La derecha se desfonda… A rey muerto… ¿Kast o Provoste?

por La Nueva Mirada

Los partidos de Chile Vamos están más que inquietos. Y con razón. Sebastián Sichel no da pie en bola y la campaña se hunde en un pantano. Las dirigencias del oficialismo protagonizan un proceso de afiebradas consultas y alterados debates en torno a una hipotética operación de salvataje de una candidatura en franco deterioro.  

Ahora fueron el senador de la UDI, Claudio Alvarado, y los diputados Cristian Labbé, Iván Norambuena y Sergio Bobadilla, quienes anunciaron su apoyo a José Antonio Kast(JAK). Una opción que atraviesa transversalmente a los partidos que habían proclamado a Sichel, a sectores empresariales y ronda también en círculos de gobierno, pese sus riesgos más que evidentes. No tan solo significa regalarle anticipadamente la elección a Gabriel Boric, como afirmara el diputado Undurraga, sino alinearse con el candidato de una ultraderecha inviable y en tránsito a una nueva debacle electoral.

Las dirigencias partidarias del oficialismo protagonizan un proceso de afiebradas consultas y alterados debates en torno a una hipotética operación de salvataje de la candidatura oficialista en franco deterioro. Sichel ha tomado demasiadas decisiones equivocadas, sin consultar a los partidos que lo apoyan. Se cuestiona su desesperado intento por marcar diferencias con JAK en la franja televisiva, en lugar de centrarse en Boric. Se le imputa incapacidad para hablarle al electorado indeciso, careciendo de un discurso consistente y propositivo.  Todo se percibe con mayor dramatismo por su cuarto lugar en las encuestas (casi igualado por el aventurero Franco Parisi) a escasas tres semanas de la primera vuelta presidencial.

En medio de una tormenta interna en los partidos que lo proclamaron su abanderado, tras las muy celebradas primarias que enterraron las opciones de Lavín, Desbordes y Briones, declaró una dramática libertad de acción para las filas partidarias ya convulsionadas por crecientes descuelgues que apuestan al favoritismo de JAK en las encuestas.

Con la vista puesta en las encuestas (pese a su evidente desprestigio) los votantes del acosado oficialismo experimentan los efectos de cálculos y especulaciones sobre el resultado final de la contienda presidencial. Así es como se instala la alternativa – inicialmente muy soterrada en círculos empresariales y ahora más extendida en votantes históricos de la derecha – de inclinar la opción electoral hacia Yasna Provoste en primera vuelta, como la única posibilidad de parar al candidato del Frente Amplio y el PC, que tendría asegurado su paso a segunda ronda.

El grupo disidente de la falange, liderado por Gutenberg Martínez, ya dio el primer paso, anunciando que apoyará a Provoste. Y no es descartable que otros ex DC, como Mariana Aylwin que hoy apoyan a Sichel, decidan seguir el ejemplo, en el caso que la derecha mayoritariamente se incline por la opción de JAK.

Ciertamente la llamada derecha social – que suma a liderazgos como los Mario Desbordes, Paulina Núñez o el propio senador José Manuel Ossandón – toma abierta distancia del abanderado de la ultraderecha y puede apostar también por “el mal menor”.

Bastante más difícil lo tienen la UDI y los sectores más duros de Renovación Nacional, que ven en JAK a un integrante originario del sector que históricamente han liderado, eludiendo los escrúpulos que lo distancian del nacionalista en sus posturas más extremas, asociadas a la incómoda y también eludida herencia de la dictadura.  Así todo apunta a una fractura entre quienes apuestan a morir con las botas puestas, apoyando la agonizante postulación de Sichel, con la clara decisión de volcarse hacia JAK en segunda vuelta, y aquellos sectores abiertos a considerar otras alternativas,

Los grandes empresarios son bastante mas pragmáticos. Mayoritariamente asumen que JAK no tiene posibilidades de ganarla a Gabriel Boric en una segunda vuelta. Y aunque lograra la hazaña, el país sería algo ingobernable. Siempre con la teoría del mal menor, consideran que un gobierno presidido por Yasna Provoste daría mayores garantías de gobernabilidad y no seria tan conflictivo con el mercado.

Probablemente es demasiado tarde para una rectificación, pero claramente los votantes de la derecha se verán enfrentados a una compleja alternativa al momento de concurrir a las urnas el próximo 21 de noviembre: votar por el candidato que representa sus ideas, sabiendo que no tiene posibilidades de ganar, u optar por el mal menor, votando por Yasna Provoste, como la única opción capaz de derrotar a Boric.

