que se impondrá en los meses que vienen?, todo está por verse en el espinoso berenjenal en que estamos.

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