Elección presidencial. Más interrogantes que certezas

por La Nueva Mirada

¿Cree usted en las encuestas? La mayoría de los candidatos (sobre todo aquellos que no figuran en las primeras posiciones), le diría que no, pero todos actúan según sus dictados.  Hay buenas razones para desconfiar de sus predicciones. La principal es que se han equivocado la mayoría de las veces. En Chile y en el mundo. Y no pocas veces, de manera grosera. Es cuestión de revisar las de la anterior elección presidencial, o las de las primarias recientes que daban como favorito a Joaquín Lavín en la derecha y a Daniel Jadue en el pacto de la izquierda.

¿Sabia usted que la mayoría de las encuestas que se conocen no son de carácter presencial y que un altísimo porcentaje de personas que no contestan? Es muy complejo realizar encuestas confiables en tiempos de pandemia. Con un universo electoral indeterminado. Sin saber cuan representativo de su grupo etario o socio económico puede ser quien accede a responder. Y es claro que hay encuestas y encuestas. Algunas bastante independientes y otras no tanto.

Es muy relevante saber cuántos y quienes votarán. Tradicionalmente el porcentaje de participación del ABC 1 es muy superior a los demás estratos sociales. En el barrio alto la tendencia histórica de participación supera el 60 %, mientras en muchas comunas populares bordea el 20 %. Votan mas adultos mayores que jóvenes menores de treinta años. Generalmente no acuden los grupos anti sistémicos, por muy activos que sean en las protestas y movilizaciones. Y ciertamente todos estos factores influyen en los resultados.

El problema es que, pese a no tener un carácter predictivo, las encuestas contribuyen a formar opinión. La inmensa mayoría del país estaría dispuesto a apostar que José Antonio Kast(JAK) y Gabriel Boric pasarán a segunda vuelta, aunque difieren en el orden de llegada y esto no es un detalle menor.

¿Se puede descartar que el resultado de primera vuelta sorprenda, contrariando las predicciones? Ciertamente parece muy improbable que instalen a Eduardo Artés o Franco Parisi en segunda vuelta. Y menos que ella tenga como protagonistas a los dos candidatos de la derecha, como ha insinuado Sichel. Pero otras hipotéticas circunstancias no tanto. Desde que ambos postulantes de la derecha se anulen entre sí, permitiendo que Yasna Provoste se instale en segunda ronda, hasta que Boric alcance una ventaja insuperable el domingo 21. A fin de cuentas, las elecciones se ganan con votos y no con encuestas. Entonces, nuevamente, será la hora en que las empresas encuestadores vuelvan a dar explicaciones.

¿Incidirá el ultimo foro televisivo?

Existen hechos imprevistos que pueden cambiar el rumbo de una elección. Como errores no forzados de algunos de los candidatos o de sus coaliciones (la ultima etapa de la campaña está plagado de ellos). O un mal desempeño en un foro televisivo, como ha sido el caso de JAK en el último debate organizado por ANATEL.

Se podría abundar en sus errores, inseguridades, torpezas y falta de solvencia en una diversidad de ámbitos aparentemente relevantes para cualquier candidato, que lo evidenciaron desmejorado y frágil ante el hasta entonces muy vapuleado Sebastián Sichel.

Con todo, es muy incierto que, a menos de una semana de las elecciones, un foro televisivo pueda cambiar abruptamente las tendencias acumuladas. Se dice que John F. Kennedy inclinó la elección presidencial a su favor en el último debate con Richard Nixon, pero aquello puede ser parte de la mitología política. Y obviamente no se puede comparar a Sichel con Kennedy, o a Nixon con JAK.

Si aquello fuera posible, se podría incluso especular con que Sebastián Sichel desplace a JAK para instalarse en segunda vuelta, aunque muchos parlamentarios de la derecha que cruzaran la calzada apostando por él no tengan la posibilidad de dar la vuelta atrás. ¿Cuánto cambiará el electorado de derecha que observa con aprehensión las precarias propuestas programáticas de JAK?

Los escenarios de segunda vuelta

Más que especular con los resultados que se conocerán el domingo, tiene algún sentido analizar los distintos escenarios que pueden generarse desde esa noche.  Todo apuntaría a que Gabriel Boric tiene asegurado su paso a segunda ronda, persistiendo la interrogante si alcanzará la primera mayoría, que otorga mayor legitimidad para entrar como favorito a la votación definitiva, y a quién deberá enfrentar. Si a JAK, Sebastián Sichel o Yasna Provoste. Y estos escenarios parecieran muy distintos.

