Para probar la consistencia de un argumento uno de los métodos de la lógica es extremarlo hasta llegar al absurdo, este ejercicio se da a veces naturalmente y ese parece ser el caso del debate de los 2/3 que ha echado mano incluso a argumentos inverosímiles. Si a eso se le agrega cierta solemnidad a la discusión la cosa comienza a ponerse sugestivamente ridícula.
Resulta algo triste que los bizantinos carguen con el estigma de las discusiones inútiles, considerando que éstas se han dado desde siempre y se seguirán produciendo mientras exista humanidad, pero habrá que concordar que si discutieron sobre el sexo de los ángeles y otras materias afines hicieron harto mérito para alcanzar una dudosa fama en el universo de absurdos intelectuales. ¿Qué tiene que ver esto con la discusión del quorum de 2/3 para aprobar los artículos de la nueva Constitución?, la verdad es que se tocan en dos planos: uno es que se trata de un problema esencialmente absurdo, cuestión por demás necesaria para catalogar una discusión de “bizantina”; el otro, menos tratado, es que adopta un aura de gravedad o solemnidad que amplifica lo estéril del debate y que puede imperceptiblemente llevar las cosas desde un ejercicio bizantino a una monumental pelotudez.

Profundizando en lo anterior es indudable que, cuando un sector de la Constituyente puso en discusión la legitimidad y pertinencia de mantener el quorum supra mayoritario saltó de inmediato la réplica que esto desconocía los acuerdos que motivaron la redacción de una nueva Constitución. El argumento lo llevó al extremo el profesor de derecho y constituyente, Agustín Squella, que muy alarmado advirtió que eso terminaría deslegitimando todo el trabajo de la Convención y que todos fueron electos a sabiendas de este compromiso. Un argumento cargado de sentido y solemnidad, pero con nula visión política, ya veremos las razones de eso.
En una escalada del debate varios llegaron a preguntarse si los 2/3 eran un reflejo de la Constitución del 80 y, en consecuencia, herencia del régimen militar. Al respecto no faltó la contra afirmación que indicaba que eran 2/3 distintos porque en este caso emanaban del acuerdo constitucional y no de la Constitución en vías de extinción. Todo esto no solo con la solemnidad correspondiente, sino con ceños fruncidos, casi con estreñimiento. Reconozco que todo esto me provoca sentimientos encontrados porque no sé si hay unos 2/3 que son buenos y otros no, pareciera que la genética y la génesis del quorum son muy importantes…curioso…perdón, ¿de qué sexo me dijo que eran los ángeles?
Para enredar un poco más la cosa aparece la mesa de la Convención Constituyente encabezando una maniobra que permite votar los reglamentos de la instancia por mayoría simple con el propósito de sancionar, sin demasiados contratiempos, los 2/3 que se aplicarán a la hora del debate de fondo. Tanto el abogado Bassa como Atria explicaron el sentido y validez de este ejercicio, mientras que los más puristas de la plaza pusieron las alarmas que se recurra a una leguleyada para ir sancionando la nueva Constitución, aunque la intención sea respetar el acuerdo original. En este caso se objeta que el fin no justifica los medios, llevando el problema no solo a las sesudas cuestiones de fondo sino también a las de forma.
Aquí ya es necesario hacer un paréntesis para no sucumbir en el intento de seguir el hilo de una discusión que pocos entienden en que va a terminar. Lo primero que llama la atención es que todo pareciera girar en referencia a cuestiones pasadas. Para unos se trata del acuerdo constitucional, para otros la réplica viene de la energía del estallido social, los menos miran la Constitución del 80. Pocos se preguntan cuál será el quorum que exigirá la nueva Constitución que es lo realmente importante. Hay varias razones para pensar que el futuro no será de 2/3 y no solo por un tema de carga histórica.
En lo fundamental, si en la propia Convención no existen fuerzas políticas ni alianzas estables que garanticen los 2/3 pareciera que el asunto no conviene a nadie. El estado de la política, pero especialmente el fin del binominal con la imposibilidad de replicar lo que se denominó el «partido del orden” lleva a pensar que un quorum tan absurdamente alto terminará socavando cualquier convivencia que se quiera empezar a construir. De la mano de lo anterior hay que entender que los 2/3 de la Constitución del 80 no “obligan” a llegar a acuerdos, sino que los impone. Más aún si venía combinado con dos o tres cosas como fue la figura de los senadores designados, el binominal que castigaba a partidos pequeños e independientes y, por último, el rol pervertidor de las decisiones de mayoría que ha jugado el Tribunal Constitucional los últimos años. En buenas cuentas, el quorum de 2/3 no asegura mayor estabilidad ni estimula acuerdos.

Llegados a este punto es perfectamente factible que se dé la siguiente paradoja: que quienes defienden los 2/3 para la discusión constitucional, terminen siendo fuertes defensores de mayorías menores para la futura Constitución. Esta hipótesis decantará con el resultado de la elección parlamentaria, pero es claro que hay varios sectores que son candidatos a darse una vuelta de carnero en unos meses más. Mientras, no deja de ser curioso que el único partido que ha sabido leer el problema es el PC encabezado por Marcos Barraza en la instancia Constituyente quien señaló, en una reciente entrevista en El Mostrador, que: “La norma de 2/3, yo creo que es una regla que fue perjudicial para deslegitimar el sistema político que está expirando…No sería sano, no sería prudente y no sería razonable que se traspasara a una nueva Constitución”. Quizás en esto los comunistas juegan con una ventaja al no haber firmado el acuerdo constitucional y, por tanto, no sentirse anclados en los bordes del mismo; en particular donde los 2/3 siguen apareciendo como requisito fundamental, aunque no tengan ninguna importancia práctica.
En estas líneas hemos hablado de las discusiones inútiles y cómo se potencian cuando se les agrega cierta solemnidad. Es posible agregar un tercer elemento: el precio del orgullo. En este sentido no es descartable que la derecha se aferre tanto a los 2/3 que estire el tema hasta el delirio comunicacional, una cuestión posible porque se le adjudica una carga simbólica que el sector asocia a estabilidad, aunque la mayoría puede pensar que fue un estancamiento y causa de no haber avanzado en reformas sociales a tiempo. No entremos en este terreno mejor, tal vez sea recomendable leer parte del extenso capítulo que Santo Tomás de Aquino dedica a los ángeles en la Suma Teológica, en especial aquel que indaga si el ángel se conoce o no se conoce a sí mismo y si puede conocer a otros…un buen tema para discutir con familiares y amigos, siempre y cuando lo condimenten con una cuota de solemnidad.