El impacto del desastre de la derecha en las opciones de Boric y Provoste

Es una alternativa compleja, que no deja de inquietar al candidato de la izquierda. Ciertamente menor que la eventualidad de un triunfo de JAK, pero un riesgo que no se puede desconsiderar. Hasta ahora Gabriel Boric no ha cometido grandes errores en su campaña, excepto por aquellas cifras económicas erradas(sobre difundidas por los poderosos medios comunicacionales de la derecha) y un programa que no acaba de afinar. Su piedra en el zapato ha sido la presencia del PC en su campaña y la “mala leche” o “errores no forzados” del alcalde Daniel Jadue después de ser derrotado en la primaria.

El escenario ya descrito que complica y confunde a la derecha (sin olvidar sus desastrosos resultados electorales en elecciones de convencionales y gobernadores regionales) puede favorecer y también confundir la opción de Provoste en una campaña aún bastante opacada por ausencias y vacíos acumulados en el complejo tránsito partidario de su postulación a La Moneda. A fin de cuentas, pareciera que no tiene mas alternativa que seguir el ejemplo de Eduardo Frei Montalva en 1964, cuando afirmara que no cambiaría una coma de su programa ni por un millón de votos. Y es compleja también para las directivas del PS-PRSD, PPD y Nuevo Trato, que han optado por honrar sus compromisos y apoyar a la candidata que se impuso en la consulta ciudadana, no sin costos internos.

Una segunda vuelta protagonizada por Gabriel Boric y Yasna Provoste sería una competencia por el cambio y la gobernabilidad futura del país.

 Con toda seguridad resurgirá la polémica por los últimos treinta años y el legado concertacionista. Un debate no zanjado y en donde existen manifiestas diferencias entre y al interior de la centroizquierda, el Frente Amplio y el PC.

Un polémico editorial del diario El País de Uruguay, se refería a la llamada “tragedia chilena”, afirmando  que en vez de reconocer el enorme y excepcional avance que Chile logro desde 1990, bajo gobiernos de centro izquierda en alternancia con otros de centro derecha, que permitió bajar su pobreza drásticamente, contener su inflación, invertir en infraestructura, abrir su economía al mundo y generar sectores de alta competitividad internacional, mejorar su histórica desigualdad social y sostener el gran ascenso económico de enormes clases medias que en estas décadas lograron acceder a bienes y servicios que jamás sus antepasados habían siquiera imaginado obtener, el país ha decidido tirar por la borda la experiencia social y económica más exitosa de su historia y la de mejores resultados en todo el continente”.Sin duda, un editorial demasiado complaciente, que omite errores, insuficiencias y vacíos, pero con un trasfondo de verdad, que muy pocos ex concertacionistas se atreven hoy a asumir.

Las elecciones son una batalla por el futuro. Que duda cabe. Pero como afirmara el ex presidente Lagos, no existe un mañana sin ayer. Y aún está pendiente un debate riguroso acerca de los últimos treinta años (en rigor de los últimos 50 años) y el legado concertacionista, en donde el país reconquistó la democracia y avanzó muy sustantivamente en su desarrollo económico y social, con estabilidad política y paz social.

Ciertamente no es necesario “refundar el país”, como señala Eduardo Artés. O cambiarle el nombre, los símbolos patrios o la canción nacional, como falsamente ha imputado la senadora Von Baer a integrantes de la Convención Constituyente (que simplemente no ha debatido estos temas).

Pero es más que evidente que el país necesita de una nueva Constitución, que no fue el fruto de la violencia sino de la movilización social y los acuerdos políticos del 15 de noviembre para viabilizar una democracia renovada y fortalecida. Y como se ha reiterado, de un nuevo modelo de desarrollo, amigable con el medio ambiente, más inclusivo, sustentable y sostenible, que reduzca la brecha de las desigualdades. Con derechos sociales garantizados, que incorporen un nuevo sistema previsional y un sistema universal de salud. Demandas fortalecidas y legitimadas con la irrupción de las movilizaciones ciudadanas que cambiaron el rumbo del acontecer nacional dejando en la esterilidad política al hoy agonizante gobierno de Sebastián Piñera. Así ganaron prioridad las postergadas demandas de igualdad de género , justicia tributaria y, en definitiva, un nuevo orden democrático que castigue los abusos, la corrupción sistémica instalada en los mandos uniformados y salde la deuda histórica con los derechos ancestrales de los pueblos originarios, responsabilidad eludida y acentuada con sus perversas consecuencias en los últimos años de la actual administración.

Con diferencias y matices, tanto la candidatura de Yasna Provoste como la de Gabriel Boric, representan propuestas de cambios sustantivos en esa dirección, tal como las alternativas de derecha representan el continuismo y regeneración del viejo orden neoliberal.

Si un sector de la derecha decide apoyar a Yasna Provoste, debe tener plena conciencia que la disputa es por el cambio y no la mantención o restauración de un sistema y un modelo a todas luces agotado. Las opciones de derecha no son simplemente viables. Para estos sectores, que hoy son una clara minoría, el mal menor sigue siendo una opción. Para una inmensa mayoría de los chilenos, el cambio es una necesidad y un derecho.

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