La “nueva política”, lo paranormal y la dura realidad. Por Luis Marcó

por La Nueva Mirada

La presentación de más de 23 mil patrocinios notariales para completar el mínimo requerido del candidato de la Lista del Pueblo, Diego Ancalao, ha generado toda clase de opiniones políticas, jurídicas y humorísticas por el inexcusable hecho que la notaría que respaldaba los documentos no funciona desde 2018 y el ex notario había fallecido a principios del año en curso. Ambas cosas pusieron una dificultad insalvable al trámite del candidato, aunque se desconocen las conexiones ultraterrenas que pudieron motivarlo. Un episodio tan surrealista merece al menos un vistazo, así que tomémonos de las manos haciendo un círculo e invoquemos a los espíritus.

Es sabido que el espiritismo tuvo gran apogeo hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX principalmente en una Europa asolada de sucesivos conflictos y enfermedades que generaron numerosas muertes prematuras. Las viudas anhelaban comunicarse con el esposo muerto en batalla, el hijo perdido tras una fulminante enfermedad o familiares que, a pesar de gozar de alarmante buena salud, terminaron enfrentando los rigores del destino y la belicosidad de su tiempo. En consecuencia, se invocaba al más allá desde un anhelo afectivo y quizás, en ocasiones, para saber dónde el finado había escondido la plata o que secreto se había llevado al otro lado.

Lo descrito anteriormente tiene una historia relativamente larga, por eso no es despreciable que la primera particularidad del caso Ancalao es que la invocación sea a un ex notario para que venga a ejercer de tal, es decir, con firma y timbre. Este hecho extraordinario, ni remotamente comparable a ocasiones anteriores que habían aparecido muertos en el padrón electoral, podría responder a que resultaba más barato el trámite exigido frente a los cobros de los notarios de cuerpo presente. No estaría demás poder comparar las tarifas notariales del plano atemporal con los de este lado. Otra explicación podría apuntar a que un notario del más allá tendría más autoridad al estar más cerca de Dios si ha llevado una vida acorde, pero siempre está el riesgo que te toque uno más diablillo, lo que hace a este segundo argumento más incierto.

Debo admitir que la explicación que ha dado Diego Ancalao a raíz de esto ha sido una gran desilusión. El candidato primero apunta a su total inocencia y se desvincula de su equipo de campaña. En segundo término aduce que podría haber infiltrados que digitaron la falsificación para perjudicarlo. Estas almas malignas vendrían de la UDI y se deduce que habrían diseñado esta operación a sabiendas que se conocería el fraude y no procedería la inscripción. En consecuencia, pasamos desde lo paranormal a un hecho vil y delictivo. Harto pobre la justificación viniendo de una persona que ha pasado por varios sucesos parecidos de falsificación de firmas. Como se suele decir podría haberse “currado” una tesis un poquitito mejor o al menos apelar a algo más interesante. Hay precedentes con notario que son más elaborados.

El reconocido pintor español, Salvador Dalí, hijo del notario de Figueres, gozó desde la más tierna infancia atormentando al padre, en especial por haberle puesto el mismo nombre que un hermano muerto. La pretensión del infante o infame Dalí era dominar a su progenitor y despojarlo de toda aura de autoridad doméstica. Es así, por ejemplo, que el señor notario incentivaba a su hijo a no mojar la cama a cambio de un espléndido triciclo, pero esto generó en el joven una dinámica diaria bastante curiosa. El niño Salvador empezó a amanecer seco, pero apenas entraba a la habitación el padre muy feliz por la noticia, el niño lenta y ceremonialmente orinaba su cama a la vista de todos. Muchos años más tarde Dalí perfeccionó su manipulación y lo denominó como el método “paranoico crítico” consistente en forzar la realidad a adaptarse a sus paranoias y visiones. Según relata el artista, la idea estaba inspirada en algunas teorías del famoso psiquiatra Jacques Lacan, por lo que al menos en esta historia había tanto un esfuerzo intelectual como un sufrido señor notario.

Más allá de lo anecdótico es interesante que las tensiones al interior de la Lista del Pueblo llevara a definir un método y una candidatura que anunciaban un desastre. La decisión de “bajar” a Cristian Cuevas como candidato presidencial fue claramente un gesto de resistencia a que un sector afín al Partido Comunista terminara capturando el movimiento social. Sin embargo, proponer tres posibles candidatos que se disputaran la opción solo por lograr la cantidad de patrocinios suficientes es algo inédito en política. No hubo una discusión programática ni propuestas respecto del futuro del país. La propia página web de Ancalao se basaba en un inobjetable personalismo: “Diego Ancalao, profesor, intelectual, líder indígena y académico –representante de ambos mundos, el mapuche y el chileno, integrando la cultura ancestral de las primeras naciones que habitaron Chile con la cultura del Chile mestizo contemporánea– hace un llamado a todos los ciudadanos y ciudadanas del país a apoyar con su firma la primera candidatura mapuche a la presidencia, de manera de incluir la cosmovisión, filosofía y liderazgo indígena en el debate presidencial…”.

Lo anterior hace difícil que la Lista del Pueblo salga del terreno de la impugnación y pueda proponer algo razonable, sin contar con los quiebres internos que se han ido sumando. La fórmula presidencial que diseñó este “referente” sin duda era un paso hacia un populismo desembozado y burdo. Por su parte, la recurrente apelación hacia las cosmovisiones indígenas comporta un romanticismo arcaico y pueril al presumir una supuesta armonía originaria, tanto con la naturaleza como entre comunidades; un pasado ideal que, aunque vende en cierto electorado, carece de fundamentación histórica y sentido de realidad. No es raro, entonces, que Ancalao se presentara a sí mismo como la síntesis del indigenismo y el mestizaje, un “atributo” auto explicativo: ser lo mejor de ambos mundos o, como la cosa es harto más básica, se traduciría en ser el más mejor”.

En España se dice coloquialmente que tal personaje es “un fantasma” indicando que es alguien vacuo, solo apariencia, algo engreído y poco más. De esos fantasmas abundan en todas partes, hasta en los candidatos presidenciales podemos identificar varios, pero parece ser que no es la tónica entre los notarios en su sentido más amplio. Como sea, después de este episodio que descendió desde lo paranormal a las firmas truchas quizás lo más destacable ha sido la diligencia del SERVEL no solo en aclarar el caso, sino también a despejar las dudas sobre los patrocinios de constituyentes independientes y la legitimidad de las firmas para la candidatura de Boric. Andrés Tagle, presidente del consejo directivo del SERVEL, ha sido claro en que en ambos casos la mayoría de las adhesiones han sido digitales y con clave única y las demás corresponden a distintas notarías.

Diputados de RN intentando pescar a río revuelto…Un tiro por la culata.

En una semana donde el proceso electoral y la propia constituyente parecían precipitarse hacia las dudas y cuestionamientos en medios de prensa y redes sociales, no es poca cosa que se despejara un asunto que apuntaba a vicios de origen. Por cierto, los parlamentarios antes de pedir “auditorías” a las firmas que avalan a los candidatos deberían informarse un poco mejor cómo funciona la institucionalidad electoral. De hecho, habría que preguntarse quién podría auditar una cosa así si no es la misma instancia electoral. La última semana dejó algunos espectáculos tristes donde faltó templanza y abundó la ansiedad y la histeria. Se hizo más evidente que circula uno que otro “fantasma”, en el sentido español, investido de parlamentario. Como sea ya podemos soltar las manos y abandonar el círculo, los notarios pueden descansar en paz mientras los “fantasmas” explican y se complican.

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