Nueva mesa Constituyente, habemus Papa. Por Luis Marcó

por La Nueva Mirada

No hubo fumata blanca para anunciar la elección de la nueva directiva de la Convención Constitucional, ni tampoco negra en las ocho votaciones previas en que se cayeron sucesivos nombres y el consenso brilló por su ausencia, quizás simplemente porque no había fumata por ningún lado en las dependencias del ex Congreso Nacional. Hago esta referencia porque se insistió mucho que el sistema de votación de la mesa de la Convención había sido inspirado en los cónclaves papales, aunque uno no sabe muy bien cómo se “cocinan” las votaciones al interior de la instancia vaticana o si efectivamente es el Espíritu Santo, como dicen, el que aterriza el asunto. Aquí, al parecer, no opera ni lo uno ni lo otro, las “cocinas” son vilipendiadas en la nueva política y del Espíritu Santo mejor ni hablar en cuestiones tan terrenales y pedestres. ¿Qué tiene entonces de sistema papal lo importado a Chile?, veremos.

En una intervención no muy afortunada el exvicepresidente Jaime Bassa trató de explicar el modelo de elección aduciendo que esto era “democracia real”, al parecer porque tiene la gracia de no tener el resultado medianamente zanjado a la hora de votar. Se trataría entonces de un cabildeo entre votación y votación a la vista de los pares, pero suena un poco a la serie el Juego del Calamar donde cada grupito compite con los otros. Como sea, Bassa avanzó su argumentación sentenciando que este tipo de discusión ocurre “aunque a algunos les cueste comprenderlo”. Como era de esperar hubo réplica y curiosamente vino de un convencional moderado, como Agustín Squella, quien no pudo dejar de recordar que la alusión a la democracia real la incubó Hitler y que muchas dictaduras del siglo XX se autodenominaban “democracia” con algún tipo de apellido.

Fuera del impasse señalado escuché también a Juan Pablo Hermosilla celebrar el sistema “papal” argumentando que aquí había una “democracia deliberativa”, a la que no estamos acostumbrados en nuestra tradición política, pero es un modelo descrito por Thomas Jefferson en la naciente y arquetípica democracia estadounidense. Frente a todo esto debo admitir mi desorientación: ¿Cómo se parte de un paradigma Vaticano, se pasa a las feroces dictaduras del pasado siglo y terminamos aplaudiendo la democracia americana?

Ante discrepancias tan radicales solo cabe concluir que el asunto es de suyo espinoso. Y eso que esa incipiente discusión estaba centrada solo en el modelo de votación, ni hablar de lo que ocurrió en la misma. Así, de buenas a primeras, con el modelo papal en curso, uno podía pensar que Benito Baranda era número puesto para la Presidencia o Vicepresidencia de la instancia Constituyente, que menos después de tantos años representando al Hogar de Cristo. Sin embargo, su antigua cercanía con el cura Poblete terminó provocando la censura de algunos sectores feministas que le imputan o sospechan que sería parte de un silencio ominoso frente a los abusos cometidos por el fenecido sacerdote. Al parecer son tiempos difíciles incluso para quienes podían aspirar a “hombres buenos”…aunque un sagaz político hace algunos años me confidenciaba que “para ser hombre bueno generalmente hay que haber sido muy malo”, lo que implica que para llegar a eso hay que ser también viejo.

En fin, quizás lo relevante es que la entrada y salida de nombres, en una maratónica y estéril primera jornada, demostró que las intrigas no están fuera de esta democracia real, deliberativa o como quiera motejarse. El resultado final fue todo menos obvio, con dos independientes liderando la mesa y un PC que celebró la exclusión de la testera de su socio frenteamplista y de paso de los socialistas. Y esta celebración no habría sido desde el banquillo, ya que se indica que habría sido Marcos Barraza el que abrochó el voto decisivo para la presidencia con un convencional de Renovación Nacional, haciendo carne aquello de que “la izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”. No faltarán los suspicaces que ven en esto una señal de lo que se le viene al nuevo gobierno, pero en última instancia este puede persistir en el modelo papal, aunque tomando en consideración que hay muchas variantes y experiencias de cuidado.

El famoso historiador Jacob Burckhardt describe varios pasajes del papado durante el Renacimiento que sintetizan, tanto las intrigas de los príncipes italianos como los perniciosos efectos del nepotismo en la estructura eclesiástica, esto último pretendiendo con hacer hereditario el papado. Dicho aquello resulta evidente que los conclaves no se caracterizaban precisamente por las confianzas y muchas veces estaban influenciados por disputas y temores muy fundados.

Burckhardt destaca que Sixto IV fue capaz de conjurar feroz y duramente las intrigas externas, pero estuvo muy cerca de sucumbir ante las ambiciones del cardenal Pietro Riario, quien falleció oportunamente antes de instalarse a la cabeza de la Iglesia. Algo similar ocurrió con el Papa Alejandro VI, cuyo hijo, César Borgia conspiró y liquidó a tantos obispos y cardenales que su propio padre vivía con temor. El historiador termina preguntando ¿Y qué hubiera hecho el César en el momento en que murió su padre, de no haber estado él mismo enfermo gravemente? ¡Y que Cónclave habría sido el suyo…se hubiera hecho elegir papa por un Colegio cardenalicio convenientemente reducido por el veneno! Compleja cosa que advierte que no hay peor astilla que la del mismo palo y que hay que tener ojito con los famosos cónclaves.

Por lo anterior, tiendo a pensar que lo del modelo papal en la Constituyente es solo una referencia al estilo de votación, ya que éstas se dan en varias etapas y con nominaciones abiertas. Si eso es un sistema particularmente deliberativo cuesta entender que se le considere como un aporte para la democracia, en especial cuando se trata de cargos que durarán seis meses y no toda una vida como el papado. Por cierto, hay que recordar que la estructura eclesiástica es jerárquica y no exactamente democrática.

Lo que si demostró la deliberación en nuestro caso local es que sincera las pugnas de poder y que éstas pueden llegar a tal punto que las fuerzas políticas se anulan y terminan ganando “independientes”, algo así como las tablas en ajedrez. Por supuesto que el triunfo de María Elisa Quinteros y Gaspar Domínguez no tiene nada de malo, por el contrario, desde la óptica de personas con vocación de servicio público pueden ser un buen y gran aporte. La tarea no es fácil, con una fragmentación política evidente, el desafío de la Convención será concordar un resultado en tiempos muy acotados. ¿Será posible?…Dios dirá.

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