La Casa Común. Por Mario Valdivia V.

por La Nueva Mirada

Un poco bucólica la metáfora. Pero, más que nada, como que se me resbala. ¿La CASA común, o la casa COMÚN?, ¿qué se acentúa? Me parece que COMÚN, como ocurre con los adjetivos, que opacan a menudo a los sustantivos. Los afanes democráticos priman sobre las preocupaciones arquitectónicas. Sufre la firmeza, la solidez. Le pasa a la democracia a veces que se deja llevar por posibilidades con poca sustancia. 

La firmeza ante embates externos presentes y claros, como ha enseñado a pensar Hollywood. Geopolíticos, para calificarlos con delicadeza. Cercanos y liosos, lejanos y profundos. Negociaciones a medio camino, límites fronterizos sin definir, migraciones, apoyos en guerras ajenas y lejanas a grandes poderes cercanos. Y recuerdo, sin afán de ofender, la licitación de la tecnología 5G, la revocación del contrato de los pasaportes… Debilidades de la casa… 

La solidez ante embates económicos, también. Una fuente de poder feroz e indolente la “economía global”, las instituciones y los capitales que la manejan. Sin compasión. No democrática. No pide opiniones. Obliga a tener ministros que no calzan del todo, pero aploman. Y banqueros centrales autónomos de la autonomía del estado nacional democrático. Agacha el moño o sé pobre, amenaza el poder económico global… Debilidades de la casa… 

Firmeza interior, por supuesto. Para resistir los vientos, las lluvias y los terremotos, la arquitectura necesita firmeza estructural. Interior. Los dejos bucólicos de la Casa Común constituyen un problema. Son tiempos de poderes, éstos, no de pastores.

¿Cuál es el fundamento de la firmeza interior de la casa común, el poder que la aploma? ¿Basta con un tibio apoyo común?

Por ahí pienso que puede estar la confusión que muestran las encuestas, si estas valen algo.  Consecuencia, quizás, de un pensar un poco insustancial.       

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