En un mes más ¿Apruebo o Rechazo? Por Marcelo Contreras N.

por La Nueva Mirada

Exactamente en un mes deberemos marcar Apruebo o Rechazo. Sin alternativas o terceras vías. Aunque buena parte de los electores, por muy distintas razones, lo harán con algunas reservas, esperando correcciones o precisiones. Y desde la misma Moneda se han creado expectativas de precisiones sobre ellas antes del 4 de septiembre.

Se trata de una percepción generalizada, casi obvia y repetida majaderamente. Con una buena cuota de especulaciones y en medio de una fluida difusión de fake news, donde los defensores del Rechazo marcan los récords.

Que discrepancias la hay en ambos sectores resulta evidente. Cómo no advertir las más notorias en el caso de José Antonio Kast y los republicanos, que de imponerse el Rechazo sostienen no existe más opción que la Constitución de 1980, en su versión reformada, que lleva la firme del expresidente Lagos. Otros más pragmáticos en esa banda diestra admitirían cambios más bien cosméticos, como los ya enumerados en aquel decálogo de UDI, RN y Evópoli.

El ruido mediático de rechazar para reformar se ha delegado especialmente al margen de los arrepentidos, provenientes la disidencia ex concertacionista y “amarillos”, que se manifiestan abiertos a la continuidad del proceso constituyente.

Así los partidarios a ultranza del Apruebo o del Rechazo, sin mayores correcciones, parecieran ser minoría ante la expectativa de una nueva Constitución que concite una efectiva mayoría ciudadana.

Las ventajas del Apruebo

La diferencia esencial entre ambos sectores pareciera radicar en cuál es la mejor opción para lograr el perfeccionamiento de la propuesta de nueva Constitución. Y allí, ciertamente, reside la ventaja del Apruebo, al garantizar la continuidad del proceso constituyente, que necesariamente deberá pasar por una implementación, en donde el parlamento jugará un rol protagónico. Esa es la conveniencia explicitada en la segunda declaración del expresidente Lagos.

Si a ello se suma un compromiso político – instado por el presidente Boric y acogido por los partidos que apoyan su gestión – para precisar, antes del plebiscito, aquellas materias que debieran ser modificadas del actual proyecto, crecen las garantías acerca de que el plebiscito representa un nuevo punto de partida para este proceso y avanzar en su perfeccionamiento.

En la opción por el Rechazo estas garantías son prácticamente inexistentes. En primer lugar, porque se volvería a fojas cero, sin claridad acerca de cómo continúa este proceso, generando mayor incertidumbre.

Y sobre todo porque no existen reales garantías que la derecha (no tan sólo los republicanos), estén disponibles para avanzar hacia un estado social y democrático de derechos, reconocer nuevos derechos sociales garantizados, la paridad de género, el reconocimiento de los pueblos originarios y sus derechos ancestrales, la protección del medio ambiente, los derechos de los trabajadores, el agua concebida como un bien público no negociable, o la regionalización. Temas que parecen concitar consensos ampliamente mayoritarios.

Los temas más controversiales en la propuesta de nueva constitución

Otros parecen ser los temas controversiales o debatibles. Como la posibilidad de reelección inmediata del presidente de la república, o que el parlamento puede tener iniciativas de ley en aquellas materias que impliquen gasto fiscal. La composición del consejo de la justicia y sus atribuciones. El tema de la consulta a los pueblos indígenas en todas aquellas materias que los afecten directamente (artículo 191). El de los derechos reproductivos. Y probablemente temas referidos al bicameralismo asimétrico, el rol de los partidos y el sistema electoral, asumiendo que le corresponderá al parlamento la tarea de implementar la nueva institucionalidad y dictar aquellas normas necesarias para viabilizar ese proceso.

Nada demasiado dramático o que implique desnaturalizar lo central de la propuesta de nueva constitución, sino perfeccionarla. Muy alejada del cataclismo que proclaman los impulsores de la campaña del terror. Las antiguas generaciones pueden recordar la campaña del terror desatada por la derecha en el plebiscito de 1988 frente a la posibilidad que Pinochet fuera derrotado en sus afanes de prolongarse por otros ocho años en el poder. O la misma campaña desatada en la contienda presidencial que llevó a Ricardo Lagos a la presidencia.

Nadie puede seriamente creer que el estado expropiará viviendas sociales. O que el país corre el riesgo de desmembramiento por el simple hecho de reconocer que en Chile cohabitan diversas naciones (aimaras, rapanui, mapuche, entre ellas), bajo un mismo estado, único e indivisible. O que una mujer puede ejercer su derecho a abortar hasta los nueve meses, lo que representa un verdadero agravio al género femenino.

Son muchas las falacias, inexactitudes o medias verdades, que se han tejido en torno a la propuesta emanada de la convención. Es cierto que durante el intenso proceso constituyente se cometieron errores, debatieron propuestas intrascendentes o estrambóticas y algunas muy radicalizadas o identitarias. No siempre primó el llamado sentido común y en algunas materias (las menos, en realidad) los convencionales se pasaron de estaciones. Con todo, en general, se impuso un consenso razonable y muy mayoritario para redactar una buena propuesta, como ha sido reconocido más allá de nuestras propias fronteras nacionales.

Los ciudadanos y las ciudadanas están convocado(a)s, de manera obligatoria, a pronunciarse el próximo 4 de septiembre. Y habla bien de la cultura cívica del país que la propuesta de nueva constitución se haya convertido en un best seller de ventas. Muestra el interés por emitir un voto informado. Así como la disposición de más de un 90 % de los encuestados para cumplir ese deber cívico. Es mucho lo que se juega en este plebiscito de salida. Nada más y nada menos que el futuro del país.

Lejos de ser “partisana”, como algunos la califican, es una buena propuesta, infinitamente mejor que la actual institucionalidad y perfectible en su proceso de implementación. El Rechazo representa la incertidumbre.

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