Han afirma que “La gente se calla con comida gratis y juegos espectaculares”. La renta básica (consumo) y juegos de ordenador (político- económicos y violentos), “serán la versión moderna de pan y circenses”. Juegos. En la serie “el Juego del Calamar”, la ambición y la supervivencia deshumanizan. En Chile, el juego del camaleón.
El juego de la verdad y la mentira para salvar la vida a costa de los demás. Se parecen. ¿Cuánto vale la verdad? ¿Cuánto vale la mentira? ¿Su tasa de interés? ¿Su tasa de retorno? ¿Su nivel de corrupción? ¿Su grado de poder? La verdad y la mentira cambian de colores, “según la ocasión”.
Para el camaleón es un mecanismo evolutivo de defensa y ataque. En muchas personas también. Este juego se alimenta de la esperanza de los otros. La esperanza, sin reflexión crítica, sólo es un sueño inalcanzable, o una cuestión de fe (lo qué no es menos). La cuestión, es que muchas veces parece sólo ser esperanza y fe en el dinero o los negocios. El presidente (y su mejor amigo, empresario) acusados por la fiscalía, y él, en camino de una acusación constitucional. Los políticos y las instituciones también cambian de color, según la ocasión. Para alcanzar y mantener el poder. Chile acusado. Chile violentado. Chile negociado.
Chile en una guerra “blanda” y silenciosa entre el cambio y la resistencia desesperada al cambio. Chile parece “límite”. Chile con un “yo débil” angustiado e impulsivo. Fácilmente agresivo. Chile con una difusión de identidad, ética y moral. La personalidad “límite” vive en la frontera. Entre la neurosis y la psicosis. Escindido. Allí no hay grises. Sólo se ama o se odia. Sólo hay buenos y malos. Un mecanismo de defensa para no perderse en los laberintos de una locura que facilita la violencia.

Para el agudo analista Pablo Ortuzar, “la degradación de las instituciones durante los últimos años ha sido tal, que ya resulta difícil calcular si vale la pena custodiar lo que queda salvándole el pellejo (¿al presidente?)”. Una columna del fin de semana repasa el “prontuario” de los negocios de la persona del presidente más allá de las fronteras de la ética. La ceguera moral describe la creencia absoluta de que hay territorios -como pueden ser los negocios-, que no están sujetos al discernimiento moral. Mejor sería hablar de cataratas morales. Las cataratas impiden una visión transparente. La realidad se vuelve progresivamente borrosa. Con una mirada de doble contorno. Finalmente, no hay anteojos que la corrijan. Se necesita cambiar el cristalino corrupto por un nuevo lente intraocular. De lo contrario, no queda más que la ceguera.

La violencia también conlleva una ceguera ética moral. En la macrozona sur coexisten una gran realidad pacífica con micro identidades (tendencia a actuar) de guerrillas que generan micro realidades violentas y de muerte. La realidad emerge permanentemente. Ceguera moral con el valor de la vida (y también de la naturaleza). Micro zonas de guerra. Ecocidios acompañados de eco suicidios. Sordera moral en la desaparición de la bondad. No se escucha el llamado a la paz. Soy el asesino de mi hermano. No existe la justicia ni el perdón.
En el Chile post pragmático del pan y circo y de la democracia en los límites, hace tiempo que se abandonó la política real. Sólo impera la política de los datos y la información sin sentido. De la imagen y la superficie informativa. De los “informatas” que aman los números(*) y desnaturalizan la esperanza. La esperanza pugna por no desaparecer en medio de los hechos y acontecimientos venideros.
El futuro se juega en medio de las elecciones y la convención. Radicado en el “poder de lo real”. Donde todo lo que se imagina “es” real. Aunque alguien dijo, que “fuera de la experiencia subjetiva, no hay nada, nada, absolutamente nada”. Y lo dijo, sin nada que dudar.
¿Será esto un hecho verdadero?
(*)Excurso final sobre la estupidez infinita y el silencio: “Partidos de Boric y Kast tendrán menos de un segundo diario en franja parlamentaria de TV”. Silencio. Mejor guardar silencio por los 50.000 muertos de la pandemia y todos los muertos por la violencia. “Lo sagrado está ligado al silencio. Nos hace escuchar”.
Necesitamos más minutos de silencio, en el juego del Chile real.