Boric y JAK

Sería una elección fuertemente polarizada y áspera entre el postulante de la ultraderecha y el candidato de la izquierda, en donde JAK explotaría el recurso del miedo a las incertidumbres, agitando los fantasmas de Venezuela, Cuba y Nicaragua, con un discurso a favor del orden.

La interrogante adicional es si JAK cohesionará a toda la derecha después de las crudas descalificaciones con Sichel, aunque por historia y tradición en la derecha haya prevalecido el pragmatismo ante una amenaza izquierdista.

En esa disyuntiva a la centroizquierda, incluida la DC, no le quedaría otra opción que apoyar a Boric. Quizá una señal anticipatoria de ese sendero ya lo marcó Genaro Arriagada, a quién nadie de su sector podría calificar de izquierdista.

Otra cosa muy distinta es que, teniendo a la vista los resultados de la elección parlamentaria, los sectores de la actual oposición trabajen un pacto de gobernabilidad futura del país, sobre la base de ciertos compromisos programáticos comunes.

Boric y Sichel

Si Sebastián Sichel lograra la hipotética hazaña de desplazar a JAK e instalarse en la segunda vuelta, la polarización puede ser menor y su posibilidad de captar votos moderados o de centro mayor, pero es muy difícil que Sichel, que representa el continuismo del actual gobierno, pueda ganar la elección presidencial. Debe cargar con la pesada herencia que deja Sebastián Piñera, con una coalición partidaria fuertemente dividida y erosionada.

No deja de ser curiosa la trayectoria de Sichel tras ganar las primarias de su sector. En menos de 100 días, su candidatura parecía desfondada y varios parlamentarios de su sector decidieron apoyar al postulante de la ultraderecha. Es verdad que pareció repuntar tras el último debate televisivo y el mejor diseño de su franja electoral, pero continúa siendo dudoso que consiga desplazar a JAK que se identifica con la derecha más pura y genuina de la postdictadura.

Boric y Provoste

En la eventualidad que Yasna Provoste desplazara a los dos candidatos de la derecha, anulados entre sí, el escenario cambia radicalmente. Sería más que desafiante para la centroizquierda y, especialmente para los componentes de Apruebo Dignidad.

Yasna Provoste, más allá de algunas tensiones acentuadas con la postulación de Boric,  no está en condiciones de convertirse en la gran esperanza de la derecha para impedir el triunfo de la izquierda, como especulan algunos interesados analistas asumiéndola como el mal menor. No puede abandonar su opción programática por los cambios, aunque se reinstale el fantasma del anticomunismo, favorecido por propias torpezas de algunos voceros del PC, como ocurrió con la polémica por la situación de Nicaragua y el fraude electoral de Ortega.

No es sostenible que Gabriel Boric represente una alternativa de cambios sin orden, ni tampoco que Yasna Provoste encarne una propuesta neoliberal, o que los integrantes de la ex Concertación favorezcan la consolidación del actual modelo económico defendido por la derecha y el gobierno de Piñera,

 Tal como lo afirmara recientemente Gabriel Boric, tanto la centro izquierda como la izquierda se necesitan mutuamente para asegurar la gobernabilidad futura y viabilizar un proceso da cambios que han comprometido en sus respectivos programas de gobierno. Ni uno ni otra contarán con mayorías parlamentarias y deberán avanzar en un pacto de gobernabilidad, como el que ha insinuado Boric (que no es lo mismo que un pacto de gobierno). Y es mas que evidente que el próximo gobierno asumirá un pesado legado y deberá construir con una amplia mayoría social y política para hacer avanzar los cambios y respaldar el proceso constituyente.

Ello obliga a regular la legitima competencia por liderar el proceso de cambios que una mayoría del país demanda, con un marco programático común, sin pisar la trampa fácil de la demonización y las descalificaciones mutuas.

En definitiva, más allá de los ineludibles cálculos electorales, el desafío mayúsculo se instala entre las opciones de restauración del actual orden neoliberal , con un ingrediente autoritario, como el que agrega José Antonio Kast, o un proceso de cambios, con orden, solvencia y responsabilidad. como los que postulan, con diversos énfasis y matices, Gabriel Boric y Yasna Provoste.

Ha llegado la hora de que se pronuncien los ciudadanos a través del voto en una coyuntura más que compleja, como ocurre en la mayor parte del continente y el planeta. Cualquiera sea el resultado, estas elecciones marcarán un antes y un después para el país.

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