Las ideas no se encarcelan, pero la violencia sí, ¡cavernarios! Por Sergio Canals L

por La Nueva Mirada

Héctor Llaitul, comandante del brazo armado de la CAM, llama a “organizar la resistencia armada”, frente a la presencia militar (de la Armada) en la Araucanía. Y el excomandante en jefe de la Armada, Almirante (r)Miguel Ángel Vergara, llama a “estar preparados para saltar al abordaje” frente al “trastoque de valores” y fuerzas internas” que “amenazan de forma solapada el país”. (Mercurio 24/5). Los dos, llaman a la violencia a través del lenguaje de la violencia.

Solo en este olvidado embarcadero (…) reuniré el coraje para escuchar a mi corazón y desentrañar lo que sucedió contigo, conmigo, con nosotros”, en esta temporada de muerte y guerrilla cruel y aciaga, de araucarias y eucaliptos extranjeros. Solos en este tiempo de pobrezas y campamentos de fuego y arena. Donde las palabras ya no son “voladores de luces”, sino balas de carbón acerado. Los muertos, como los reflejos fugaces, mueren igualmente solos. Bajo la “luna azul” del poeta. Bajo una luna roja extranjera.

Nueve personas muertas en campamento de Alto Hospicio. Tres menores y un lactante. Un chileno y el resto migrantes ecuatorianos. Dirigentes y autoridades regionales hacen ver que habían pedido ayuda por situaciones similares anteriores y evitar que continúen. La respuesta sólo ha sido un manto de silencio ominoso y deshumanizador que persiste. Como noticia (nunca calificada de violencia), sólo duró uno o dos días en los medios. Después nadie dijo nada. El presidente tampoco. Diez mil familias en tomas ilegales, la mayoría sin servicios básicos. Un desafío humanitario.

En la macrozona sur, durante este año ya ocurrió la mitad de las muertes de personas mapuches y no mapuches registradas durante todo el año pasado. Violencia rural, como un macro desafío humanitario. Noticias violentas y diarias en los medios y la política.

¿Qué tienen en común estas realidades llenas de dolor y sufrimiento? La violencia:Abolición de la dimensión del prójimo y de la infinitud del sujeto”. Diferentes formas de violencia que llevan a la muerte: Una sistémica estructural, invisible y normalizada, a veces ideológica, politizada, y llena de “ceguera moral”. Pero hay otra, casi una violencia “pura” (sin ninguna forma de sentido), que es horrorosamente intencional. La violencia de la guerra. Una violencia “humana, demasiado humana”, donde se mata y, a veces, se tortura al otro.

Héctor Llaitul, el líder comandante del grupo guerrillero activo más poderoso de la Araucanía, llama sin tapujos a “levantarse en armas”. Frente a la muerte de uno de los suyos (¿en combate?), comenta que él, “era un buen guerrillero”.  Violencia simbólica del lenguaje. Mientras, el padre de la persona muerta habla sólo de la dolorosa pérdida de su “su hijo”. Violencia del amor gratuito.

La violencia revolucionaria (guerrillera), (es) la más alta manifestación de violencia por parte del hombre”. Violencia opaca. “Signo de la injusticia en el mundo”, que pertenece al “orden del acontecimiento”. Que viola la primera prohibición comunitaria. No matar al otro.

Una revolución violenta y mortal (…), sin “un amor profundo sublime y sagrado por la humanidad”, se transforma “sólo (en) un ruidoso crimen que destruye otro crimen”. Expresión profundamente equivocada de Robespierre, un día antes de ser guillotinado. Se refería, según el mismo, a un amor que incluye el “horror por las tiranías y la “compasión por los oprimidos”. Pero no alcanzó a ver que la presencia de “un amor profundo, sublime y sagrado por la humanidad”, rechaza cualquier forma de violencia criminal.

Zizek, filósofo psicoanalista, (del que proceden las citas de este texto en su profundo análisis sobre la violencia), después de haber citado, como recién leyeron, a Robespierre, reproduce al Che Guevara en el siguiente entretejido semántico y vital, que hace referencia a la necesidad del odio para encausar impulsar y encausar la violencia evolucionaria.

El odio es un factor de lucha, ese odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y le convierte en una máquina de matar efectiva, violenta, selectiva y fría. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo (considerado), brutal”.

¿Amor y odio unidos por la violencia? ¿El uno es parte imprescindible del otro? ¿Formación y destrucción como fuerzas ciegas e incontrolables? ¿El dualismo pulsional freudiano?

Zizek nos recuerda entonces la exigencia cristiana de “amar a nuestros enemigos, y luego al amor “paulino”: “El dominio de la pura violencia, el dominio fuera de la ley (poder legal), el dominio de la violencia que no se funda en la ley ni se sostiene en la ley”.

Volviendo finalmente a los inicios, sobre la violencia, el estado y la política, el gobierno no puede dar cabida a llegar a ser (o que se perciba) como una especie de “brazo político” permisivo de la CAM, o un complaciente “sepulturero” de los campamentos y los emigrantes. Menos un responsable (a veces ¿“cómplice”?), silencioso y pasivo de cualquier tipo de violencia.

Colaboraron, Zizek con “Sobre la violencia, Seis reflexiones marginales”; Elicura Chihuailaf con “Sueños de la Luna Azul”, y Jorge Volpi “Partes de guerra”

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